Opinión

Cincuenteando IV

Hasta los más falsos hemos tenido instantes, segundos, de esa sombra de esa luz que ilumina y que coloca en otro sitio.

Para Amy

Describía el atardecer de Punta Cometa. Repasaba los avistamientos de tantos cueros al aire y de tan refrescante belleza. Anotaba todo, al día siguiente me marcharía. Empezaba el canto de los brillos, el zumbido de los mosquitos. Se escuchaba la fuerza de las olas. Terminaba mis primeros párrafos cuando sonó una melodía tan lejana, nada parecido al reggae de la noche anterior. So far away. Doesn’t help to know, you’re just time away… no me ayuda saber que estás tan lejos… Paré. Pensé en ti; en el abuso a su corta vida.

Querida Amy:

“My dad come soon”, dijo eso y la piel se me erizó. La vi a los ojos y su mirada estaba perdida, extraviada, ausente. Siempre quiso que su padre la quisiera, que su novio la quisiera, que los demás la quisieran, pero lo que ella realmente quería era que la escucharan. No supimos cómo. Abrió su voz para sacar su ser. No sabía lo que lograría, lo que provocaría; las terribles cosas que dirían de ella. No sabía de multitudes, pero logró congregarlas. La amaron. La odiaron. No imaginó que como lobos se irían contra ella.

You know i’m no good. Te escuché sin conocer tu dolor. Tu voz me llevó a un lugar sublime, a ese sitio que alguna vez, en una entrevista, mencionó Roberto Bolaños: “… el éxtasis tal cual quema. Y alguien que lo siente durante un segundo y retorna a su mediocridad existencial es evidente que no se ha metido en él. Porque el éxtasis es terrible, es abrir los ojos ante algo difícil de nombrar y difícil de soportar”. Tu fuiste tocada por el éxtasis; allí te quedaste. Cuando logré verte, apenas te sostenías. Los lobos te devoraban lentamente. No soportaste, no pudiste, no supiste cómo librarte. Hasta los más falsos hemos tenido instantes de éxtasis, dice Bolaños. Te pensé en el fuego de Morrison, los imaginé incapaces de querer regresar a la decadencia. El éxtasis los quedó: “vamos nena, enciende mi fuego”. Apenas logramos gozarte un poco, apenas tuvimos tu voz extasiada para elevarnos un poco y salir de la mediocridad de nuestras vidas. Hasta los más falsos hemos tenido instantes, segundos, de esa sombra de esa luz que ilumina y que coloca en otro sitio.

Los medios te abrieron, te devoraron, te soltaron. Tú sólo querías cantar con tu voz de ángel lastimado.

Sólo grabaste dos discos. Los expertos dicen que alcanzaste amplios registros canoros, que entrabas y salías de ellos con la suavidad de una mariposa. Luego necesitaste los demonios para lograrlo: …I go back to black. Drogas, alcohol, depresión, tatuajes, bulimia, anorexia… carne de cañón. I died a hundred times, moriste cien veces en tan sólo 27 años. Yo sólo logré escucharte y conmoverme hasta las lágrimas, hasta lo insomne. Lograste sacar tu voz sin el mayor esfuerzo, sin embargo te desgarraste, mercaron contigo. Tú ya nos estás, Amy, pero ahora al escucharte, logras salvar mis momentos. Logras que tu fuego, por instantes, borre lo impuro, lo insano, lo inmundo. Apenas escucharte es elevarnos, apenas, un poco, pequeña Amy Jade, endemoniada Winehouse; fuiste honesta, ángel de fuego.

A just want to be honest, grabaste esa frase. Si tan sólo le hubieras cantado al mar. Él te habría escuchado desnuda, y jamás te habría hecho daño.

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