Culiacán

El Puente Cañedo

Y como digo, ya han pasado muchos años desde que lo reinaugurara el presidente Adolfo López Mateo como: “Puente Miguel Hidalgo”, pero mucha raza le sigue y le seguirá llamando “Puente Cañedo”.

Es increíble como en la raza culichi nos aferramos a nombrar edificios, sitios  o lugares con el nombre que los conocimos, y lo digo porque es común  seguir escuchando algunas cosas tales como: “Allá por La Canasta”, “ Cerca de La Caseta 4”, “ Sí, en Difocur”, “ A un costado de la Central vieja” o “pasando el puente Cañedo”, entre otras, y es que los culichis somos como dice la canción de Alberto Cortez que “lo que amamos lo consideramos nuestra propiedad” simón, nos aferramos a lo que conocemos y bueno, hablando de este último, es decir  El Puente Cañedo.

La verdad es que dicho puente, como podemos apreciar en muchísimas maravillosas fotos antiguas, fue toda una gran obra, tanto de arte como de servicio; sí señor, ya que no solo engalanaba los paisajes del río Tamazula y la ciudad, sino que permitió la comunicación de una manera pronta y expedita (que tal con la palabrita), con el poblado de Tierra Blanca, permitiendo a la vez el crecimiento de la ciudad hacia la parte norte.

La primera vez que conocí algo de la historia del puente, y que por cierto fue muy emocionante, fue  en la lectura del libro “Las viejas calles de Culiacán”, del licenciado Francisco Verdugo Fálquez, y un poco más adelante en una carta (aparece publicada en el mismo libro) firmada en Mazatlán por el ingeniero Manuel Bonilla, le precisa ciertos datos al autor, aclarándole además ciertas cosas sobre la construcción, entre otras le señaló que el puente Cañedo no se comenzó durante el gobierno del general Francisco Cañedo sino durante el mandato del ingeniero Mariano Martínez de Castro, y tenía razón Bonilla, ya que si ha existido en Sinaloa un gobernante modernizador y progresista este fue el ingeniero Mariano Martínez de Castro, ya que siempre estaba viendo hacia el futuro no solo de Culiacán sino de todo el estado de Sinaloa mientras que el general Cañedo estaba simplemente solazándose en el poder de que él era quien era y bueno, ni hablar, si lo era.

El caso es que en esa misma carta también le aclaró entre otras cosas que, en la cuestión de la construcción del puente, aunque el director de todo el teje y maneje de la obra fue el ingeniero George Stranahan, también por las meras pistolas del gobernador Martínez de Castro, el ingeniero Luis F. Molina metió su cuchara construyendo los arcos de mampostería para los cuales se valió de piedra traída a lomo de mula desde Mojolo.

Claro que en la carta Manuel Bonilla no lo dijo con esas palabras, pero bueno, así lo entendí yo.

El ingeniero George Stranahan llegó a Culichi City como el mero mero de la construcción del ferrocarril Southern Pacific of México, y es que el compa estaba más que calificado como uno de los técnicos más chipocludos en ese campo y fue ahí haciendo esa chamba donde lo pescó Martínez de Castro para que además del puente que hoy llamamos Puente Negro, también se aventara el otro puente y pos como el George ya estaba aquí y el gober le ofreció un buen billete, de volada se hizo la machaca.

Aunque no crean que todo fue de dulce y de Manteca, no para nada, también tuvo sus asegunes, porque según dicen las buenas y malas lenguas que esa onda de enjaretarle a la brava al arqui Molina al gringo pos como que nomás no le gustó nadita, pero tampoco dijo nada, al menos al Gober Martínez de Castro, pero sí, ya en el nuevo mandato de Cañedo, que fue cuando Molina terminó los arcos de mampostería y al observarlos el güero cuidadosamente así como no queriendo la cosa le mitoteó al inge Bonilla, el compa de la carta, en su español todo mocho diciéndole: “ Mire, mi amigo Bonilla, de acuerdo con mi experiencia que como usted sabe no es poca como constructor de puentes, le diré que son cientos de puentes pequeños y grandes que hay desde Nogales hasta Guaymas y de Guaymas a Guadalajara, y le aseguro que si la parte norte de los pilotes de este puente se construyera sobre pilotes forrados de acero, rellenos de roca y con estructura superior también de acero, en lugar de las mamposterías que hizo el ingeniero recomendado por el gobernador Martínez de Castro, saldría mucho más barato y se terminaría más pronto”.

Stranahan sabía que al decírselo a Bonilla éste de volada iría con el chisme al general Cañedo porque pos con él tenía comal y metate y simón, que Bonilla fue de corre, ve y dile con el general, poniéndole incluso algo de su cosecha, sobre lo que aseguraba el ingeniero gringo y órale pegó el chicle, así que a Molina no le quedó otra que recoger sus tiliches y pos ya no construyó los arcos que estaban proyectados para el lado norte, lado que se hizo como había sugerido Stranahan, sobre pilotes forrados de acero y roca.

Se quería que las estructuras del puente Cañedo que fueran parecidas a las del puente Negro, para que hicieran juego y para ello fueron a la Fundición de Sinaloa pero dicha empresa se declaró absolutamente incompetente para hacerlas y pos ni modo a buscar otra; por ello fue que en 1904, el ingeniero Bonilla asistió a una Exposición Mundial en San Luis Missouri y ahí observó que en el estante de Bélgica se mostraban al público unas estructuras de acero que muy bien podrían acomodarse al puente del que por cierto ya para entonces se rumoraba que se llamaría Puente Gral. Francisco Cañedo y no Ing. Mariano Martínez de Castro como se llamaba la calle, que por cierto sería lo más correcto, pero bueno allá ellos y su cuento.

El caso es que el ingeniero Manuel Bonilla, a nombre del gobernador Cañedo, habló con la empresa belga y duraron varios días en pláticas pero por angas o mangas no pudieron cerrar el trato y finalmente Stranahan, viendo que el tiempo se les iba encima y que los locales pues nomás no pelaban un chango a cachetadas decidió entrarle al quite y les dijo que no se preocuparan que si querían, él podía hablar y hacer el trato con la empresa que había hecho las estructuras para el ferrocarril Southern Pacific of México, y órale, así se hizo. Por lo pronto se determinó que el piso fuera de madera y a ello se enfocaron.

Pronto empezaron a llegar las piezas de las estructuras y como ya dije, todo ese menester fue por medio del ingeniero gringo. Por cierto, no se sabe a ciencia cierta ni a incierta en donde diablos se fabricaron las estructuras, pues ninguno de los tres implicados: Stranahan, Molina o Bonilla lo aclaró, o bien pudiera darse el caso de que a nadie de aquel entonces le interesara un comino ya que lo que se quería era que el puente ya funcionara, aunque claro que es seguro que los tres lo sabían y más Luis F. Molina que como arquitecto de la ciudad y despedido o cesado de esa chamba quería saber santo y seña de todo lo que pasaba con esa construcción, pero pues tampoco dijo nada, y ni modo.

Otro, llamémosle misterio, sobre esas bellas estructuras, es como es que tampoco se sabe a ciencia cierta en dónde demonios quedaron las piezas, aunque existen ciertas hipótesis, una de las cuales, y que es la más fuerte, es que después de que se cometiera el crimen y la infamia de ser derrumbado durante el gobierno del general Gabriel Leyva Velázquez, dizque para mejorarlo y en su lugar levantar este grotesco de carretera o pavimento que ahora tenemos y que es  llamado pomposamente “Puente Miguel Hidalgo”, piezas y tirantes quedaron tirados por un tiempo a ambos  lados del puente para luego ser vendidos a altos Hornos de Monterrey, ¿Quién los vendió?, pues eso si está en chino porque en la bola ni se supo.

Y como digo, ya han pasado muchos años desde que lo reinaugurara el presidente Adolfo López Mateo como: “Puente Miguel Hidalgo”, pero mucha raza le sigue y le seguirá llamando “Puente Cañedo”.

Mario Alvarado

Es escritor y cronista sinaloense. Es encargado del programa de narraciones de historias y leyendas del viejo y nuevo Culiacán el cuál tiene desarrollandose ya dos años en el Casino de la Cultura cada dos miércoles de 6:30 a 7:30 PM. Ha escrito varios libros, el último “Narraciones y Leyendas de Culiacán”, el cual reúne más de 30 de estas historias y vivencias de los culichis.

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