Justicia

Caso Sanalona | La muerte lleva uniforme de policía

Estas son las versiones del asesinato de dos jovencitas a manos de policías estatales el pasado 27 de enero en la sindicatura de Sanalona.

El operativo fue desastroso para el Comandante Niquel y el convoy de 30 policías estatales que seguían sus órdenes. Caótico, funesto. Las cosas en el Templete de la presa Sanalona acabaron mal esa madrugada del lunes 27 de enero de 2020.

Tan mal que ahora él está prófugo. Tan mal que uno de sus subordinados está detenido por el homicidio de las dos jovencitas originarias de Tamazula. Tan mal que tres agentes que iban con él también andan a salto de mata, huyendo.

Carlos Alberto “C”, el Comandante Niquel, llevaba 5 años en la Policía Estatal Preventiva y uno como coordinador del Grupo Elite de esa corporación.

En las vísperas de la tragedia y el lío en el que minutos después habría de adentrarse, él iba a la cabeza de cinco patrullas y un vehículo blindado “Storment”. Lo hacía como copiloto de la unidad 3626. Las otras patrullas eran la 3842, 3638, 3659 y la 3642.

Circulaban a la altura del poblado Carrizalejo. Ahí cuatro de las patrullas se adelantaron. El Comandante Niquel ordenó el operativo en el Templete de la presa Sanalona. Argumentó que se reportaban hombres armados en la zona. Atrás se quedó una unidad y el “Storment”, que ingresaron a Carrizalejo.

El Templete. Sanalona. Hombres armados. Medianoche… Allá lo esperaba la calamidad. Todo un drama por donde sea que se le quiera ver.

EL TEMPLETE Y EL CAOS

Las cuatro unidades encabezadas por el Comandante Niquel iniciaron el ascenso a la zona conocida como el Templete, en las inmediaciones de la presa Sanalona. Iban en fila. Las dos de atrás se hicieron a un costado y las del frente siguieron la marcha.

Eran entre las 00:30 y la 1:00 horas del lunes 27 de enero de 2020. Aún había gente en la zona, conviviendo.

El informe policial reportó que al llegar al Templete el conductor de un vehículo Honda Accord gris asumió una actitud evasiva, que con torretas y luces se le solicitó detenerse pero no atendió el llamado de los agentes.

Metros adelante, donde permanecen las patrullas 3638 y la 3642, el vehículo se escabulle entre las “móviles”.

Diferentes testimonios de los agentes estatales señalan que desde el carro compacto les efectuaron disparos. Incluso se ventiló que una de las puertas de la unidad se abrió y les tiraron. Ante esto, ellos repelieron la agresión.

Veintidós tiros dieron en el vehículo. Dos jovencitas estudiantes resultaron muertas: Andrea y Ana Carolina. Y el resultado también pegó en forma de escándalo para la Secretaría de Seguridad Pública del Gobierno de Sinaloa, cuyo titular, Cristóbal Castañeda Camarillo, acusó que las víctimas pertenecían a la delincuencia organizada.

El carro avanzó 155 metros en dirección al poblado. Sobre el asfalto dejó rastros de aceite. Allá se detuvo, de frente al “Storment” y la patrulla 3659 rezagados que llegaban en apoyo.

El caos había empezado para el Comandante Niquel y sus subordinados.

EL MONTAJE

Al Comandante Niquel se le acusa de encubrimiento. Según la Fiscalía General del Estado fue quien orquestó todo un montaje para simular una agresión de los cuatro jóvenes que viajaban en el Honda Accord (Dulce María y Julio César, el conductor, sobrevivieron). Incluso la versión oficial de la SSPE habla de un quinto pasajero. El Comandante Niquel tiene orden de captura.

¿Qué es el encubrimiento?

Alterar las evidencias, contaminar la escena para favorecer a sus compañeros.

Así, al Comandante Niquel se le atribuye haber ordenado:

  • Sembrar dos casquillos en el interior del vehículo.
  • La colocación de una pistola escuadra, con cartuchos útiles, en el monte.
  • La colocación de plomo en las manos de los cadáveres de las jovencitas.
  • La fabricación de un quinto tripulante en el vehículo Honda Accord.
  • Limpieza de armas disparadas en el hecho.
  • Y el invento de que el convoy de 30 policías estatales a su mando fue agredido por los jóvenes y ellos repelieron.

Tal vez el Comandante Niquel la tenga más fácil. Porque a Joel Noé “M”, uno de los policías acusados de disparar desde la patrulla 3638, se le acusa de homicidio calificado con ventaja en agravio de Andrea y Ana Carolina, homicidio calificado en grado de tentativa, abuso de autoridad y delitos cometidos por servidores públicos.

Actualmente permanece detenido a la espera del proceso penal en su contra.

LOS INVOLUCRADOS

Los policías estatales involucrados son Alfredo “D”, Ismael “A”, Luis Antonio “B” y Joel Noé “M”. Los tres primeros tienen orden de aprehensión en su contra por estos hechos. Ya no se reportaron a laborar en la Policía Estatal Preventiva.

Los cuatro llevaban una pistola y un arma larga a su cargo.

El agente Luis Antonio “B” aceptó haber firmado el informe policial homologado que se levantó esa madrugada. Dijo que él iba en la caja de la patrulla 3638 junto a tres compañeros y que en la cabina iban dos más. Se colocaron en tercera posición del convoy.

Aseguró que del Honda Accord sí les dispararon. Él apuntó a la llanta y respondió con su arma. Aceptó que nadie le dio la orden.

Alfredo “D” también ratificó el informe policial de ese día. Indicó haber visto el Honda Accord acelerar y esquivar las patrullas. Luego oyó tiros y disparó en dos ocasiones. Resaltó haber visto a un hombre salir del vehículo y correr al monte, el famoso quinto pasajero.

Ismael “A” y Joel Noé “M” también ratificaron lo asentado en el informe policial. Todo lo que en su momento autorizó el Comandante Niquel.

QUIÉN TIRÓ, QUIÉN NO

Fueron 22 los impactos de bala que recibió el Honda Accord. Pero los investigadores del Grupo Águila de la Unidad Modelo de Investigación Policial hallaron 23 casquillos sobre la carretera de Sanalona.

En las pruebas para definir qué policías habían disparado (radizonato de sodio) se dieron algunas particularidades. La prueba de Griess, para detectar si las armas fueron accionadas, también tuvo lo suyo.

Ismael “A” salió positivo con plomo en mano derecha, así como su arma corta.

Alfredo “D” positivo con plomo en mano izquierda, pero sus dos armas de cargo dieron negativo.

Joel Noé positivo con plomo en mano derecha y su arma corta también.

Luis Antonio “B” negativo en manos y armas.

La carpeta de investigación señala que ninguna de las patrullas, ni el “Storment”, resultaron dañadas a causa de algún impacto de arma de fuego ese día.

La Fiscalía acusó que previo a las pruebas las armas fueron limpiadas.

De acuerdo a las pruebas de balística de la Fiscalía, de los 22 casquillos levantados, 18 presentan correspondencia con el arma del agente Ismael “A”; tres con el arma de Alfredo “D”y 1 con la de Joel Noé “M”.

AUTOPSIAS

Solamente dos disparos causaron las muertes de Ana Carolina y Andrea.

Ana Carolina quedó muerta en el asiento trasero del copiloto, recargada sobre el descansabrazos. La bala que la mató entró en el cráneo, de derecha a izquierda, de arriba abajo y de atrás hacia adelante. Perdió la vida casi al instante.

Tenía 18 años de edad. Era estudiante de Diseño en la Universidad Casablanca de Culiacán.

A Andrea la mató un disparo en la zona del tórax posterior (espalda) que se le alojó en el abdomen. El impacto también entró de derecha a izquierda. Iba en el asiento del copiloto. Sobrevivió unos minutos.

Fue auxiliada por policías estatales. Murió a bordo de la patrulla 3842 en el trayecto a Culiacán. Su cadáver fue recogido por peritos afuera de la Cruz Roja del bulevar Leyva Solano. Tenía 20 años de edad. Estudiaba en la Facultad de Derecho de la UAS, en Culiacán.

A Cruz Roja llegó Saúl, hermano de Ana Carolina. Ahí descubrió el cadáver de Andrea. Y le avisaron que en Sanalona había otra joven fallecida. Intuyó que se trataba de su hermana y empezó a gritar: ¡Caro! ¡Caro! No se habría de equivocar.

Ambas eran primas y originarias de Tamazula, Durango. Vivían juntas en Culiacán, acompañadas por otra amiga y Dulce María, quien sobrevivió al ataque.

TESTIMONIOS Y EL QUINTO PASAJERO

En la carpeta de investigación de la Fiscalía obran 34 testimonios. Veintisiete corresponden a policías estatales que iban en el convoy de patrullas; los otros siete son de familiares de las víctimas, los dos sobrevivientes y dos testigos que estaban en el Templete al momento del hecho.

Entre lo declarado por algunos agentes aparece un quinto pasajero del Honda Accord. Un joven que se baja del vehículo, corre al monte y huye. Unos aseguraron haberlo visto; otros dijeron que no lo vieron.

La versión es rechazada por la Fiscalía, que acusó es parte del “montaje” operado para proteger a los policías estatales.

Jorge “J”, uno de los elementos policiacos que estuvo en los hechos, aseguró que sus compañeros colocados en tercera posición de la fila, los de la patrulla 3638, dispararon al carro. Pero en ningún momento vio que del vehículo efectuaran disparos contra el convoy.

Julio César y Dulce María aseveraron que nadie de los cuatro que iban en el vehículo disparó. También negaron la existencia de un quinto pasajero.

Una mujer que estaba en el Templete aseguró que las patrullas llegaron con las luces apagadas y vio que tres policías dispararon contra el carro.

Entonces uno de sus compañeros les gritó por qué habían hecho eso… Que del carro no salió ni un disparo.

Otro testigo declaró lo mismo.

A los padres de Ana Carolina y Andrea les reventó las muertes de sus hijas. Pero les dio rabia cuando escucharon decir al secretario de Seguridad de Sinaloa, Cristóbal Castañeda, que las jóvenes pertenecían a la delincuencia organizada.

Exigieron que se limpiaran los nombres de sus hijas. Porque eran estudiantes, personas honorables, dijeron.

 Dulce María y Julio César, los sobrevivientes, rechazaron que ni ellos ni las jóvenes fallecidas dispararon. Que no usan armas de fuego.

Como a las 19:30 horas del domingo 26 salieron de Culiacán con rumbo al Templete de Sanalona. Iban a dar la vuelta. En Carrizalejo compraron unas cervezas y llegaron a las inmediaciones de la presa.

Ahí estuvieron hasta las 00:30 horas aproximadamente, ya del domingo 27. Decidieron retirarse. Aseguraron que iban dejando el Templete cuando les salieron las patrullas, sin luces. Y de la nada les dispararon.

Julio César se agachó. Su novia, Andrea, le dijo “me dieron”.

Dulce María oyó disparos, gritó. Al detenerse el carro se bajó. Vio a Andrea y a Ana Carolina que no descendieron. Regresó al carro y les habló. Ninguna respondió. Les pedía a gritos que se bajaran.

Julio César y Dulce María señalaron que los subieron al vehículo blindado, al “Storment”, durante horas. Perdieron noción de tiempo y espacio. Hasta las 14:37 horas fueron llevados los separos de la Policía Municipal.

Aseguran que solo iban cuatro en el Honda Accord.

Que no dispararon.

Habían ido a convivir al Templete de la presa Sanalona.

Pero a veces la muerte llega con uniforme de policía.

Comentarios

Reflexiones

Ver todas

Especiales

Ver todas

Reporte Espejo