Justicia

Yo te nombro | Sandra Luz, Mariana, Dayana, Perla, Diana Giselle…

No todos los asesinatos contra mujeres tienen órdenes de aprehensión, pues de 765 asesinatos, solo 250 casos tienen sentencia, 9 más fueron absueltos y 56 tienen órdenes de aprehensión que están pendientes.

Aún hay 450 casos que están en impunidad total.

Antes de ser asesinadas fueron golpeadas, humilladas, amenazadas, hostigadas, violadas o torturadas, o todo a la vez. Todo fue hecho por hombres.

En Sinaloa, desde 2010 a la fecha, han sido asesinadas 765 mujeres. Entre ellas Sandra Luz, Mariana, Dayana, Perla y Diana Giselle. Solo por nombrar algunas.

Fueron víctimas de hombres que odian a las mujeres.

Pero el crimen no ha finalizado ahí. La Fiscalía General del Estado y la antes Procuraduría General de Justicia, solo ha logrado 250 sentencias en contra de hombres entre 2010 y 2020.

Es decir, 7 de cada 10 asesinatos de mujeres, siguen impunes.

Esta información fue obtenida a través de solicitud de información al Poder Judicial y tras la consulta de información estadística de la Fiscalía General del Estado.

La Fiscalía General establece, además, que cada vez que se lleva a una persona ante un juez ha “esclarecido” el caso, pero no siempre es así. Existe el registro de nueve absoluciones por distintos hechos.

Un caso de esos es el de Sandra Luz Hernández, en el que presentaron a un hombre de nombre Jesús Fernando, quien demostró que la entonces Procuraduría montó una escena para incriminarlo.

De hecho, no todos los crímenes contra mujeres tienen órdenes de aprehensión, pues además de los 250 casos con sentencia y los 9 que fueron absueltos, hay todavía 56 órdenes de aprehensión que están pendientes.

Uno de esos casos es el del asesino de Dayana, la niña de 5 años que fue desaparecida y asesinada.

Por ese feminicidio se señaló a un ex policía de nombre Miguel Eduardo Burgos Varela. A ese ex funcionario le adjudicaron otro feminicidio, el de Jovana, una jovencita de preparatoria, quien también fue desaparecida y luego asesinada.

Si se restan todos esos crímenes que tienen orden judicial, hay todavía 450 casos de mujeres asesinadas que siguen en impunidad entera.

Son mujeres que son víctimas de una impunidad feminicida.

YO TE NOMBRO

Como una manera de no olvidarlas, recordamos tan solo 5 de los muchos casos de feminicidio que han calado hondo en la sociedad sinaloense, apoyados por las ilustraciones de los artistas y activistas que conforman el Taller de Gráfica Popular Juan Panadero.

Sandra Luz, Mariana, Dayana, Perla, Diana Giselle y todas las mujeres que han sido asesinadas y desaparecidas en Sinaloa. No serán olvidadas.

Ilustración: Cortesía/Guadalupe Rojo-Taller de gráfica Juan Panadero.

Sandra Luz

El día que te asesinaron se marcó un antes y un después en el activismo que busca a los desaparecidos en Sinaloa, le diste un nuevo significado a la causa: en esto se puede morir y jamás encontrar justicia.

Ese día, Sandra, el 12 de mayo del 2014, te levantaste temprano y fuiste a la Procuraduría General. Te acompañó Eva Luz, iban enojadas y salieron peor. Querían saber de sus hijos, pero solo escucharon cómo los trataban como criminales.

“Si Édgar (evocando a tu hijo) era un criminal, ellos deberían saberlo desde antes, porque trabajaba con el procurador. Si es un criminal que lo investiguen, pero que primero me lo traigan”, decías en cada manifestación en Palacio de Gobierno, afuera de la Procuraduría o donde anduvieras.

Te fuiste de ese lugar hacia el Ayuntamiento porque allá aguardaba una manifestación de pepenadores a los que apoyabas, luego a comer y después a ver a Macaria, la vidente que una vendedora de shampoo en el supermercado MZ den Centro te recomendó.

Apenas te bajaste del camión con Eva Luz y un hombre ya te esperaba en su camioneta. Frente a ti se cubrió la cara y te disparó ocho veces. Te asesinó.

La Procuraduría General de Justicia presentó a Jesús Fernando Valenzuela Rodríguez ante los medios de comunicación y ante un juez. Marco Antonio Higuera Gómez, el Procurador, afirmaba que había resuelto el crimen. Mintió.

La versión parecía creíble, porque tú siempre apuntaste hacia dos personas como las posibles responsables de la desaparición de tu hijo. Se llaman Joel y Gabriel Valenzuela Valenzuela. El Procurador aseguraba que Jesús Fernando era primo de ellos.

Lo detuvieron y encerraron, pero a los meses salió libre, se demostró que la Procuraduría hizo un montaje y simuló haber resuelto el crimen.

El Procurador hizo un escándalo, se peleó con el Poder Judicial, pero perdió en todas las instancias. El Procurador mintió y hoy tu familia dejó Sinaloa por miedo, tú estás muerta y tu hijo sigue desaparecido.

Ilustración: Cortesía/Nidia Ibin-Taller de gráfica Juan Panadero.

Dayana

Tenía solo 5 años de edad. Fue desaparecida el 6 de junio de 2017 y cuatro meses después la Fiscalía de Sinaloa la dio por muerta, luego de confirmar con pruebas de ADN que unos huesos que se encontraron en el Campo Mulas, en Navolato, eran de ella.

Su abuela recuerda la angustia que ese 6 de junio vivieron. En un descuido, Dayana se fue sola a la tienda. A su nieta la agarraron, le taparon la boquita y la subieron a una camioneta tinta, vieja. Corrieron, buscaron, pero no la encontraron.

Miguel Eduardo Burgos Varela, policía municipal de Navolato, Sinaloa, quien fue condecorado en 2009, es el señalado de habérsela llevado, como también lo habría hecho con Jovana, una jovencita de preparatoria a la que también desapareció y asesinó.

Lo que la Fiscalía General del Estado ha dicho es que mientras se le investigaba, el ex policía huyó hacia Sonora, donde le perdieron la pista.

Dayana apenas tenía 5 años cuando ocurrió el plagio, aunque la familia se resiste a creer que ella es la que encontraron en Las Mulas.

Antes de que les dieran la noticia habían escuchado sobre una niña con las mismas características en otro estado, en Oaxaca, pero la Fiscalía se aferró a su teoría y rechazó abrir una investigación distinta.

Obedeciendo la duda de la familia de Dayana, si los huesos son de ella, son los de una niña inocente, que la arrebataron para que dejara de ir al kínder, de su madre, de sus abuelos, fue asesinada de una forma desquiciada.

La habrían dejado en huesos y los tiraron en un predio debajo de un árbol.

La Fiscalía General del Estado asegura que fue un ex policía de Navolato, al que le perdió la pista pese a que tiene fichas rojas en todos los estados y fuera del País.

Ilustración: Cortesía/Naomi Cabada-Taller de gráfica Juan Panadero.

Mariana

Cuando Melisa Moreno apareció ante las cámaras y micrófonos para suplicar por la vida de su hermana, Mariana ya estaba muerta.

Pidió datos a la ciudadanía. Solicitó información a quien sea que fuera. Algo, por mínima que la considerara.

Aunque Melisa hizo más. Llevó su súplica al o los responsables de su desaparición. La quería de vuelta en casa, sana y a salvo.

Todo sería en vano. El 16 de diciembre el cadáver de su hermana fue hallado por un camino de terracería que va al poblado San Rafael, perteneciente a la sindicatura de Costa Rica.

El feminicidio de Mariana removió la fibra social. Después de su funeral cientos de familiares, amigos y mujeres salieron a protestar. Se armaron una marcha de La Lomita a Catedral.

Y fue así que Culiacán escuchó el nombre de su nueva mártir: Mariana.

Era el feminicidio 44 del 2019. Los colectivos de mujeres volvieron a la calle, a la protesta.

Mariana tenía 17 años de edad. Estudiaba la preparatoria en la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS).

La joven había desaparecido el 11 de diciembre, en la víspera del Día de la virgen de Guadalupe. Ese día acudió con una amiga a la colonia Miguel Hidalgo, de cuyo domicilio salió cerca de las 20:00 horas.

Posteriormente le envió un mensaje por celular a su mamá. Le avisaba que se dirigía a La Lomita a los festejos de la virgen.

A partir de ese momento ya no respondió mensajes ni llamadas. De inmediato familiares y amigos elaboraron una ficha de búsqueda.

La denuncia formal por su desaparición fue hasta el 13 de diciembre y entonces la Fiscalía General del Estado emitió la alerta Amber.

El feminicidio de Mariana permanece impune, aunque hay un detenido. Su nombre es Rosario Alfonso “R”, de 30 años de edad, quien fue aprehendido por el crimen de Ana Karen, ocurrido en un motel de Culiacán.

Rosario Alfonso es señalado como un feminicida serial. La Fiscalía General del Estado lo relaciona con tres casos además del de Mariana.

La familia de Mariana está a la espera de la audiencia inicial. Y también espera que haya justicia.

Ilustración: Cortesía/Elsa Ayón-Taller de gráfica Juan Panadero.

Diana Giselle

Tres de los siete tiros que acabaron con la vida de Diana Giselle y su embarazo de cuatro meses dieron en su cara y cráneo. Era la madrugada del domingo 22 de septiembre de 2019, en la comisaría de Bacurimí.

El cadáver de la joven de 19 años de edad quedó en el patio de la casa de sus padres. Al ver a su nieta, la abuela entró de nuevo al inmueble y sacó una cobija. Tapó el cuerpo y ahí se quedó a esperar a la Policía.

Hubo testigos del feminicidio. El autor material fue ubicado rápidamente. Se trataba de Édgar Vladimir, de 23 años de edad, su pareja sentimental. Días después, el 30 de septiembre, el joven fue detenido por investigadores de la Fiscalía General del Estado.

Pero el asesinato de Diana Giselle acarreó otras responsabilidades. Dejó al descubierto una cadena de omisiones que culminó con una triste tumba en el panteón de Bacurimí.

Y ante la mirada de los colectivos feministas cuajó la idea: A Diana Giselle la dejaron sola. No hubo eficacia en la protección de la joven por parte de las autoridades. Y por eso los siete tiros. Y por eso la inmediata indignación.

El 17 de septiembre, cinco días antes de su muerte, Diana Giselle decidió marcar raya. Después de haber sido agredida física y verbalmente, además de amenazada con un arma de fuego, acudió a una agencia del Ministerio Público a interponer una demanda.

Confió en las instancias de gobierno para que la defendieran, para que la protegieran. Se sentía en riesgo.

Sin saberlo Diana Giselle estaba sellando su muerte.

Al conocer los detalles de las agresiones y la amenaza de muerte, el Ministerio Público gira una orden de protección. Agentes de la Policía Municipal le notificaron al presunto feminicida que tenía prohibido acercarse a la joven.

Sin embargo, Édgar Vladimir fue por ella. Hasta su casa. Y la mató.

La familia acusó que no hubo rondines de vigilancia. Que no la cuidaron.

Édgar Vladimir solamente estuvo preso 17 días en la penitenciaría de Aguaruto. Diecisiete días sometido a proceso penal por feminicidio agravado y aborto (por la interrupción de los cuatro meses de gestación de la joven).

En Sinaloa la pena máxima por feminicidio es de 55 años; por aborto, ocho.

En las dos primeras apariciones de Édgar Vladimir ante el Juez de Proceso todo lo señalaba. Tenía el mundo encima. Pruebas periciales, huellas, testimonios. Todo. Parecía un caso cantado para la Fiscalía General del Estado.

El feminicida estaba, prácticamente, hundido.

Pero vino el “Jueves Negro”, el “Culiacanazo”. 17 de octubre de 2019. Édgar Vladimir se fugó de la penitenciaría de Aguaruto.

Ilustración: Cortesía/Dante Aguilera-Taller de gráfica Juan Panadero.

Perla Vega

A Perla le arrebataron la vida el 27 de mayo de 2012, desde entonces la justicia no ha llegado a quienes la quisieron y la siguen extrañando.

Los medios llamaron ‘crimen pasional’ a las 16 puñadas que Perla recibió por parte de su ex novio, mismo al que había terminado meses atrás y que siguió acosándola y hostigándola de manera continua hasta quitarle la vida.

Ante las negligencias y la poca transparencia de la Fiscalía en el caso, se sentaría un importante precedente en la incidencia de la sociedad culichi en la búsqueda de justicia para un feminicidio. Justicia para Perla se convirtió en un estandarte de participación ciudadana y de acompañamiento para la familia que buscaba esclarecer el caso a través de la presión social.

Después de un largo viacrucis repartido entre la fiscalía y citas con medios de comunicación, además de la colocación de espectaculares y dinámicas en redes sociales, el ex novio de Perla, Juan Carlos, fue arrestado el 5 de enero de 2013 en la ciudad de Tijuana, siendo presentado días después como el principal sospechoso del asesinato.

Solo pasaron seis días para que se dictara acto de formal prisión en contra del confirmado asesino. Justo en ese momento la familia de Perla pudo sentir que alcanzaba la justicia sin imaginar que luego de unos meses el confirmado agresor sería liberado tras obtener un amparo.

Un error de la Fiscalía General del Estado regresó a un feminicida a las calles, el mal seguimiento del caso, le arrebató de las manos a los seres queridos de Perla la escasa sensación de paz que trajo consigo la captura de Juan Carlos. Así de fácil de esfumó la justicia y se evaporó el peregrinar por su búsqueda, misma que duró más que el castigo para el agresor.

Luego de solicitar la revisión al amparo del agresor, esta fue rechazada y la familia de la víctima dejó de recibir noticias del caso en 2016.

La historia se ha convertido en uno de los carpetazos más notorios y recordados por los culichis. El Nombre de Perla Vega aun suena en cada manifestación que clama justicia no solo para ella sino para todas las mujeres víctimas de violencia.

Hubo un crimen, hubo una víctima, hubo pruebas, hubo un culpable y entonces todo se desvaneció.

El amor no mató a Perla, es el amor el que busca justicia y mantiene vivo su recuerdo.

Texto: Alexis Rubio, Marcos Vizcarra, Albaro Sandoval. Agradecimientos especiales al Taller de Gráfica Popular Juan Panadero y a Dante Aguilera, Nidia Ibin, Elsa Ayón, Naomi Cabada y Guadalupe Rojo por sus ilustraciones.

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