Opinión

¿Qué sigue después de #Undíasinnosotras?

El 9M fue una oportunidad única de hacer historia. De poner un alto a la violencia demostrando con hechos nuestra relevancia en la sociedad mexicana. Solamente en el sector comercial, se estima que poco más de una cuarta parte de la fuerza laboral está conformada por mujeres.

Hablar de la lucha de género se ha vuelto un tema de polémica, un llamado indiscutible a debatir a pesar de no contar con los datos suficientes para hacerlo. Desde el inicio de marzo, mes de la mujer, se escucha constantemente “ahora resulta que ser hombre es malo”, “a los hombres también nos matan” “qué exageradas” frases que, lamentablemente, nos desvían de la magnitud del problema.

El problema es tal, que muchos aún no lo han comprendido; lo rechazan, lo minimizan. El problema es tal, que un hombre se dice a favor de los derechos de las mujeres pero golpea a su novia para “educarla por que la ama”. El problema es tal, que miles de madres mexicanas enseñan a sus hijas a atender a los hombres de la casa porque “es lo que deben hacer”. El problema es tal, que se tuvo que plantear una solución disruptiva, con la esperanza de obtener resultados distintos: un paro total.

El paro del 9 de marzo era de una naturaleza distinta a lo que estamos acostumbrados como mexicanos: no se cerraron calles ni avenidas con pancartas, ni se impidió la entrada a lugares. El paro fue distinto: en silencio, sin violencia. Sin voces que pidieran a gritos que nos entiendan, que comprendan la naturaleza real del problema de los crímenes de género. Fue una simulación lo más realista posible: ¿Qué pasaría si el 9 desapareciéramos todas? ¿Qué pasaría si la siguiente de las 10 desaparecidas al día soy yo?

Por ende, no se trataba de pedir permiso para ausentarnos del trabajo, ni de parar nuestras labores diarias para dedicarnos a consumir series, música o comida. Se trataba de desaparecer: sin explicaciones, sin aviso, sin consumir nada. Porque una mujer desaparecida no consume, no sale a la calle, no va al cine, no postea en sus redes sociales ni responde los chats de su trabajo.

El 9 de marzo fue un simulacro, una oportunidad para las mujeres de dedicarnos a reflexionar, a trabajar en nosotras mismas, y para los hombres a nuestro alrededor de entender precisamente la gravedad del problema de los feminicidios: comprender la dolorosa realidad de que mañana puede ser su amiga, su hermana, su jefa. Mañana el feminicidio puede dejar de ser una realidad lejana y “exagerada” para volverse un fenómeno que transforme su vida para siempre.

En México, de acuerdo con el INEGI, las mujeres somos el 52% de la población nacional y, sin embargo, solamente 45% participamos en el mercado de trabajo pagado. Incluso, para las que laboramos con remuneración,  nos encontramos con que los hombres reciben 1.15 veces más ¡por el mismo trabajo!

El 9M fue una oportunidad única de hacer historia. De poner un alto a la violencia demostrando con hechos nuestra relevancia en la sociedad mexicana. Solamente en el sector comercial, se estima que poco más de una cuarta parte de la fuerza laboral está conformada por mujeres. Como resultado, este sector fue de los más afectados por el paro del 9M. Además, se vieron afectaciones en las escuelas y hospitales.

A pesar de las altas expectativas sobre el impacto económico del paro en el que se estimaba participarían 32 millones de mujeres, esto es solo el comienzo. El 9M sirvió como una llamada de atención, una advertencia a la sociedad para generar consciencia. Sin embargo, aún corremos el riesgo de que los esfuerzos queden estancados: es nuestra responsabilidad como sociedad propiciar que no se olvide en la historia, sino que sea un día icónico para las mujeres de Mëxico.

Dimos el primer paso. El 2020 puede marcar el inicio de una verdadera primavera feminista, un despertar de la sociedad a raíz de esta protesta pacífica. Otros países lo han logrado con éxito: Islandia en 1975 vio desaparecer al 90% de las mujeres de sus actividades cotidianas en el trabajo y el hogar para volcarse en las calles y exigir igualdad de derechos. El despertar social posicionó a este país como vanguardia del feminismo con un resultado impresionante: en 1980 tuvieron la primera presidenta mujer de la historia de Europa.

Nuestro despertar ha comenzado: las redes sociales se llenaron de muestras de solidaridad y de apoyo: hombres levantaron la mano en solidaridad para reemplazar a las mujeres que participarían en el paro. Empresas de toda talla comprendieron y se sumaron al movimiento. Un gran número de mujeres nos encerramos en nuestros hogares sin consumir, sin producir, simulando nuestra desaparición con la esperanza de despertar al día siguiente en un mundo mejor, más justo, donde ser mujer no implique una condena, sino una característica más de nuestra humanidad.

Sigue aprovechar el ímpetu, seguir con esta inercia de solidaridad y empatía entre hombres y mujeres. Como mujeres, sigue apoyarnos las unas a las otras en lugar de estar compitiendo: ¡es hora de brillar juntas! Como hombres, sigue apoyar a las mujeres con respeto. Para todos los mexicanos, sigue combatir desde nuestra trinchera el acoso callejero: si ves que alguien está incomodando a una mujer, ¡haz algo! No tienes que luchar contra el acosador, simplemente puedes intervenir de manera pacífica. Los pequeños gestos marcan la diferencia. Que de ahora en adelante, cada uno de nuestros pasos nos acerquen a esta realidad hasta hoy considerada utópica: una realidad donde hombres y mujeres podamos salir a la calle de manera cotidiana sin temor, ayudándonos los unos a los otros para construir el México que merecemos.

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