Culiacán

Historias de histeria | Goyetero

La cuadra de Mariana se llenó de camionetas y autos de desconocidos que llegaron a disfrutar de la música y el ambiente que se tenía en el lugar.

En la ciudad de Culiacán, los altos niveles de violencia han propiciado una grave descomposición social que se traduce en hechos que parecen sacados de relatos de terror, relatos que han trascendido la fantasía y se han convertido en el día a día de los habitantes de la urbe. En historias de histeria hacemos un recuento de aquellos sucesos que nos hablan de la necesidad de emprender acciones para devolver la paz y tranquilidad a todos los culichis.

Mariana había pasado toda la semana organizando su fiesta de cumpleaños, anduvo de arriba para abajo puesto que ya hacía varios años que no se festejaba en grande, le pidió permiso a los vecinos para ocupar un buen espacio de la calle con algunas carpas, poner mesas, sillas y algo de decoración, su familia le iba a poner la comida y entre amigas la mesa de postres, eso sí, le advirtió a sus amigos que iba a dar refrescos y que ‘cada quien su pisto’.

Ese viernes Mariana andaba más que estresada, como todo preámbulo a la fiesta, no faltaron los contratiempos y las irresponsabilidades que le retrasaron todos los horarios, ya era casi la hora de llegada de sus invitados y ella apenas iba a que la maquillaran y la peinaran para su evento. Afortunadamente la chica que la ‘arregló’ duró menos tiempo del programado y la impuntualidad de sus invitados ayudó a que el inicio de la fiesta no se viera estropeado.

Primeramente llegó la familia y ocuparon las mejores mesas, las que estaban más cerca de donde se serviría la comida, posteriormente sus compañeros de trabajo que se fueron saliendo de la oficina y llegaron con el uniforme a pasar un rato con la cumpleañera, después llegaron sus amigas ‘las de siempre’ y luego los que ya venían un poco pasados de copas.

La fiesta había comenzado muy bien, todos parecían estarse divirtiendo, en eso llegó la banda que le había contratado de sorpresa uno de sus tíos que estaba de visita desde Carolina del Norte, la gente se paró casi de inmediato a bailar, mientras los vecinos que no fueron invitados miraban el espectáculo desde la banqueta afuera de sus casas.

Luego de varias tandas de música y con el ambiente patrocinado por el alcohol, la familia y los amigos menos allegados se fueron retirando. Eran casi las 2:30 de la mañana y la fiesta estaba a punto de convertirse en un after, ya que varios de los amigos de Mariana habían avisado a conocidos que ‘le cayeran’ al festejo.

Así, la cuadra de Mariana se llenó de camionetas y autos de desconocidos que llegaron a disfrutar de la música y el ambiente que se tenía en el lugar, ya que las amigas de la festejada son muy buenas bailarinas y para nada tímidas.

Entre la multitud se encontraba un pequeño auto deportivo rodeado por corpulentos, pero nada atléticos muchachos, con una hielera llena de cervezas y una botella de Buchanan’s en el cofre del vehículo, nadie convivía con ellos pero ellos parecían estar muy contentos con el carnaval en que se había convertido esa calle en la colonia Agustina Ramírez.

Una de las amigas de Mariana se acercó a ellos para romper el hielo y poco a poco se fueron mezclando entre los que quedaban festejando. Así comenzó otro tipo de ambiente, uno de los robustos chicos puso un narcocorrido en la rockola y la situación se puso un poco más alterada, literalmente.

Entre los que quedaban en los vestigios de fiesta, se encontraba un chico al que nadie conocía y que se mantenía tomando cervezas de donde podía, ‘a la sorda’ agarraba un bote de aquí y un cuartito de por allá. A nadie le molestaba, ya que la mayoría se encontraba en ese punto de la tomadera en la que eres amigo de todos y comparten hasta el último trago. Pero al joven se le hizo fácil tomar la botella de Buchanan’s sin consentimiento de los dueños y ahí comenzó el lío.

-¿A ti quién te dio de esta wey? -Le dijo una voz gruesa al joven que se quedó helado luego de ser descubierto.

-No, nadie, nada más la vi y se me hizo fácil agarrar… les dijo titubeando.

-Pues no, ahí deje eso que no es suyo.

El joven acató la instrucción y siguió bebiendo cerveza de donde pudo, lo cual fue una mala idea ya que se armó de valor para ir a confrontar a quien le detuvo las intenciones de tomar whisky. Llegó y le dio una bofetada que detonaría un pleito en el que se involucrarían varios asistentes.

La fiesta se convirtió en un zafarrancho y uno de los corpulentos hombres saco del Camaro una pequeña pistola y tiró un balazo al aire.

–Ey, ey, ey, se me calman a la chingada, les dijo molesto, tráiganme al ‘goyete’ para acá.

Los amigos obedecieron y le pusieron al chico justo enfrente, lo hincaron frente al robusto hombre con el arma y este puso el tiro de la pistola en la frente del acusado.

-Así que te gusta agarrar lo que no es tuyo y aparte te enojas…

Todos los asistentes miraban con pánico la escena, pero nadie decía nada, eran más de 20 personas y todas se mantenían inmóviles. Mariana lloraba en silencio y algunos vecinos ya habían salido a la calle a ver que sucedía.

–Déjalo, le dijo Mariana a como pudo.

-Nada más porque es su cumpleaños, le respondió el hombre luego de un momento de silencio y ver los ojos del joven, que seguramente vio su vida pasar por sus dilatadas pupilas.

Los hombres se fueron y seguido a ellos todos los que no conocían a Mariana, quien se encontraba llorando desconsolada, los padres de la joven salieron y comenzaron a meter todo a la casa, mientras las amigas de la cumpleañera la consolaban y la escuchaban decir que esa era la última vez que se festejaba.

¿Será que la constante exposición a hechos de violencia, narcotráfico, corrupción e impunidad y muchos otros más que ocurren constantemente en Culiacán y Sinaloa empiezan a afectar el correcto funcionamiento de la psiqué de los sinaloenses?

Comentarios

Reflexiones

Ver todas

Especiales

Ver todas