Economía

Se amplía la brecha entre el norte y el sur del País

Es decir, en México una débil convergencia iniciada en 1940, culmina a mediados de los años 80 del siglo anterior, para marcar el cambio hacia la polarización de ingresos entre las entidades del país.

En la literatura económica se conoce como convergencia, al proceso mediante el cual, en un país, las regiones con menores niveles de PIB per cápita, son capaces de alcanzar mayores tasas de crecimiento que las regiones con mayor PIB per cápita, generando la posibilidad de que, en algún momento del tiempo, los niveles de ingreso per cápita se igualen entre las distintas regiones. Significa que, con el tiempo, la brecha entre las regiones ricas y las pobres, se irá reduciendo.

En México, la evidencia empírica encontrada por Gerardo Esquivel, muestra que en el periodo 1940-1995 se presentó un proceso de convergencia para las regiones de México. Sin embargo, identifica dos fases en el proceso de convergencia regional, la primera que va de 1940 a 1960, en donde el proceso de convergencia fue relativamente rápido y, la segunda, de 1960 a 1995, en donde el proceso se detuvo e incluso mostró cierta tendencia hacia la divergencia. Otros estudios, como los de Germán-Soto y Escobedo, utilizaron técnicas de análisis espacial para analizar la desigualdad económica entre las entidades del país en el periodo 1940-2005. Ellos encuentran evidencia de un proceso de acercamiento entre las economías estatales hasta mediados de los años ochenta, cuando dicho proceso se revierte para dar paso a una acentuación de las desigualdades. Este cambio de dirección en la trayectoria de crecimiento de las entidades del país es coincidente con la mayor apertura comercial, cuando la economía mexicana pasa de ser una de las más cerradas del mundo, a una de las más abiertas.

Es decir, en México una débil convergencia iniciada en 1940, culmina a mediados de los años 80 del siglo anterior, para marcar el cambio hacia la polarización de ingresos entre las entidades del país.

De entonces a la fecha, la brecha entre entidades ricas y pobres se ha ensanchado y fundamentalmente se aprecia entre las entidades del norte y las entidades del sur del país.

Aunque existen diferentes criterios de regionalización, en este caso consideramos como la región del norte, la formada por los estados de Baja California, Baja California Sur (BCS), Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, Durango y Sinaloa. La región sur está conformada por Guerrero, Chiapas, Oaxaca, Puebla, Veracruz, Tabasco, Yucatán, Quintana Roo y Campeche. Es esta una de regionalizaciones más utilizadas, pero debe aclararse que Sinaloa y Durango, en el caso de la región del norte y, Yucatán y Quintana Roo, en la región del sur, en muchas variables tienen comportamientos atípicos con respecto a las entidades de la región a la que pertenecen.   

La primera gran diferencia que se aprecia entre el norte y el sur, tiene relación con las actividades productivas que predominan en cada una de las regiones. Por ejemplo, mientras que en el sur la mayor parte del personal ocupado se ubica en las actividades agropecuarias (49.3%), en el norte la mayor participación se da en las actividades manufactureras (31%). Pero la mayor evidencia de la presencia de un proceso de divergencia, se observa en el hecho de que mientras la tasa media de crecimiento anual del PIB de las entidades del norte en los últimos 15 años fue de 2.9, en las entidades del sur fue de apenas 1.6 por ciento, prácticamente la mitad. En el norte las tasas más altas se presentaron en BCS (5.7%) y Nuevo León (3.4%) y, en el sur, las más bajas corresponden a Campeche (-4.5%) y Chiapas (0.7%).

En cuanto al PIB per cápita (promedio de la región), con cifras de 2018, en el norte es de 179 mil 436 pesos contra 162 mil 101 pesos en el sur. Estos últimos se convierten en apenas 95 mil 194 si en la región sur no consideramos a Campeche, Quintana Roo y Yucatán. En el norte se ubican las entidades federativas con los PIB per cápita más altos del país (Nuevo León, Baja California Sur, Coahuila y Sonora), mientras en el sur se encuentran los estados con los PIB per cápita más bajos (Chiapas, Oaxaca y Guerrero). Como referencia, el PIB per cápita de Nuevo León, es 5 veces más grande que el PIB per cápita de Chiapas. La brecha entre una región y otra también la revela el análisis del ingreso laboral real per cápita (poder adquisitivo del ingreso laboral), que para datos del último trimestre de 2019, muestra que en el norte es de 2 mil 383 pesos contra mil 497 pesos en el sur. En este caso la entidad líder, no solo de la región norte sino del país, es Baja California Sur ($3037.3) y la última posición la ocupa Chiapas ($979.8).   

Una explicación a esta situación la encontramos cuando revisamos la distribución de la población ocupada de acuerdo al nivel de ingresos recibidos. Así, mientras en el norte el 17 por ciento de la población ocupada recibe menos de un salario mínimo, en el sur la cifra es de 27.8 por ciento (42% en Chiapas y 34% en Oaxaca). En cambio, en el grupo de personas que reciben más de 5 salarios mínimos, en el sur se tiene apenas un 2.6 por ciento (0.9% en Guerrero y 1.5% en Oaxaca), en cambio en el norte la cifra es de 5.1 (9.5% en BCS y 9% en Nuevo León). Peor aún, el porcentaje de la población ocupada en el norte que declara no percibir ingresos es de 2 por ciento, pero en el sur la cifra promedio de la región es de 12.1 por ciento, teniendo como casos extremos a Guerrero (23.5%) y Oaxaca (22.2%).

Pero además, las tasas más altas de informalidad están en las entidades del sur (74.8% en Oaxaca, 72.3% en Guerrero, 66.2% en Puebla, 63.1% en Chiapas, 60.8% en Veracruz, 60.3% en tabasco) y las más bajas en el norte (32.8% en Chihuahua, 33.6% en Coahuila). El contraste también es muy claro en otras variables relacionadas, ya que las entidades del sur tienen los valores más altos en pobreza laboral y en desigualdad de los ingresos laborales y, para esas mismas variables, las entidades del norte, los valores más bajos.

Todo esto indudablemente termina por reflejarse en los indicadores sociales y de bienestar, obviamente a favor del norte. Los datos del CONEVAL para el 2018, revelan que el 41 por ciento de los pobres del país viven en las entidades federativas del sur y solo el 16.5 en las del norte. También, que el promedio del porcentaje de pobres por entidades federativas de la región es de 25.7 por ciento para el norte (14.5% en Nuevo León y 18.1% en Baja California), pero de 55.4 por ciento para el sur (76.5% en Chiapas, 66.5% en Guerrero y 66.4 en Oaxaca). Pero en donde la brecha entre el norte y el sur, se aprecia de mejor manera, es cuando observamos la distribución de las personas que viven en condiciones de pobreza extrema. El sur del país concentra el 66.2 por ciento de la población que vive en condiciones de pobreza extrema, mientras el norte participa apenas con el 6.4 por ciento. Además, el promedio del porcentaje de personas en condición de pobreza extrema por entidades federativas de la región es de únicamente 2.4 por ciento para el norte (0.5% en Nuevo León y 1.4% en Coahuila), pero de 15.4 para el sur (29.7% en Chiapas, 26.8% en Guerrero y 23.3% en Oaxaca).

La diferencia entre el norte y el sur también se hace visible al analizar el conjunto de carencias que considera el CONEVAL para la medición de la pobreza en sus distintas dimensiones. Tomado del promedio de las entidades de la región, el porcentaje de personas con rezago educativo, con carencias por acceso a los servicios de salud, con carencias por acceso a la seguridad social, con carencias por acceso a los servicios básicos en la vivienda y el porcentaje de la población con carencias por acceso a la alimentación, se presenta, en todos casos, a favor (con el porcentaje menor) de la región norte. Las brechas más amplias se aprecian en el acceso a los servicios de salud y el acceso a los servicios básicos en la vivienda, en donde la región sur presenta un porcentaje de 68.1 por ciento para el primer caso y de 43.1 por ciento en el segundo. Por otra parte, considerando la participación de las regiones norte y sur en el total de la población nacional en los distintos tipos de carencias, se observa que es la región sur la que más aporta, destacando que en las entidades de esta región del país, vive poco más del 38 por ciento de las personas con rezago educativo y casi el 63 por ciento de las personas que no tienen acceso a los servicios básicos en la vivienda.

En la categoría de población con ingreso inferior a la línea de pobreza extrema por ingresos, la región norte promedia 8.3 por ciento contra 26.7 de la región sur, pero en la categoría de población con ingreso inferior a la línea de pobreza por ingresos, la brecha se amplía, ya que la cifra es de 34.9 por ciento para el norte y de 59.5 para el sur. Es decir, que en las entidades del sur del país, 6 de cada 10 mexicanos no reciben un ingreso suficiente para cubrir sus necesidades básicas. Los casos extremos son los de Chiapas (78.9%), Guerrero (69.5%) y Oaxaca (69%).

Adicionalmente las cifras muestran que en las entidades del sur, la pobreza se profundiza dado que ahí vive la mayor parte de la población indígena y rural del país. Todos los indicadores de carencias sociales empeoran cuando se trata de la población indígena y rural. Pero además, la evidencia muestra que las desigualdades son mayores en el sur que en el norte, predominando una más inequitativa distribución del ingreso (coeficiente de Gini de 0.434 en el norte y de 0.487 en el sur). 

En resumen, en los estados del sur de nuestro país, hay 2.5 veces más pobres que en el norte y la población en condición de pobreza extrema es 10 veces mayor en el sur que en el norte. De esta manera, mientras que en el norte del país la pobreza extrema es muy baja, en el sur se ha agudizado el rezago social a lo largo de los últimos 15 años. Aunque diversos programas sociales se han implementado, en nuestras regiones la divergencia parece ampliarse. La brecha nacional entre ricos y pobres se agudiza entre los extremos geográficos del país, ya que mientras que en los estados del sur se profundiza el rezago social al aumentar (del 2008 al 2018) el porcentaje de la población en condición de pobreza (31.2% en Veracruz, 18% en Campeche, 15.3% en Oaxaca y 13.4% en Chiapas), en las entidades del norte el número de pobres se reduce, ya que el porcentaje de pobres en entidades como Coahuila y Nuevo León, para el mismo periodo, se redujo en -22.0 y -20.8 por ciento.    

Cerrar la brecha parece complicado y los intentos por hacerlo, hasta ahora, han resultado infructuosos. En el gobierno anterior llegaron a funcionar 5 mil 491 programas sociales en el país, pero sin objetivos claros y sin coordinación entre unos y otros, incluso muchos de ellos estaban duplicados y los recursos no llegaban a los beneficiarios. La ineficacia de los esfuerzos está en las cifras que hemos revelado. El Gobierno Federal en turno ensaya nuevos métodos, nuevos programas encaminados a un renovado intento por cerrar la brecha entre el norte y el sur, la clave de su éxito estribará en ir más allá del asistencialismo y el clientelismo político, para sentar al menos las bases (productivas, tecnológicas, de infraestructura, educativas) que permitan por lo menos iniciar el proceso de acercamiento entre los extremos geográficos de nuestro país, para alcanzar una mayor igualdad social, una distribución más equitativa.   

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