Culiacán

La Redonda

Muchas son las historias que se cuentan de la famosa Redonda.

Aquí les presento una de las pocas fotografías que hay de la famosa Redonda, en ella aparecen Manuel Rodríguez Pérez, su mama doña Tolla Pérez y Beatriz Amelia Ollarzo, sobrina de don Maclovio Ollarzo, bisabuelo del Lic. José Alfonso Flores Carrasco, el tremendo Mozquito.

FOTO: Cortesía Archivo Mario Alvarado.

SU INICIO

La Redonda era un asentamiento humano de cartón, madera, capuchín y otros materiales de desecho, con techos de lona, láminas de cartón o zinc. En tiempo de lluvias sus calles que eran puros vericuetos y un montón de recovecos y sombríos callejones que  permanecían llenos de lodo y aguas estancadas. Nunca se le atendió en cuestión de servicios públicos porque todas eran posesiones en un terreno federal, pero los habitantes se las ingeniaban de mil maneras para tener luz y agua.

La Redonda se ubicaba entre la vía de la cordelería y la calle o carretera llamada la Pierna que pasaba frente al cenotafio de Malverde, y llegaba hasta el embarcadero de reses a orillas de la carretera a Navolato, actual blvd., Zapata; iniciaba donde está la escalera de acceso frente a la explanada de palacio de gobierno, para decirlo en  la actualidad estaba justo en todo el terreno en donde hoy se encuentran la Unidad Administrativa y el Palacio de Justicia, hasta por allá en donde está la Ley Plaza Fiesta. Y bueno, en ese entonces dicho asentamiento se consideraba, se hablaba, se chismeaba y se decía, que era el sitio en donde se encontraba “El bajo mundo de Culichi”, y tristemente sí fue el escenario de muchas historias negras de la ciudad.

Se le llamaba La Redonda porque antes estuvo ahí la casa almacén en donde el ferrocarril cargaba agua carbón, leña y mercancía y además porque ahí era en donde el ferrocarril daba vuelta. Originalmente era la colonia Ferrocarrilera ya que ahí vivían puros trabajadores del ferrocarril, con sus casas normales de material, pero había mucho terreno baldío, y en ese tiempo debido a que el ferrocarril era el principal medio de transporte en su estación, uta canuta, pululaban los vendedores ambulantes lo que era una barbaridad, de todo había, simón, vendedores de tocho morocho: tacos, tortas, tamales , cocos,  tejuino, mariscos, agua fresca, nieve, pan, recuerdos, cortes, cobijas, relojes, carteras y porta credenciales, vendedores de periódicos y revistas, boleros,  bueno,  hasta los de los pájaros de la suerte se ponían ahí, simón había de todo  y de todos lados, era gente que había hecho de la Estación su fuente principal de ingresos y muchos de ellos incluso dormían en la Estación o por ahí en donde podían, esperando a los primeros clientes que era la raza que llegaba para la primera salida del tren.

 A principios de 1956 ya algunos de esos vendedores y prestadores de servicio (maleteros, cargadores, arañeros y taxistas) se habían organizado y habían pretendido obtener el permiso de las autoridades locales, pero nada pudieron conseguir porque el terreno era propiedad federal, pero no se desanimaron porque ahí mismo les informaron que en cosa de veinte días vendría a Culichi el presidente Adolfo Ruiz Cortines, que a él se los solicitaran y así fue, y se les facilitó porque resulta que el presidente Adolfo Ruiz Cortines todos los viajes por el país los hacía en tren, por lo que los vendedores se organizaron y el día que arribó era una multitud de vendedores y desposeídos que a su salida de la Estación de inmediato lo abordaron. Él era atento jamás desdeñaba a nadie y los atendió.

Ellos le solicitaron los terrenos argumentando su oficio, su pobreza y la distancia desde sus hogares. Él los escuchó con atención y dijo: “Miren, esos terrenos no se pueden fraccionar, son federales y después se van a ocupar, pueden ocuparlos por un tiempo, pero no con casas de material, sino de cartón o madera, aclarándoles que no tendrán servicios públicos, ni agua ni drenaje ni luz, y en el entendido que en cuanto los requiera el gobierno, tendrán que desalojarlos, si están de acuerdo con lo que les digo, ahí están los terrenos”.

Por supuesto que aceptaron y de inmediato ellos y otros necesitados que por cierto entonces había muchos, ahí encontraron una oportunidad empezaron a construir sus humildes viviendas, alumbrándose con velas o cachimbas, así que de la noche a la mañana se agregaron a las casas de los ferrocarrileros generándose así la Redonda o Ferrocarrilera que era en donde estaban los Monárrez, y la Ruiz Cortínez en donde está la Unidad Administrativa y de este modo surgió toda una amalgama de personajes de todo tipo, buenos y malos porque lo mismo había malandrines que gente de mucha valía, por ejemplo ahí vivía doña Rosario Ibarra de Piedra y su hija que hoy es una dirigente nacional, también vivía ahí el Famoso Kid Turista y su familia, claro nuestros buenos amigos, los  hermanos José Alfonso y Gildardo Flores Carrasco, quienes hoy son los excelentes payasos Mozquito y Pipika. También estaban los Martínez, los Peregrina, simón, todos ellos buenas personas como lo eran también Valentín Rivera Ramos, doña Emma y César Fernández Rivera, Estanislao Escalante que era ferrocarrilero y le decían “el Curioso” porque siempre vestía elegantemente.  Por cierto, la casa oficial del jefe de trenes estaba ahí y era de madera tipo americano. También fue vecina de ahí “Doña Chila” una señora que fue muy trabajadora hasta sus últimos días; y  como no recordar a Don Matilde el que vendía tejuino, o al Patitas, un señor moreno alto delgado que vivía en arroyo de los perros pero que ahí vendía precisamente patas de mula, o el Chanky que fue boxeador y traía carreta vendiendo tejuino y tepache o a Tacho Monárrez, o al señor que vendía agua de cebada en una carreta y calamares y el Sebas vendía tejuino en la estación, algunos de ellos  vivían por el barrio del Arroyo de los perros pero ahí se la pasaban, ahí trabajaban.

Total, que de la noche a la mañana ocuparon todo el espacio que le solicitaron al presidente, pero eso sí, y eso no sé por qué, si por fe o temor, perdonaron el área en que se encontraba la tumba de Jesús Malverde, de hecho, mantuvieron siempre en buen estado su tumba y siempre con un montón de velas y veladoras encendidas. Ahí además de vendedores una gran parte de sus vecinos trabajaban en una fábrica que estaba cerca de ahí, se llamaba Empacadora de Mariscos y Conservas, además un buen número de sus habitantes se dedicaban a la elaboración de cohetes.

EL FAMOSO SAPO

Pero de que había una raza bien malora, en la Redonda, sí la había, y tan los había  que la gente la calificaba como: “Nido de vagos y malvivientes”;   como olvidar nombres por ejemplo como el Calavera 14 o el Quirino, un indigente que estaba mal de sus facultades y era violento, pero sí de recordar malandrines se trata nadie mejor que el “Sapo”, quien siempre traía un tremendo cuchillo que casi era caguayana y hacía mancuerna con el Mundillo. Estos dos eran temibles, la verdad, otro más era el Guayabas a quien continuamente sé veía bien happy y había muchos más; sobre todo ahí por las cantinas del Zapata donde estaba el cine Ejidal, se dice que esa parte y sus alrededores eran de total peligro ya que ahí había de todo: Robos, asesinatos, drogas, violaciones, de todo como en botica, otra parte peligrosa era también detrás de la alianza de camiones.

Pero hablemos del más temible de todos, el Sapo. Sé que su nombre real era   Gumaro, pero sus apellidos los ignoro. El Sapo era un tipo de tez morena, muy corpulento y fuerte, tenía la voz ronca y gruesa; además de violento, simón el bato era sádico a morir pues le gustaba golpear a sus asaltados por el puro gusto hasta casi matarlos, había muchos que con solo escuchar su nombre se ponían a temblar, sobre todo aquellos que ya habían sufrido de sus ataques, algunos quedaron traumados. Se llevaba principalmente por ahí en el cine Ejidal pasando el Zapata, hoy salón las Flores, en donde varias veces se le vio hablando con otro pillo de esa época, me refiero a Melesio Noriega Rangel, alias “El Bulliringue”, un vil y corrupto chota chaparro y de lentes vestido de civil que controlaba a los rateros de Culiacán quitándoles gran parte de lo que robaban y distribuyéndolos por sectores.  Al parecer el Sapo y él tenían un trato, lo digo porque nunca se vio que hubiera diferencias entre ellos, mucho menos que el Bulliringue se lo haya intentado llevar a chirona o cuando menos subirlo a la patrulla, nada de eso, a lo mejor hasta le daba protección, vayan ustedes a saber.

Pero fíjense que el mentado Sapo no era de la Redonda, nel, el bato vivía en la colonia Ejidal, (hoy los Pinos), pero su territorio grande, abarcaba las colonias del Vallado, la Popular, la Morelos y por supuesto su preferida, la Redonda, quizás ésta por el sinfín de sus vericuetos para escapar, simón, de todo su territorio el preferido siempre fue la Redonda, ahí hacía y deshacía la mayor parte de sus delitos y ahí también era en donde se Ocultaba.

Por un tiempo las cosas se le pusieron calientes y dizque se regeneró, simón, incluso anduvo de camionero, pero pues era pura piña, porque poco tiempo después sopas salió en el periódico que lo mataron en un asalto a un banco, simón lo acribillaron al enfrentar a la poli en sus dominios.

LOS CHAVOS DE LA REDONDA

Como ya dije antes, en la Redonda asentamiento que además de insalubre y que era totalmente equiparable al terriblemente peligroso ” Sotavento”, zona sórdida ubicada en un terreno baldío y oscuro, en la Col. Industrial Bravo, sitio en el que en cuanto caía la noche, a diario se cometía algún delito, por lo menos un asalto, simón, a quien osaba transitar por ahí, se le consideraba temerario, su ubicación, estaba delimitada entre la carretera a Navolato (hoy Zapata) y lo que hoy es Rio Usumacinta, al sur al oriente la Av. Cuauhtémoc ( hoy Batacudea) y al poniente lo que hoy es C. Rio Santiago, y colindante a esta, una piedra, estoy hablando por allá a principios de los años 60’s. Pero bueno, continuando con La -Redonda era tan peligrosa que en su única calle o carretera muy amplia que iba de la Canasta al Caballito y le llamaban La Pierna, Bueno pues por ella por la cuestión de los asaltos circularon solo dos o tres veces los camiones Tierra Blanca Estación, aunque hay quienes aseguran que también pasaba el Coloso. En ese entonces el Boulevard Zapata que partía desde la Obregón y era la calle tercera de la colonia Ejidal, aunque claro, también era la carretera a Navolato.

Bueno pues en ese lugar que la mayoría consideraba horrible y peligroso, los plebes que lo habitaron eran sumamente felices, simón que sí, y saben qué, la gran mayoría de ellos tenían buenos principios y eran bastante respetuosos, y lo digo porque de acuerdo a los testimonios de varios ex vecinos de ahí, todos señalan que los chavos eran a todo dar y como no, si todos se conocían y convivían y era mínimo los que se pudieran considerar como vagos, ya que si bien es cierto que se les veía en la calle era porque trabajaban, algunos de boleros o mandaderos, otros vendiendo agua o tacos o pan o tamales y otras cosas más, algunos eran contratados por Nacho Gastelum para que limpiaran los sacos del  frijol en su negocio ahí por la Cañedo (Hoy Francisco Villa) pegado al parque del ferrocarril, y bueno así era la cosa; y cabe aclarar que la gran mayoría, aun los que trabajaban, estudiaba, sí señor, unos en la Anatolio Ortega que quedaba ahí cerca y otros lo hacían en los vagones que se habilitaron como salones. Ahora bien, a pesar del ambiente que los rodeaba todos se la cotorreaban bien machín, ya fuera en la explanada que le llamaban entonces “El llano”, ahí se la pasaban jugando al beis o al fut, otros allá por las vías en la Machina cerca de la estación o por el rumbo del embarcadero ahí iban empuje y empuje unos de ida y otros de vuelta, incluso hasta los furgones empujaban. Muchas veces la descarrilaba y allá iban para la casa unos molidos y moreteados pero felices. También la cotorreaban paseándose en los caballos que dejaban los arañeros en el llanito, y sobre todo disfrutaban yéndose en bola a bañarse al canal. Por cierto, ahí en la tumba de Malverde todas las tardes había unos chavos que para tener algo de lana para la escuela, juntaban la cera derretida de las velas y veladoras que la gente le ponía al “Santo”, porque una señora se las compraba, luego ella la hervía en unas latas mantequeras para reciclarla y ya que hervía le quitaba toda la suciedad que quedaba arriba y listo hacía nuevas velas y veladoras para venderlas. 

EL FIN DE LA REDONDA

El gobernador Alfonso G. Calderón, desde su llegada a la gubernatura se había propuesto entre otras cosas modernizar los palacios de gobierno de todo el estado cambiándolos por funcionales Unidades Administrativas, y el sitio que eligió para la Unidad de Culiacán, fue precisamente el predio de la Redonda, y de inmediato mandó a representantes para que los colonos desalojaran los terrenos, sin embargo, no contó con que estos además de agresivos resultaron bastante listos porque a las primeras de cambio órale tramitaron un amparo con el Lic. Guerra Aguiluz que se las sabía de todas, todas, y pos nomás no hubo de piña.

El sexenio de G. Calderón ya iba a más de la mitad, estaban en el cuarto año, ya se habían hecho e inaugurado varias unidades en los otros municipios y le urgía hacer la de aquí, la de Culichi, porque pues esa sin lugar a dudas sería la obra por la que todos lo recordarían, la bronca es que cuanto emisario o emisaria mandaba y ofreciera lo que ofreciera, así fueran las perlas de la virgen, regresaba con las manos vacías.

Fue así que al último emisario que mandó como último recurso fue al Profesor Guillermo Castro Ugalde, quien en menos de 15 días convenció a los habitantes de las colonias: La Redonda y la Ruiz Cortines, para que desalojaran el lugar  sin ninguna violencia, simón, logró lo que los demás no lograron en 2 años 9 meses, recuperar rápidamente todo el terreno el cual fue expropiado el 5 de octubre de 1978, iniciándose con ello la edificación de la Unidad Administrativa, obra cuya construcción duró 20 meses.

Guillermo, pese a tener entonces solo 32 años, ya tenía el colmillo retorcido en el manejo de hablar en público y en el de las personas, pues ya había sido líder de colonias por parte del PRI desde el 72; así que lo primero que hizo al llegar a La Redonda fue hablar con Gabino y el “Mono” Armando y su hija era el dirigente de la colonia ferrocarrilera a quienes les expuso que el gobierno del estado les ofrecía casas nuevas, hecha de material a cambio de los terrenos, que él se comprometía personalmente a irles entregando las casas y terrenos con los papeles totalmente en regla y a su nombre en la nueva colonia Ruiz Cortines a quienes fueran aceptando y dejaran su predio.

Una vez que convenció a los líderes armaron una reunión general con todos los vecinos de ambas colonias. Ante de empezar ya con el maestro Ugalde listo para aventarse su discurso, llegó sin camisa y gritando a todo pulmón Críspulo Villa, un viejo ferrocarrilero que era bastante picudo:

 ¡¡¡ QUE CHINGUE A SU MADRE EL REPRESENTANTE DEL GOBIERNO!!!

Aquel grito hizo que al profe se le subiera la adrenalina y de volada contestó:

¡¡¡MUCHAS GRACIAS POR ACORDARME DE MI MADRE!!! ¡¡¡HACÍA TIEMPO QUE NO ME ACORDABA DE ELLA, PERO CHINGA LA TUYA, AQUÍ VENGO A RESPETAR Y QUE ME RESPETES CABRÓN!!!, y todos los de la asamblea soltaron la carcajada y con eso tuvo el compa, porque picudo como era, estaba acostumbrado a que nadie le contestara, al ver que era la burla de los demás mejor se fue con la cola entre las patas; momento que Ugalde aprovechó para iniciar su discurso así:

Sí, yo soy el representante del gobierno, pero yo no voy a sacarlos de aquí, si no cumplen con lo prometido… ahí les dijo todo lo del terreno de su propiedad y con escrituras, pagarles el valor de su casa, más un 10 %, llevarles todos los materiales de la casa, energía eléctrica, agua potable, drenaje, escuelas, servicio de transporte, etc. Total, que los convenció y poco a poco fueron acercándose para conveniar el cambio. Por cierto, a los primeros desalojados les dieron casa ahí en la Salvador Alvarado, colindando con Lomas del Boulevard y a los demás en las nuevas colonias la Ferrocarrilera y la nueva Ruiz Cortines.

Total que al final solo quedó una familia, que nomás no aceptaba y no aceptaba, era el caso  de la señora Inés, cuyo hermano era ferrocarrilero y su papá, llamado Pedro, que era un peluquero ambulante; y pos nomás no querían salirse, y no podían obligarlos porque pues estaban amparados por el Lic. Guerra Aguiluz.

Guillermo fue a hablar con ellos y les dijo:

— A ver ¿Qué es lo que ustedes piden para que dejen esta casa? Y le contestó doña Inés:  

— Pues si quieren que nos salgamos denos la casa que está en tal parte de la Aguilar Barraza.

Ugalde fue a ver la mentada casa y era como un castillo, habló con el dueño y no quería venderla porque la querían mucho y bueno, después de su labor de convencimiento el propietario accedió, pero la sobrevaloró, le dijo que si la quería le costaba 236,000 pesos. Aquello era mucho, pero era la única forma de sacar a la última familia, así que fue directamente con el gobernador y le expuso el asunto. Calderón después de escucharlo le dijo que no había problema que tenía carta blanca, de modo que al siguiente día la familia ya tuvo lo que quería.  

Total que con la construcción de la Unidad Administrativa las familias de la Redonda mejoraron en muchos aspectos y posición social, pues los indemnizaron y adjudicaron casa de material con los servicios básicos, a cambio del terreno y chiname donde vivían y hasta cancha les hicieron, y ahí están, en lo que ahora se llama la colonia Ruiz Cortines o Ferrocarrilera, a un costado del CECATI 28.

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