Economía

La crisis del COVID-19 revela la precariedad laboral en Sinaloa (Parte 1)

El 60 por ciento de los trabajadores no tiene prestaciones y vive con menos de dos salarios mínimos.

Lee la segunda parte de esta serie de historias aquí.

En el mundo se ha establecido una recesión económica que se ha agravado por la pandemia por SARS-CoV2 (COVID-19). Es una crisis que ha revelado otra, la de la precariedad laboral.

“Yo me quedé sin trabajo, soy cobrador, porque la gente no está abonando. La gente dice que va a comprar comida y qué le dices. Yo, la verdad, fui y compré dos carteras de huevo, porque es el más indispensable, y media arpilla de papa”, dijo Jorge Vargas, de 40 años.

“Trabajo para una compañía mueblera, pero ahorita ya no va a haber trabajo. Yo ayer fui a cobrar, lunes y martes cobro unos 4 mil o 5 mil pesos y ahorita cobré mil pesos y de eso me dan el 15 por ciento, que son 150 pesos y ahorita en las dos carteras de huevo me gasté unos 70 pesos”.

Jorge tiene 22 años de casado, vive con su esposa, Verónica, en una casa de madera y cartón desde hace 3 ubicada en una invasión junto al panteón municipal 21 de marzo. Ese lugar lo construyeron ambos con 8 mil pesos que ahorraron por el trabajo de cobranza.

Ella, de hecho, no trabaja, pero hay ocasiones en que vende ropa en tianguis.

El trabajo de los dos es inestable. Reconocen que no es el óptimo ni el deseado, pero es el que han conseguido.

Ahora, les dijeron que se queden en casa, pero, ¿cómo quedarse cuando viven para comer al día?, Jorge lo resume en una línea.

“Es que no nos podemos quedar en casa, hay que movernos, corretear…”, expresó.

“También yo le ayudo a mis papás, mi papá va a cumplir 70 años y ahorita hay que apretarse”.

El trabajo de Jorge es el de ir a cobrar muebles que fueron dados a crédito. Su sector está al sur de Culiacán, donde va, toca puertas, visita a personas y les cobra.

“Yo le he ido a cobrar a la gente, pero no hay, me dicen ‘o comemos o le abonamos’, y uno qué les dice”, señala.

La empresa para la que trabaja solo le ha dado una ruta y la promesa de pagarle el 15 por ciento del dinero que logra cobrar entre los clientes.

No sabe cómo hará de viejo, pues no tiene Seguridad Social ni otra prestación en caso para su jubilación.

Solo que eso no le preocupa, no ahora que la contingencia por COVID-19 ha puesto de cabeza al planeta por el número de personas enfermas y fallecidas a causa de la enfermedad que no tiene, a la fecha, una cura.

“Yo tengo un guardadito en el banco, de unos mil 800, pero no lo he querido agarrar porque sé que nos lo vamos a gastar, vale más esperarnos porque no sé cómo venga esto. Por sí o por no hay que cuidarnos también”, mencionó.

“A mí, siento, que me va bien, pero esto nos pegó mucho. Si esto le ha pegado a empresarios, ahora imagínate a nosotros, a los que trabajan por la cuenta, con negocitos…”.

Él, Jorge, forma parte de la población más vulnerable en Sinaloa sobre términos económicos para afrontar la crisis.

Está dentro del 64 por ciento de las personas ocupadas en la entidad, que en total son 896 mil personas que trabajan en las actividades de comercios y servicios.

“Los sectores más afectados serían los comercios y servicios por las características que tienen, que son los que en esta temporada, y también en los meses siguientes, suelen ser los más visitados, no solamente por los turistas, sino por las personas que aprovechan estas fechas para salir a pasear y comer, etcétera”, estableció Rafael Figueroa Elenes, Economista, coordinador general del CEDEL, exdirector de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UAS y actualmente se desempeña como profesor e investigador de la UAdeO.

En un análisis para ESPEJO, explicó que las actividades terciarias, como el comercio, particularmente el comercio al por menor y el comercio al por mayor, significan el 25 por ciento del PIB estatal.

“A quienes realmente les va a afectar son a las personas de bajos ingresos, los que viven al día, los que tienen que salir a trabajar a fuerzas, que no pueden atender este llamado a quedarse en casa”, señaló el Académico.

A los comercios y servicios, se suman también los trabajadores del sector turístico, que representa el 15 por ciento de la ocupación total en la entidad está vinculada a las operaciones turísticas. Es decir, al menos 210 mil personas que se verán afectadas por las restricciones de salir.

En Sinaloa, alrededor del 60 por ciento de la población ocupada sobrevive con menos de dos salarios mínimos diarios.

Esas personas han sido registradas por el INEGI como empleados y como líderes de empresas pequeñas, en las que trabajan de una a cinco personas.

De hecho, la mitad de los empleos contabilizados por el INEGI son informales, por lo que las personas que trabajan en estos no cuentan con prestaciones, como Seguro Social e Infonavit.

En esta crisis, la que apenas va comenzando con el cierre temporal de empresas, restricciones de visitas y cancelaciones turísticas, se suma que más de la mitad de las personas ocupadas de forma laboral, tendrán dificultades para poder realizar otras actividades que puedan reactivar la economía.

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