Economía

Cuidarse del COVID-19 o sobrevivir en la informalidad

Quienes hoy viven en la informalidad requieren de soluciones inmediatas. Por ahora, para protegerse en sus casas, requieren de apoyos para sobrevivir y no perder sus empleos.

Se denomina empleo informal a todas aquellas actividades laborales realizadaspor personas que trabajan y perciben ingresos al margen del control tributario del Estado y de las disposiciones legales en materia laboral. Son parte del empleo informal el que realizan los trabajadores independientes, los vendedores ambulantes, las trabajadoras de servicio doméstico, los limpiavidrios, entre otros. Se trata de empleos que en general son mal remunerados y ofrecen condiciones laborales inciertas y de gran vulnerabilidad, en tanto  carecen de protección social y no ofrecen estabilidad económica para los trabajadores. Son características también de este tipo de empleo, los despidos sin compensaciones, la exigencia de trabajar horas extra o turnos extraordinarios y el incumplimiento de los beneficios sociales, como pensiones, las incapacidades por enfermedad o el seguro de salud.

Un estudio realizado por la Organización Internacional del Trabajo, revela que al menos el 60 por ciento de la población empleada a nivel mundial se encuentra en la economía informal. Se trata deal menos dos mil millones de personas pertenecientes a la población empleada del mundo, que en su mayoría se encuentran en países emergentes y en desarrollo. De acuerdo con el estudio, las cifras de la informalidad varían en las distintas regiones del mundo, siendo África, con el 85.8 por ciento, la región con la mayor participación del empleo informal en el total de la población empleada. Le siguen los Estados Árabes con el 68.8 y la región Asia Pacífico con el 68.2 por ciento. La lista la completa América con el 40 por ciento y, Europa y Asia Central con el 25.1.

El estudio destaca también, que en la mayoría de los países de bajos y medianos ingresos, son las mujeres quienes están más expuestas al trabajo informal, ya que de los dos mil millones de personas que se encuentran en esta situación, al menos 740 millones son mujeres. Menciona, además, que la educación y el pertenecer a la población rural, influyen de manera importante al momento de conseguir un empleo formal. Según el documento, las personas que poseen estudios a nivel secundaria o una carrera universitaria, tienen más probabilidades de adquirir un empleo formal, frente a aquellos que solo han completado la primaria o que simplemente no han tenido acceso a la educación. De igual forma, quienes viven en áreas rurales, tienen casi el doble de probabilidades de tener un empleo informal, en comparación con quienes viven en áreas urbanas.

También es importante saber que el nivel de informalidad es mayor entre los jóvenes (15-24) y personas mayores (65+). En todo el mundo, tres de cada cuatro jóvenes (77.1%) o personas mayores (77.9%) están en el empleo informal. Esta también es la forma de empleo más probable para los jóvenes en los países emergentes y en desarrollo. Además, es más probable que el empleo de personas mayores sea informal en comparación con los jóvenes, independientemente del desarrollo socioeconómico del país o región.

La informalidad se relaciona con el nivel de desarrollo económico y social. Una medida del desarrollo social es el Índice de Desarrollo Humano (IDH), que combina indicadores de vida duradera y saludable, adquisición de conocimientos y disfrute de un nivel de vida digno. Lo que se aprecia al comparar los datos nacionales sobre el empleo informal como porcentaje del empleo total, con los valores del IDH, es que en los países con mayor informalidad, el índice tiene un valor menor. También hay una relación negativa entre el nivel de PIB per cápita y el porcentaje de empleo informal en el empleo total. Tanto el nivel de PIB per cápita como su crecimiento son elementos potencialmente importantes para reducir la informalidad, tener impacto en la generación de empleo y en la capacidad económica de las unidades económicas y los trabajadores. Por otra parte existe una clara relación positiva entre pobreza e informalidad; así, las personas en situación de pobreza, enfrentan índices mayores de empleo informal.

En México, considerando todas sus modalidades, el empleo informal genera aproximadamente el 23 por ciento del PIB y la tasa de informalidad (empleos informales entre empleo total) es de 53.4, lo que significa que más de la mitad de la población ocupada se encuentra en la informalidad. La cifra es mayor en el caso del mercado laboral femenino ya que, para ellas, la informalidad es de casi el 60 por ciento. Para tener una referencia, conviene saber que en Brasil la tasa de informalidad es menor, 46 por ciento y en Estados Unidos es de apenas 18.6 por ciento, 17.8 en el caso de la mujeres.

Para nuestro país, la tasa de informalidad es mayor en la población ocupada rural, 58.6 contra 46.9 por ciento de la población empleada urbana. Las cifras varían también dependiendo de la condición del trabajador, 46.3 para los empleados, 41.2 para los empleadores, 66.6 para quienes trabajan por su cuenta y 100 por ciento para quienes se desempeñan como familiares auxiliares. De igual forma varía dependiendo del sector económico en el que se desempeñen los trabajadores informales. En la agricultura la tasa es del 54.7 por ciento, del 50.4 en la industria y de 54.4 en el sector servicios. Destaca el hecho de que la tasa de informalidad para el mercado laboral femenino es de 72.8 por ciento en la agricultura y de 60.8 en los servicios.    

Por entidades federativas, la mayor parte (40.6%), tienen tasas de informalidad compatibles con la de los Países Árabes y en algunos casos cercanos a las tasas de África. Son tasas que se mueven entre el 60 y el 75 por ciento, siendo los casos extremos, Oaxaca con 75 por ciento, Guerrero con 73, Hidalgo 71, Tlaxcala 68 y Puebla con 66 por ciento. En el otro extremo, con tasas entre 30 y 40 por ciento, similares al promedio de América, se tiene a Chihuahua con el 33 por ciento, Coahuila 34, Nuevo León 36, y Baja California Sur y Baja California con 37 por ciento. Sinaloa se ubica a media tabla con una tasa de informalidad cercana al 50 por ciento (47.7%). 

Las variables que en los ámbitos nacionales vinculan la informalidad con el nivel de desarrollo económico y social, establecen relaciones similares, al menos en México, en los ámbitos sub nacionales. Un análisis de correlación realizado por el CEDEL, evidencia que las entidades federativas con mayores tasas de informalidad, son al mismo tiempo las que presentan las mayores tasas de pobreza y desigualdad laboral. Los coeficientes de correlación son, respectivamente, de 0.839 y 0.490, y ambos resultan altamente significativos. Chiapas, Guerrero y Oaxaca, son las entidades que presentan las mayores tasas de pobreza y desigualdad laboral. En un ranking de menores a mayores tasas, Sinaloa ocupa, en ambos casos, la novena posición.

Con la productividad laboral y el IDH, la tasa de informalidad presenta correlaciones negativas, lo que significa que donde la informalidad es mayor, la productividad de los trabajadores es menor y más bajos también los indicadores asociados al ingreso, la salud y la educación que reciben. En este caso, los coeficientes de correlación son, respectivamente, de -0.347 y -0.680, también con altos niveles de significancia. De nuevo, Chiapas, Guerrero y Oaxaca ocupan las últimas posiciones en el indicador de productividad laboral y en el IDH. Sinaloa ocupa la posición 16 en productividad laboral y el puesto 5 en el IDH.

Finalmente, el análisis de correlación confirma la relación inversa entre la informalidad y el bienestar económico, medido a través del PIB per cápita. El coeficiente de correlación es de -0.386 y reporta un alto nivel de significancia. Otra vez, Chiapas, Oaxaca y Guerrero se ubican en las últimas posiciones del PIB per cápita, influenciados por los altos niveles de informalidad que prevalecen en esas entidades. Sinaloa se ubica en la posición 17.    

En consecuencia, las cifras muestran que para millones de mexicanos la tarea no es fácil. En el escenario de la pandemia que nos agobia, todos los días, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, viviendo en el campo o la ciudad, tienen que salir a ganarse la vida y resolver entre morir contagiado o morir de hambre. En general, aquellos que sobreviven en la informalidad, son los mismos que alimentan las cifras de pobres moderados y extremos, son los mismos que en Sinaloa y en todo el país sobreviven con menos de un salario mínimo.  

Es verdad que la informalidad empezó a tomar fuerza  a partir de que México comenzó a industrializarse y miles emigraron del campo a la ciudad buscando mejores oportunidades. Se generó entonces un desbalance entre la demanda laboral creada por la aplicación intensiva de capital en las industrias bajo el nuevo modelo y una oferta generada por una masiva migración interna en búsqueda de estos trabajos, lo cual permitió el crecimiento de una clase trabajadora informal o auto empleada en múltiples actividades industriales y de servicios por fuera del sector moderno.

Pero también es verdad que la informalidad se potenció cuando el modelo neoliberal no cumplió con las expectativas con las que se anunció. A partir de entonces se contrajo el sector público y se dio la reducción de los puestos de trabajo en la industria anteriormente protegida, lo que propició un incremento del desempleo abierto y un significativo aumento de los trabajadores del sector informal. Al final, el resultado del nuevo modelo fue exactamente lo opuesto a lo que sus apologistas predijeron, una disminución del trabajo formal con un aumento paralelo del desempleo, el autoempleo informal y el trabajo desprotegido.

Las cifras lo revelan, ya que en 1980 el empleo informal representaba alrededor del 38 por ciento, poco más del 44 en 2003 y más del 53 por ciento en el 2020.

Quienes hoy viven en la informalidad requieren de soluciones inmediatas. Por ahora, para protegerse en sus casas, requieren de apoyos para sobrevivir y no perder sus empleos. Pero cuando la fase crítica haya sido superada, aquellos que se encuentran en la economía informal seguirán esperando que las cosas cambien.

Para que así suceda, la expectativa sigue siendo la misma. La implementación de un modelo que se ocupe de todo aquello que en el camino hemos ido dejando de atender. La desigualdad, el mercado interno, la transformación de la estructura productiva para impulsar mayor generación de valor agregado y no solo exportaciones, el financiamiento para el desarrollo y el robustecimiento de la hacienda pública. Además; redireccionar las políticas macroeconómicas, para ir más allá del enfoque actual centrado en la estabilidad de precios y el balance fiscal, para avanzar a un nuevo enfoque centrado en el crecimiento de la economía real (instituciones orientadas además a la promoción del crecimiento, la inversión y el empleo) y; promover la equidad en el sentido más amplio.

El Dr. Jorge Rafael Figueroa Elenes es economista, coordinador general del CEDEL, exdirector de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UAS y actualmente se desempeña como profesor e investigador de la UAdeO.

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