Salud

La mental, otra crisis que viene

“El hacinamiento satura y va a provocar problemas de depresión, de insomnio, de ansiedad, de episodios de pánico, de mucho estrés… mucha irritabilidad, muchos enojos”.

Esta situación, la del confinamiento por COVID-19, es inusitada, desconocida para todos. Agravó la crisis económica que ya se anunciaba, reveló una profunda crisis en el sistema de Salud pública y ahora trae consigo otra: la mental.

Estamos ante una pandemia que nos está llevando al extremo de nuestras propias capacidades, ha dicho Verónica de León de Cuetos, Terapeuta en Tanatología, Directora General de Déjalos Ir con Amor IAP.

“Entre la incertidumbre, el desconocimiento, la falta de información, la cantidad de noticias falsas hicieron que mucha gente se relajara y no tomara en serio que esto es verdad”, señala luego de analizar las cifras de personas contagiadas en Sinaloa, la segunda entidad con mayor número de fallecidos, de acuerdo a datos de la Dirección General de Epidemiología.

Hasta la noche del domingo, la Secretaría de Salud establecía que ya sumaban 236 casos positivos, de los cuales 186 se mantienen activos y 26 son fallecidos.

También se indicó que hay 24 personas que se habían recuperado y que 346 personas son sospechosas de ser portadoras de la enfermedad.

Al principio, cuando se daba a conocer de los brotes en Asia y Europa, se crearon imágenes con bromas, en las que se representaban posibles vacaciones familiares. Quizás las posibles vacaciones perfectas que se idealizaron pero no sucedieron.

Esto se fue acentuando, asegura De León de Cuetos, sobre el consumo de drogas, alcohol, alimentos y hasta pornografía.

“Está pasando que hay un desorden alimenticio, hay un desorden de la vigilia, del sueño, los horarios están totalmente alterados”, indica.

Pero no es que esto no se haya advertido, conforme ha avanzado la enfermedad en México se establecieron medidas drásticas, desde la suspensión de trabajos no esenciales hasta el cierre de centros turísticos, la suspensión de reuniones y la imposición de una “ley seca” para la venta de alcohol.

Todas esas previsiones han sucedido porque no se han acatado las medidas de resguardo en hogares.

Esa “desobediencia”, asegura la Terapeuta en Tanatología, obedece a que las familias no se prepararon para vivir en confinamiento.

“Hace falta el establecimiento de rutinas, de actividades a cada miembro de la familia, con rutinas y darles sus espacios, porque estar en un espacio, hacinados en algunos de los casos”, menciona.

Aunque la falta de rutinas no lo es todo. Las familias mexicanas hemos adoptado modos de supervivencia en hacinamiento, debido a las características en los modelos de casas habitación, sobre todo en colonias populares.

Ese tipo de espacios podría agravar la contingencia de salud en todos los sentidos.

“Porque habrá gente que tenga un lugar donde está la cocina, el comedor y dos recámaras”, asegura.

“Ese hacinamiento satura y va a provocar problemas de depresión, de insomnio, de ansiedad, de episodios de pánico, de mucho estrés o situaciones sintomatológicas como dolores de cabeza, dolores de estómago, mucha irritabilidad, muchos enojos”.

De hecho, a estas fechas, en plena Fase 2 de la contingencia, a la espera de que se agraven las medidas por escenarios catastróficos de contagios y muertes, ya hay conflictos familiares.

De León de Cuetos dice que hace falta observar a los alrededores, en las redes sociales, en los grupos de WhatsApp y las reuniones virtuales con compañeros de trabajo que ya hay expresiones de desórdenes.

“Uno de los principales duelos es la falta de la libertad, se perdió la autonomía y hacer lo habitual, porque se paró la rutina y nos dio un revés porque nos confinaron de una manera determinada para salvaguardar nuestra vida y la de nuestro seres queridos”, señala.

“Esto la gente todavía no se lo creía hasta que realmente el Gobierno decide cerrar y aquí en Sinaloa todavía no se están tomando las medidas necesarias desde la población”.

Para De León de Cuetos, este confinamiento solo puede ser llevado con la comprensión de la enfermedad y hacer un replanteamiento de vida.

“Hay que hacer un replanteamiento de nuestra vida, un replanteamiento de para qué me está tocando todo esto y hacer un análisis secundario”, asegura.

“Creo que vale la pena hacer una rutina para poder desarrollar, revisar nuestro correo electrónico, revisar nuestra casa desde una limpieza profunda, revisar qué comida estoy consumiendo, ir haciendo una serie de cosas que permitan el autocuidado. También se vale no hacer, pero creo que tenemos que aprovechar este desafío y sacar la mejor versión de nosotros”.

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