Tema de la semana

Tema de la semana | Los 5 engranajes de la maquinaria contra el Covid-19 en Sinaloa

Con las medidas de restricción a la movilidad humana y nuevas acciones sanitarias, el Gobierno de Sinaloa procede a prepararse para la fase de mayor incidencia de contagios por Covid-19, período en el que las autoridades y la población definirán el impacto que ocasionará la actual pandemia sobre las actividades económicas y el quehacer ciudadano en general.

Los momentos complicados que vivimos no nos resultan normales ni cómodos a los sinaloenses, sobre todo a los habitantes de los municipios de Culiacán y Mazatlán, que observamos a las ciudades inactivas, a la gente recluida en sus casas, a los policías y militares tratando de hacer obligatorio el operativo quédate en casa y al sistema de salud pública con esfuerzos sobrehumanos por atender a los enfermos.

Se trata, sin embargo, de un escenario extraordinario que exige la aportación excepcional de todos, sin que ninguno, absolutamente nadie, quede al margen de la más grande emergencia que haya enfrentado Sinaloa en la historia reciente. Lo que hemos hecho desde que a finales de febrero de 2020 fue detectado en Culiacán el primer contagiado por coronavirus es poco de cara a las capacidades y voluntades que deberán surgir en lo que resta de abril y gran parte de mayo.

Al ser la capital sinaloense el principal foco de casos de coronavirus, así como el vecino municipio de Navolato, la mayor parte de la energía ciudadana y gubernamental se concentrará en esta zona centro, llevando los pobladores una alta carga de responsabilidad en lo que debemos lograr en cuatro semanas cruciales.

Son cinco los engranajes fundamentales que urge sincronizar, sin probabilidad de fallos, para que funcione el gigantesco aparato activado contra el Covid-19:

  • El Gobierno: Es la parte tractora principal del plan de contingencia porque depende de la fuerza de éste el que se muevan y agilicen el resto de los componentes del sistema de respuesta. Principalmente, alcanzar la unidad social como gasolina que accionará toda la estructura; sensibilidad como grasa para que los embragues no se traben, y velocidad operativa para que el virus no rebase a las instituciones y ejércitos cívicos.
  • Sector salud: Representa la pieza vital de toda emergencia sanitaria y por lo tanto ningún recurso público, ayuda del sector privado, contribución comunitaria o solidaridad internacional está de más cuando se trata de hacer virar hacia la tranquilidad aquello que se coloca en permanente zozobra. Para avanzar en resolver la pandemia es forzoso equipar el sistema hospitalario, proteger al personal médico, garantizar los derechos de los enfermos, tener acceso a medicamentos y tecnologías terapéuticas, e informarle a la población del tamaño exacto de la contingencia.
  • La sociedad: Sin el empuje de ella nada correrá en la dirección correcta. Se trata del pulpo con mil tentáculos que simultáneamente debe espolear a las autoridades para que hagan lo correcto, asumir el aislamiento ineludible de las familias, organizar la comprensión y solidaridad al equipo médico, aportar lo que pueda en materiales de seguridad para hospitales y personal de estos, así como tender la mano a los sectores cuya vulnerabilidad los coloca en mayor riesgo.
  • Los sectores productivos. Aparte de la ayuda invaluable que ya han dado algunos grupos de la iniciativa privada sinaloense, la circunstancia a la que entramos demandará sacrificios de las empresas de todos los tamaños para mantener el empleo como elemento estabilizador de los hogares, vía salarios. En caso de flaquear el puntual económico que abona a certidumbre familiar, el resto de la maquinaria anticoronavirus puede resultar averiada.
  • El sistema educativo. Tiene el enorme reto de establecer los procedimientos y tecnología para afectar lo menos posible el derecho a la educación. Mantener en casa a los estudiantes es la cuota de las escuelas de todos los niveles a la estrategia de aislamiento y sana distancia, mientras que los planes de contingencia educativa deben ser tan efectivos para que la adquisición del conocimiento continúe a pesar de la clausura temporal del ciclo escolar.

Existen dos reglas de oro para trasponer contextos sanitarios de grave amenaza a la población: una, el permanente funcionamiento de alertas tempranas que identifiquen las amenazas en las etapas menos dañosas y, dos, la planificación oportuna y de gran visión de las operaciones para salvaguardar la salud pública. En la fase 3 que está por implementarse en las regiones de México con mayores casos de contagio, lo que hagamos o dejemos de hacer a escala individual o colectiva será determinante en los plazos de prevalencia del coronavirus y los costos a pagar.

Sinaloa se prepara para el período de mayor dificultad de la pandemia por el Covid-19 y todo indica que las autoridades y los sectores locales se articulan para quitarle la corona al virus, dando el ejemplo de otra batalla ganada a las adversidades. Las tareas que corresponden a cada parte son asumidas por la mayoría prudente y un pequeño segmento insensato enfrentará a la fuerza coercitiva que lo hará entrar en razón.

Sin duda vamos a salir bien librados de esta dificultad que cala la tenacidad de todo un pueblo poco dado a rajarse. El vigor cívico del sinaloenses sabe de las victorias que se obtienen mediante la cohesión y la tenacidad. Esta vez no será la excepción. Pronto la emergencia de salud pasará a ser el acontecimiento nuevo de nuestra indómita capacidad para levantarnos de las caídas.

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