Culiacán

El puente Negro

“Antes de su llegada la raza estaba así como somnolienta o aletargada, nada la conmovía y ese novedoso ajetreo fue como un despertar para la pequeña ciudad que era entonces eminentemente rural metiéndola de lleno al nuevo ritmo de la modernidad”.

Como ya les escribí en una ocasión sobre el puente Cañedo, ahora es el turno del puente Negro.

Así es mis estimados amigos, hablemos de este hermoso y emblemático puente de Culichi, el cual, afortunadamente, desde hace ya como unos quince años está protegido contra la corrosión, la depredación y los ratas, al menos es lo que dicen, pregonan y presumen las autoridades.

Pero bueno, vayamos al meollo de asunto; así que por principio de cuentas les diré que dicho puente fue construido por el ingeniero George Stranahan, quien era superintendente de la Southern Pacific. El mismo George fue quien hizo los cálculos técnicos y negoció con la empresa acerera de San Francisco para que fabricara las estructuras del Puente y también trajo mano de obra especializada de los Yunaires estates, y que bueno porque fue doble beneficio, simón, se los digo  porque con esos trabajadores gringos además de la construcción del puente también llegó a Culichi nada menos que el beis bol, sí señor, en ese entonces en culichi lo que más se jugaba era el frontón para el cual había  una cancha que le llamaban “El rebote”, ahí por la calle del pescado (hoy Zaragoza), pasando la de El Indio Triste ( Hoy Morelos),y bueno, ahí se la pasaba la raza jugando generalmente con la mano y pelotas de esponja, porque las raquetas ni de donde, pero cuando llegaron los güeros y empezaron a jugar al beis bol ahí en la Vaquita durante sus tiempos libres, los culichis de volada le agarraron el rollo y gusto a tal jueguito por lo que también de volada armaron equipos y en dos o tres meses hasta campeonatos hubo.

Pero bueno siguiendo con lo que sigue les diré que el tal ingeniebrio Stranahan era buena onda, simón, era muy sangre liviana el compa, siempre andaba sonriendo y saludando a todo mundo con su español mocho, convirtiéndose con ello en un verdadero personaje en la ciudad. Por cierto, como ya les dije en el texto sobre el Puente Cañedo, ahí metió su cuchara, pues ayudó al ingeniero Luis F. Molina a resolver la bronca técnica que representó la construcción de los pilotes del norte y las arcadas principales del Puente y que fueron similares a las del Puente Negro, adquiridas estas últimas por el Gobierno del Estado y el Ayuntamiento de Culichi, y fue por eso que ambos se parecían a tal grado que por décadas la raza los consideró como puentes hermanos, y como no, si los arcos o arcadas eran muy similares.

La hermandad de los puentes duró hasta 1958,  ya que ese año fue cuando el general Gabriel Leyva Velázquez, entonces gobernador del estado, tuvo la malísima idea de quitarle las estructuras de acero al Puente Cañedo dizque para construir un nuevo tramo más amplio sobre el rio Tamazula y pos como nadie dijo nada así quedó el asunto, se hizo el nuevo puente y las estructuras o arcadas no se usaron y quedaron tiradas  a ambos lados del nuevo puente por mucho tiempo, hasta que desaparecieron, según cuentan las malas y buenas lenguas que dicha estructura terminó siendo vendida como fierro viejo a Altos Hornos de Monterrey.

Pero volviendo a lo que estábamos, fíjense que, si bien es cierto que sabemos varias cosas sobre dicho puente, lo que no sabemos a ciencia cierta es cuando diablos fue realmente inaugurado, ya que algunos dicen que fue el primero de junio de 1908, otros que no que fue el 28 de ese mismo mes y año; pero hay otros que no que ni mangas que eso fue antes por allá a fines de 1907, vayan ustedes a saber cual es la verdad. Pero bueno como luego dicen “haiga sido como haiga sido”, ahí está desde hace más de cien años formando y conformando parte de nuestra identidad culichi,  sí señor. Y esto es debido a que dicho puente desde que se inició su construcción atrajo la atención y el asombro de los culichis pero machín porque la verdad sea dicha, antes de su llegada  la raza estaba así como somnolienta o aletargada, con el discurrir un tanto modorro o monótono de los días simón, nada la conmovía y ese novedoso ajetreo fue como un despertar para la pequeña ciudad que era entonces eminentemente rural metiéndola de lleno al nuevo ritmo de la modernidad.

Entonces les decía que no sabemos a ciencia cierta cuando fue la inauguración de dicho  Puente, pero si sabemos que fue inaugurado por el general Cañedo, y que hubo una ceremonia oficial con  los discursos usuales y toda la cosa, incluso también se sabe que en dicha ceremonia George Stranahan, su constructor, dijo con su defectuoso español que el puente adelantaba una época de esplendor para Culiacán por primera vez, luego el ferrocarril pasó por encima del rio. Después cuando llegó el primer tren de pasajeros, para inaugurarlo hubo una llamativa ceremonia a la que le llamaron “Poner el clavo de oro”, la cual consistió en que el gobernador Francisco Cañedo le diera un martillazo a un clavo dorado, y quedara fijo en la vía, dudo mucho que haya sido de oro, pero pues quien sabe.

Total, que, la novedad de la llegada del tren sud pacífico, causó tanto alboroto y expectación que de volada los plebillos y uno que otro grande, agarraron la onda de que en cuanto oían el pitido del tren acercándose a la ciudad, de volada corrían y se ponían bajo el puente para sentir y ver pasar sobre su cabeza la pesada y ruidosa locomotora de vapor, sabrá Dios qué les causaba esa sensación pero les gustaba porque lo repetían una y otra y otra vez.

El Puente Negro mide casi un kilómetro hasta los terraplenes, y se dice que en aquel tiempo tuvo  un costo de medio millón de dólares.

Pero no todo sobre el puente Negro ha sido dicha y dulzura por principio de cuentas no cuenta con un nombre oficial, lo de puente negro se lo puso la raza debido al color de la pintura anticorrosiva que se le puso, pero al principio solo se le conocía como “el puente del ferrocarril”. Otra, ha habido a quienes les parece que el puente carece de toda estética, incluso lo califican de “grotesco”, y más, aún, lo han considerado “peligroso”, simón, peligroso y eso no es de ahora, sino desde su misma construcción, ya que algunos medios de la época lo consideraron como obra indeseable.

Verán. En aquel tiempo decía un encabezado: “Una obra peligrosa: un verdadero dique que puede acarrear verdaderos trastornos a la ciudad”, y El Monitor Sinaloense, que era entonces el periódico más importante, en su edición del 1 de mayo de 1908, publicó los siguientes comentarios en relación con su construcción:

“La Compañía del Sur Pacifico construye un puente sobre el rio Humaya, desde Las Juntas hasta La Ladrillera, inmediato a esta ciudad.

Se ha levantado en el cauce del rio desde la margen derecha, un muro de arena que será rellenado de concreto a fin de resistir el empuje de las corrientes, y de conservar la estabilidad del puente. Este muro ocupa aproximadamente las tres cuartas partes del lecho, quedando el resto para el curso de los ríos confluyentes, el que será canalizado por la poderosa compañía, según se afirma.

Se nos ocurre preguntar si esa obra, tal como se hace, no constituye un peligro para la ciudad de las grandes crecientes pluviales, pues de hecho hay un dique que intercepta el curso libre de las aguas. Las inundaciones serán mayores, inevitablemente, y las circunstancias de encauzar las comentes por un estrecho canal (que dudamos sea muy profundo, y, sobre todo, que no se azolve) impulsor, por lo pronto de un modo vigoroso, las aguas torrenciales de nuestros ríos, destruyendo los terrenos de nuestros pueblos inmediatos.

Llamamos la atención de las autoridades y de los que más saben de estos asuntos, por si las ideas apuntadas fueron dignas de tomarse en cuenta, y que más tarde no tengamos que lamentar nuestra falta de previsión para asegurar la vida e interés de nuestros semejantes”.

Quiúbole, ¿no se los dije?, desde entonces tuvo sus contrapesos.

Ahora bien, como bien dijo el periódico, Culichi es una ciudad de grandes crecientes pluviales, y eso quedó más que demostrado y lo podemos apreciar en varias fotos que existen del 18 de septiembre de 1917 día en que hubo una enorme creciente de los ríos Humaya y Tamazula, y que al unirse frente al Puente Negro formaron una masa de agua con tanta presión que rompió uno de los pilares que unía dos secciones de la estructura. El tránsito ferroviario se interrumpió el 18 de septiembre y sólo se pudo reanudar en diciembre del mismo año, después de trabajos a marchas forzadas”.

Muchos años después, antes de que se construyera el Puente Almada, el tránsito vehicular creció rápidamente, y cuando el vado de concreto quedaba bajo las aguas enfurecidas del rio. el Puente Negro fue utilizado por todo tipo de vehículo para salvar el río Culiacán. De esta manera, camiones de pasajeros y de carga continuaban el tránsito hacia el norte o el sur, de modo que el Puente Negro, además de ser como ya dije un emblema, sirvió como solución emergente para que siguiera en función el transporte carretero y por supuesto el automovilismo local.

Mario Alvarado

Es escritor y cronista sinaloense. Es encargado del programa de narraciones de historias y leyendas del viejo y nuevo Culiacán el cuál tiene desarrollandose ya dos años en el Casino de la Cultura cada dos miércoles de 6:30 a 7:30 PM. Ha escrito varios libros, el último “Narraciones y Leyendas de Culiacán”, el cual reúne más de 30 de estas historias y vivencias de los culichis.

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