Legalidad

LO LEGAL ES | Las reglas de la pandemia 7: Cuando el destino nos alcance

Hace unos días, el gobierno federal dio a conocer la versión preliminar de una Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica, que ha causado una tremenda polémica, ¿de verdad es una Guía 007, que da licencia para matar?

Estos eran dos náufragos y una sola tabla de salvación. El problema fue planteado por el filósofo griego Carnéades de Cirene en el siglo III a.C. y presenta la situación de dos marineros que han naufragado y hacen por llegar a una tabla que solo soporta el peso de uno de ellos; para salvarse, A empuja a B lejos de tabla y éste muere ahogado. ¿Es culpable de asesinato A por la muerte de B?

En derecho penal a esta cuestión se le conoce como la Tabla de Carnéades y es el ejemplo clásico del estado de necesidad, una de las cusas de justificación en las que se estima que la conducta de la persona no va contra el derecho, y por lo tanto, no existe delito.

Tanto el Código Penal Federal, como el de Sinaloa, establecen que el delito se excluye cuando se obra por la necesidad de salvaguardar un bien jurídico (propio o ajeno) de un peligro real, actual o inminente, que no fue ocasionado por el agente, y se lesiona otro bien de menor o igual valor que el salvaguardado. En el ejemplo de Carnéades, A actuó por necesidad de salvar su propia vida y extinguió la vida de B.

Estos eran dos enfermos y un solo pulmón artificial. Muchos siglos después, el profesor español Santiago Mir Puig plantea un nuevo problema para el estado de necesidad: “el médico sólo dispone de un pulmón artificial y se encuentra ante dos enfermos que lo precisan y a los cuales tiene el deber de auxiliar”.

Si muere el paciente que no recibió el pulmón, ¿es culpable de asesinato el médico?

Aquí no estamos frente a la necesidad de salvar un bien por nosotros mismos, es un tercero quien debe decidir entre dos personas titulares de bienes de igual valor. La doctrina estima este caso como una colisión de deberes y, sea cual sea la decisión del doctor, se trata de una manifestación particular de un estado de necesidad. En consecuencia, tampoco existe delito.

Esta era una sola Guía y dos implicaciones: ética y legal. Es importante establecer, de entrada, que la Guía parte de establecer que será aplicada cuando la capacidad existente de cuidados críticos está sobrepasada, o cerca de ello, y no es posible referir los pacientes que los requieren a otros servicios de salud.

A continuación, nos presenta una metodología para establecer la prioridad que debe asignarse a los pacientes, respecto de los recursos escasos de medicina crítica. Este sistema que pretende salvar la mayor cantidad de vidas, pero también la mayor cantidad de años-vida, es el que se ha criticado con dureza, pues en el afán de ser objetivo, asigna puntajes a los enfermos en los que se beneficia a quienes tienen mayor probabilidad de sobrevivir y que no presenten comorbilidades, es decir, trastornos o enfermedades que impactan la supervivencia a largo plazo.

Son los criterios bioéticos para determinar la asignación de recursos los que han desatado la polémica.

Desde el punto de vista jurídico, la Guía significa un manual de reglas para resolver el conflicto de deberes que se presenta en el estado de necesidad, pues plantea de inicio el peligro que significa la escasez de recursos y establece un orden de asignación de tales recursos.

El escenario ideal es que ningún médico se vea frente a una situación en la que tenga que decidir entre cumplir su deber de salvar a una persona enferma en perjuicio de otra. Pero, dada esa circunstancia, es mejor contar con una guía, que siempre puede mejorarse, a no contar con nada.

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