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Muñoz Ledo, brillante lucidez en el sombrío fanatismo

“Yo soy miembro de Morena, pero soy Porfirio Muñoz Ledo. No es un privilegio, sino una tarea que el país reconoce”.

La puntual indisciplina frente a los errores del gobierno, así sea el régimen que ofreció la gran transformación, confirma a Porfirio Muñoz Ledo como la voz que México necesita en estos tiempos en los que la crítica fundada en la libertad de expresión pierde terreno de cara a tentaciones autoritarias que, como en los años de la llamada dictadura perfecta, intentan forzar la megalómana unanimidad elogiosa.

A sus 86 años, con una larga trayectoria de dignidad en la política mexicana, Muñoz Ledo derriba como lo ha hecho siempre la barrera del culto ciego al presidente en turno, oponiéndose a determinaciones que arriesgan lo que ha ganado el país en libertades, democracia, combate a la corrupción y unidad nacional. “No soy un borrego, y no me voy a callar si veo excesos”, reitera en su histórica rebeldía.

Se ha instalado como factor de equilibrio entre el Movimiento Regeneración Nacional que es seducido por el totalitarismo, y los partidos Revolucionario Institucional y Acción Nacional que añoran el restablecimiento de viejos y dolorosos agravios. Es defensor de la hazaña democrática del primero de julio de 2018, sin embargo, no le da en blanco el cheque de confianza a la llamada Cuarta Transformación. Es quien le colocó la banda presidencial a Andrés Manuel López Obrador.

Califica como “un acto fallido que afortunadamente logramos entre muchos que se parara” el reciente intento del presidente López Obrador para sacar adelante la iniciativa que le otorgaría facultades amplias para modificar la aplicación del presupuesto federal sin consultar al Congreso ni rendir cuentas, tomando como pretexto la actual emergencia sanitaria por coronavirus.

“Yo soy miembro de Morena, pero soy Porfirio Muñoz Ledo. No es un privilegio, sino una tarea que el país reconoce, tengo una singularidad y no soy un borrego, no les sigo ni lo haré”, puntualiza quien es amigo de AMLO y lo ha acompañado en las tres campañas electorales en que buscó el cargo que hoy ocupa. Es, en síntesis, la lucidez, ideario y voz en la conciencia que la 4-T necesita para cumplirles no sólo a los 30 millones de mexicanos que le dieron el sufragio, sino a la Nación entera, que lucha por reedificar a México inclusive desde las cenizas.

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