Salud

Los Esenciales | “Aquí todos piden pizzas”

Hay tantas cosas, pero Luis Gustavo ha comprendido algo: en esta contingencia la comida más usual es la pizza.

Luis Gustavo tiene 24 años, estudia ingeniería industrial y esta contingencia sanitaria por Covid-19 le echó abajo la oportunidad de viajar a hacer su residencia en una fábrica de Guadalajara.

“Estoy estudiando todavía y quería irme a las residencias, pero ya con esto me paré”, dijo, mientras sacaba de su mochila verde, con el logotipo de Uber Eats, una bolsa con dos platillos que recién habían sido pedidos.

Ese día, el 19 de mayo, llegó en moto, cobre bocas y guantes de látex, como la mayoría de los repartidores de la plataforma que durante esta contingencia ha sido necesaria para saciar antojos y el hambre para quienes no quieren o no pueden cocinar.

En el Mundo se calculan 5 millones de personas contagiadas por Covid-19, de las cuales 328 mil son muertes. En México se ha establecido que suman 56 mil 594 personas que enfermaron y 6 mil 90 fallecieron. En Sinaloa son 2 mil 148 casos confirmados y 326 muertes.

Esta enfermedad obligó a millones de personas a confinarse en sus casas, a cambiar sus áreas de trabajo y adaptarlas en sus comedores, recámaras y convertirlos en un estudio personal o compartido.

Eso fue una determinación sanitaria tomada por autoridades en distintas regiones, como Sinaloa, donde también incluyeron el cierre de restaurantes.

Pero esas cadenas son una fuente de ingreso importante para la economía local, de la que dependen miles de familias, por eso la restricción se limitó a permanecer abiertos, aunque nadie pueda sentarse en los comedores a comer, solo pueden servir comida a través de entrega directa para llevar o servicio a domicilio.

“Hay mucha gente que pide, yo trabajo medio día y termino haciendo unos 25 servicios, pero si te pones las pilas puedes hacer hasta 40, y ya la ganancia es muy buena”, comentó mientras sacaba el pedido de la mochila.

El reto fue adaptarse en medio de esta contingencia al comercio electrónico o aventurarse a esperar a que los clientes llegaran a las sucursales.

Hay, de hecho, distintas plataformas, Uber Eats, Rappi, DiDi Food, Ding y otras más, o bien, mantener el servicio a domicilio con su propio personal.

“A mí me gustó más esta, porque fue fácil y mucha gente la conocía. No tuve muchos requisitos, eran el acta de nacimiento, la licencia, darte de alta en Hacienda y la factura de la moto para comprobar que era mía”, explicó y luego contó que este trabajo lo empezó antes de que se dieran a conocer las medidas de restricción de “sana distancia” en el País.

Es simple conocer los nombres de las empresas repartidoras porque en las páginas oficiales de esos restaurantes está la disponibilidad, las promociones y las rutas, por eso ahora las calles están repletas de personas con mochilas cuadradas enormes, tanto como para cubrir medio cuerpo de ellas, solo para que ese ramen, pollo, sushi, carne asada, crepa, waffle, pastel o pizza llegue a tu casa con la misma temperatura que la pensaste.

Son “legiones” de hombres y mujeres motorizados, algunas más en bicicletas, para hacer ese servicio a domicilio, son los nuevos meseros o meseras, pero con responsabilidades más laxas, sin depender de forma directa de los restaurantes, pero eso sí, con trato directo al cliente y sus humores.

“A veces he llegado a entregar y las personas me reclaman porque algo llegó abierto o se tiró un poco, pero ese es problema de los restaurantes que no empacan bien, yo no puedo meter mano ahí”, dice Luis Gustavo mientras se coloca el casco, ya le ha sonado el celular para ir a repartir otro platillo.

Y hay tanta comida y tantos tipos de clientes, los que piden alitas o boneless, los que piden pasteles, crepas, waffles, helado, café caliente o frappe, los que piden sushi y, ahora que ya no hay restricción en la venta de alcohol, los que piden cerveza o vino a domicilio.

Hay tantas cosas, pero Luis Gustavo ha comprendido algo: en esta contingencia la comida más usual es la pizza.

“Fácil me aviento unos 15 pedidos de pizza todos los días, la gente pide y pide pizza, y de la misma marca, yo no sé qué tiene de especial, pero aquí todos piden pizza”, contó en modo de confesión mientras reía y se acomodaba en la motocicleta.

Ya era momento de irse, volver a la calle y conocer a más personas en sus casas, con sus humores y sus antojos, y cumplirles a cada uno a cambio de una propina cobrada en tarjeta por la aplicación o de forma directa por los clientes.

Volvió a sonar el celular y sí, era ir por una pizza.

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