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Y por si no bastara el Covid-19, ahora llega la incertidumbre del agro

El campo, otra vez, se ve obligado a dejar el surco y tomar el pavimento debido al incumplimiento de la federación en el pago de 4,150 pesos por tonelada de maíz.

La protesta de los productores de maíz que se realiza hoy en Sinaloa le incorpora tensión y desasosiego a la de por sí tirante situación de la economía sinaloense que es afectada por la emergencia en salud púbica y por la perplejidad derivada de la actitud del gobierno que no define cómo le entrará al rescate de tales actividades, convirtiéndose esta irresolución en golpe aniquilante para los componentes del desarrollo estatal.

El campo, otra vez, se ve obligado a dejar el surco y tomar el pavimento debido al incumplimiento de la federación en el pago de 4,150 pesos por tonelada de maíz, precio que en marzo de 2020 ofreció el Presidente Andrés Manuel López Obrador y que el gobernador Quirino Ordaz Coppel calificó como “un reconocimiento a los productores sinaloenses y a lucha que juntos encabezaron antes diferentes instancias federales durante muchos meses”.

Sin embargo, hoy está en entredicho el pago de ese precio objetivo y enoja a los maiceros la táctica de la mentira utilizada para desactivar las movilizaciones del agro, obligándolos a retomar la protesta en medio de la todavía preocupante propagación de la enfermedad Covid-19. Las organizaciones agrícolas del sector social y privado se concentran en diferentes puntos de la autopista Benito Juárez, desde El Carrizo hasta Mazatlán.

Mucho es lo que anda mal y bastante lo que se pone en riesgo cuando la palabra gubernamental pierde el plus de la certidumbre para aquellos sectores que mediante el trabajo lícito le aportan a la estabilidad nacional produciendo los alimentos que se requieren en la mesa de las familias y le abonan al esfuerzo en pro de la soberanía alimentaria del país. En 26 puntos de encuentro, las caravanas de productores y maquinaría de labranza le trasmiten hoy a la sociedad tal ruptura del esquema de reciprocidad donde el esfuerzo legítimo debe traducirse en seguridad económica para quienes lo realizan.

Agregarle más complicaciones a la recesión económica por coronavirus que muestra los primeros estragos en Sinaloa equivale a echarle gasolina al fuego de la indecisión que los gobiernos federal y estatal prenden por desentenderse de la reactivación y abandonar a sectores que necesitan de apoyos para conservar sus pequeños y medianos negocios y los empleos que derivan. Cuidado con abusar de la paciencia y resistencia de los que empujan el progreso y generan oportunidades de bienestar para los sinaloenses.

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