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En Sinaloa, el virus más devastador es el de la descoordinación

¿No se han dado cuenta que primero tienen que vencer al devastador coronavirus antes de pensar en el siguiente cargo de gobierno?

Los que están a cargo de las instituciones federales, estatales y municipales deben sentarse en la mesa del acuerdo, pero también en la de la realidad, para evitar que las crisis de salud, económica y social se transformen en caos irreversible debido al enredo donde los políticos hablan de echarse la culpa unos a otros y los sectores de la población reclaman reactivar los medios de manutención.

De ninguna manera es aceptable que en las recriminaciones y reclamos se extravíe la ruta para salir adelante y cada quien jale por su lado en momentos en que el coronavirus empuja con mayor fuerza para desquiciarlo todo, sin distingos. Si por enfrascarse en conflictos llegase el momento en que los gobiernos renuncien a la obligación de dar soluciones, y la gente continúa en la desobediencia, ya no habrá vuelta atrás en las consecuencias que deja la pandemia.

Todos tienen razón. Es verdad que los tres niveles de gobiernos han dejado solos a los sectores productivos, como lo afirma el presidente del Consejo para el Desarrollo Económico de Sinaloa, Lauro Meléndrez, como también es real que en Culiacán fallaron los modelos matemáticos que anticiparon la atenuación de los efectos del Covid-19, lo cual reconoce Hugo López-Gatell, jefe de las acciones federales contra la enfermedad, e igual posee veracidad la respuesta del secretario de salud estatal, Efrén Encinas Torres, al aclarar que esos cálculos erróneos se hicieron en palacio nacional y no en Sinaloa.

Todas esas verdades, sin embargo, y agregándole la que expone el gobernador Quirino Ordaz en el sentido de que los alcaldes de Morena actúan desapegados de las disposiciones que dan las autoridades federales y estatales para evitar más contagios por el SARS-CoV-2, exhiben la descoordinación que complica construir respuestas viables y denuncia a la vez la indiferencia ante sinaloenses que sienten la asfixia no tanto por el virus sino por la ausencia de apoyos gubernamentales.

El error está en convertir la emergencia de salud pública en oportunidad para fortalecer apetencias electoreras, cobrar facturas políticas, o proseguir en la medición de fuerzas entre los partidos que desempeñan la función pública en los distintos ámbitos. En la guerra por los votos, o por tumbar al ideológicamente contrario, resultará complicado percibir al verdadero enemigo que avanza encima de todos y de todo con creciente propagación y muerte. ¿No se han dado cuenta que primero tienen que vencer al devastador coronavirus antes de pensar en el siguiente cargo de gobierno?

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