Sinaloa

Un muerto enterrado en dudas | “No sé a quién sepulté”

Mario Guzmán González, murió por sospecha de Covid-19. Su viuda no sabe si lo enterró a él o en el IMSS le entregaron el cuerpo de otra persona.

Sobre el panteón de Rosa Morada, Navolato, hay un cadáver enterrado entre dudas, en la incertidumbre. Por aquí nadie apostaría a que es Mario Guzmán González el muerto que hace unos días sepultaron entre prisas y temores por la pandemia del Covid-19.

A Mario Guzmán González no le habría gustado acabar así, con su identidad de difunto envuelta en tantas sospechas. Con su familia atizada por la suspicacia, negándose a creer que son sus restos los que depositaron en este cementerio que se deja ver tras pasar por El Potrero de Sataya.

Ahora nadie en su pueblo, ni sus vecinos ni hijos ni hermanos, es más ni su mujer, está seguro de si es Mario Guzmán González el enterrado o es que acaso dieron cristiana sepultura a un desconocido.

Lo único cierto es que nadie lo vio en el ataúd. Nadie le reconoció en ese otro encierro que la pandemia también tiene para los muertos. El empleado de la funeraria, metido en un traje especial, prohibió abrir el féretro, herméticamente cerrado por orden sanitaria.

LA VIUDA

Unos dos kilómetros más al sur del panteón de Rosa Morada, ya en el pueblo, su viuda se pone a punto del llanto y dice no tener certeza si sepultó a su marido o un cuerpo que le entregaron por error.

Irma lleva puesto el atuendo de la viuda de pueblo: un vestido negro, símbolo del luto forzado que por tradición debe mostrar ante los demás.

Es una mujer menudita, como su voz. Tiene el pelo oscuro con tres o cuatro canas vivas atrapadas en una cola de caballo.

Es amable como modesta es su casa de Rosa Morada, una comunidad rodeada de milpas secas ya en temporada de cosecha, más cercana al Océano Pacífico que a cualquier ciudad.

“Yo enterré…”, dice y la duda la detiene. “Según a quien es mi esposo… Y a la mejor no es”.

LA MUERTE DE MARIO

Mario Guzmán González empezó a tener tos con flemas. No alcanzaba a respirar con normalidad. Era la noche del pasado jueves 4 de junio. Su esposa, Irma, lo llevó al Seguro Social de Navolato. De inmediato quedó internado.

La primera valoración médica pintó un panorama complicado. Mario Guzmán González estaba grave. Posible contagio de Covid-19. Los médicos dijeron que no podían atenderlo porque el hospital estaba lleno de pacientes.

Lo tuvieron a la entrada de Urgencias. Esa misma noche lo trasladaron al Hospital General Regional número 1 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Entró por área de Covid-19.

Irma asegura que a su marido no le hicieron la prueba. Ahí mismo le repitieron el diagnóstico: la vida de Mario Guzmán González estaba en riesgo.

“A las dos de la mañana salieron a decirme que ocupaba dar mi firma porque le iban ponerle el tubito para que alcanzara respiración”.

Firmó. A Irma también le dijeron que no habría mejoría. Desde ese momento, 2:00 horas del viernes 5, ya no supo nada de su marido.

Mario Guzmán González falleció el sábado 6 de junio en el hospital del Seguro Social, el que se ubica a espaldas del estadio de beisbol de Los Tomateros de Culiacán. Causa: Sospecha de Covid-19.

Eran las 18:00 horas. Una hora después, Irma fue informada sobre el deceso.

EMPAQUETADO EN DOS BOLSAS NEGRAS

Irma y su hijo acudieron al área por donde salen los difuntos. Iban a firmar para que liberaran el cuerpo.

“Preguntamos si lo podíamos ver. Nos dijeron no, no se puede”.

Irma insistió: ¿Por qué?

Porque el difunto había muerto por Covid-19 y había permanecido en un área de alto riesgo de infección. Esa fue la respuesta.

“Está bien”, dijo ella.

Luego escuchó que le dijeron: “De aquí, de larga distancia, fírmeme aquí que ahí va el cuerpo…”

Su hijo firmó el documento sin leerlo. El escrito decía que aceptaba haber reconocido el cuerpo de su padre.

“Lo queríamos reconocer. No nos lo dejaron ver… Se metió a la carroza y no supimos si era o no. Lo que nos dijeron era que iba empaquetado en dos bolsas negras, el nombre y es todo”.

UNA FOTO PARA RECONOCERLO

Irma volvió a intentarlo. Quería reconocer el cadáver. Junto a su hijo llegó a la funeraria Emaus, donde estaban pagando un plan funerario.

“Nos atendió un gerente. Le dijimos que antes de que lo prepararan para el sepelio que nos dejara ver el cuerpo, y que si no podíamos entrar que metieran un celular para que le tomaran una foto”.

Les dijeron que no. Que ellos no podían hacer eso. Que no lo tenían permitido.

Les dieron dos opciones: cremarlo o llevar el cuerpo en un ataúd a Rosa Morada para sepultarlo. Eligieron la segunda propuesta.

En la funeraria tampoco lograron obtener la fotografía. No estaban seguros si se trataba de Mario Guzmán González.

VEINTICINCO MIL POR UN TRAJE ESPECIAL

Irma asegura que ese ‘gerente’ de la Emaus les dijo que tenían que pagar 25 mil pesos “por el traje que iba a usar el (empleado) de la carroza. Y unos zapatos especiales y una mascarilla”.

Le explicó que ese material no iba incluido en el paquete funerario contratado por la familia.

El cadáver quedó en la funeraria desde las 2 de la mañana del domingo 7 de junio.

Poco más de un día fue lo que tardó la familia en juntar los 25 mil pesos del traje especial y otra parte que le faltaba para cubrir el paquete funerario. Hasta entonces Mario Guzmán González fue llevado de vuelta a Rosa Morada.

A las 6 de la mañana del lunes 8 el cuerpo estaba tendido en su casa. Tres horas fue el tiempo que el cuerpo se le prestó a la familia.

LAS TRES LLAMADAS

Un día después del entierro de Mario, el martes 9 de junio, un hijo del difunto recibe una llamada en su celular. Quien lo contactaba se identificó como trabajadora social del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Irma recuerda y recrea la conversación:

-Buenas tardes, dijo la trabajadora social.

-Buenas tardes. ¿Con quién quiere hablar?”

-Con la familia de Mario Guzmán González porque aquí tengo al paciente. Y quiero comunicarles su recuperación.

“Ella no dijo darlo de baja. Ella está aceptando que estaba vivo mi esposo y nos quedamos espantados porque ella no dijo que estaba muerto, dijo que estaba vivo”.

Irma fue al Seguro Social. Esperó cuatro horas. La atendieron tres trabajadoras sociales. Al final le dijeron que la llamada se trató de un error.

“Cuatro horas para decirnos que fue un error. Entonces por ese error les piden disculpas a mis hijos, pero yo no se las acepté”.

Ese mismo martes por la tarde vuelve a sonar el celular de su hijo. Era la misma voz, la misma trabajadora social del Seguro.

“La misma trabajadora social diciéndole a mi hijo: ‘pásame a tu mamá. Aquí está el cuerpo de don Mario, ven por él”.

El jueves 11 de junio, por tercera ocasión, les llama la trabajadora social. “Aquí está el cuerpo de don Mario. Ven por él. Dile a tu mamá que nos disculpe…”

Esa fue la última frase. La tercera y última llamada sobre una noticia que ayudó a robustecer las dudas de la familia acerca del cuerpo de Mario Guzmán González.

IMSS LO NIEGA TODO

A través de un comunicado oficial, el IMSS señaló que se trata de una confusión en la recepción de una llamada telefónica.

“El personal del IMSS aclaró que en la llamada no se les notificó que su familiar siguiera con vida y se explicó el protocolo en el manejo de los restos de su ser querido, lo cual les brindó mayor tranquilidad”.

De igual manera, continuó el comunicado, se hizo la revisión detallada del procedimiento de entrega de los restos y se verificó la signatura de puño y letra de un familiar sobre el reconocimiento del derechohabiente ahora fallecido.

QUE ABRAN LA TUMBA

Irma indica que demandará al Seguro Social por esta situación. “Los voy a demandar. Eso es lo que quiero”.

Reitera que fueron engañados. Que les hicieron firmar un documento en el que aseguran haber reconocido el cadáver de su marido. Sin embargo, sostiene, nunca vieron el cuerpo de Mario Guzmán González.

Exige a las autoridades exhumar los restos para realizarle exámenes de ADN.

“Y esperar que abran esa tumba. Que al cuerpo se le hagan pruebas de ADN. Y que el cuerpo que dicen que es… pues ¿dónde tenemos el cuerpo de mi esposo?… La verdad es que no sé a qué persona enterré…”, dice la viuda.

La Guía de Manejo de Cadáveres Covid-19 realizada por el Gobierno de México ante la pandemia señala que antes de realizar el traslado del cadáver a la morgue de la unidad, puede permitirse el acceso de los familiares y amigos, restringiéndolo a los más próximos y cercanos.

“Como parte de la sensibilidad al contexto cultural, es importante respetar la decisión de los familiares de ver el cuerpo si así lo solicitan, después de su extracción de la sala de aislamiento o área de urgencias”.

La Guía añade que no hay evidencia hasta la fecha, de que exista riesgo de infección a partir de cadáveres de personas fallecidas por Covid-19, sin embargo, puede considerarse que estos cadáveres podrían suponer un riesgo de infección para las personas que entren en contacto directo con ellos.

Indica que rsultará necesario explicar a la familia en términos sencillos la necesidad de no tocar ni besar el cuerpo.

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