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Un Plan Fénix para México, pero antes reunificar al país

La ecuación es sencilla: si la economía quiebra no habrá dinero para nada, mucho menos para los programas sociales del presidente.

El Gobierno Federal les pasó a los gobiernos estatales la responsabilidad de llevar el control de la pandemia de Covid-19 y las autoridades locales ponen en manos de la población el encargo de que la enfermedad cause menos contagios y muertes y, si el resultado fuera opuesto al que se espera, por supuesto que la culpa no será de los políticos en puestos públicos sino de los ciudadanos que, como siempre, pagamos todos los platos rotos.

La nueva fase de la emergencia de salud pública consiste el decretar el “contágiese quien quiera”, incumpliendo las instituciones gubernamentales el juramento de velar por el bienestar de la gente. Así, mientras desde Palacio Nacional se le da un nuevo sesgo político al programa contra el coronavirus, al anunciar apoyos con corte populista para meseros, taxistas, músicos y tianguistas, en Sinaloa el gobernador Quirino Ordaz Coppel dejó desamparados a los sectores económicos en la encrucijada de reactivarse o cerrar, o abrir por unos días hasta que se les agote la capacidad de resistencia.

En otros países del mundo se piensa y actúa diferente a México. Sus gobernantes adquieren la estatura de estadistas y renuncian en la actual contingencia al rol de participantes en certámenes de simpatía. En la Unión Europea, por ejemplo, Francia y Alemania sacan adelante la propuesta de implementar un primer fondo de 500 mil millones de euros destinados a los países más castigados por el SARS CoV-2.

Lo correcto en México sería que se apliquen programas para apoyar a los sectores económicamente vulnerables, pero que también les metan los recursos públicos suficientes a las ramas productivas para que al reactivarse pronto éstas se recuperen los empleos caídos y el poder adquisitivo de la gente. La ecuación es sencilla: si la economía quiebra no habrá dinero para nada, mucho menos para los programas sociales del presidente.

Ha sido bastante el tiempo desperdiciado en sembrar discordias y cosechar tempestades, lo cual parte al país en dos segmentos; inconformes y conformistas. Cuando todos debiéramos levantar a México desde la crisis en que está, nos desgastamos en descalificaciones y odios sin lograr ser el Ave Fénix que es capaz de emerger y regenerarse desde las cenizas. ¿Quién dará el primer paso en la ruta de la reconciliación nacional?

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