Tema de hoy

La muerte del “Mayo Zaz”: paz para los violentos; terror para los pacíficos

¿Qué está pasando en un Sinaloa donde con todo y la presencia de la Guardia Nacional y las policías estatales y municipales, cualquiera transita armado y descarga sus armas contra la gente de bien?

Reconocido como un hombre de la cultura del esfuerzo, que logró construir sucursales y un local de reuniones dentro del giro de venta de mariscos preparados o por kilos, el pequeño empresario creador de la marca “El Mayo Zaz” se convirtió ayer en otro número en la estadística de la violencia en Sinaloa, tierra donde los delincuentes andan a sus anchas en las calles y los pacíficos caen en la hora, lugar y circunstancias menos esperadas.

Fue un día del padre cargado de violencia, con nueve personas asesinadas y dos hechos más que son investigados como posibles homicidios dolosos, que refrendan los fallidos operativos para recuperar la paz pública y ratifica la total libertad con la que los sicarios se mueven por las ciudades sin que las fuerzas del orden los detecten, detengan y eviten así los desenlaces criminales.

En redes sociales, que son la principal válvula de desahogo de los sinaloenses, la conmoción y exigencia de justicia dieron cuenta de la indignación ciudadana por ese otro flagelo que se ha agazapado detrás de la emergencia de salud pública por coronavirus. Intimidados por la amenaza del SARS-CoV-2, habíamos dejado en segundo término la capacidad de asombro por la fuerza letal de la violencia.

Ayer, el ataque perpetrado por el individuo solitario que llegó a bordo de su motocicleta a uno de los expendios de mariscos de “El Mayo Zaz”, quitándole la vida al popular culiacanense que hizo de la sonrisa y la atención al cliente su principal producto, removió las emociones populares para recordarnos, por si acaso lo olvidamos, que vivimos en el error los sinaloenses que creemos que hay más paz mientras vemos cómo las autoridades lucen rebasadas por la delincuencia.

¿Qué está pasando en un Sinaloa donde con todo y la presencia de la Guardia Nacional y las policías estatales y municipales, cualquiera transita armado y descarga sus armas contra la gente de bien? ¿Estamos tranquilos cuando el titular del Gobierno Federal acepta que ordenó liberar a un delincuente, acude a una gira de trabajo para saludar a la madre de un narcotraficante y se niega a tener contacto con los deudos de las víctimas de la violencia? Tenemos que preguntarnos, sobre todo, si es así como queremos vivir.

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