Tema de hoy

La masacre de Bagresitos, final trágico de una barbarie anunciada

Todo el esquema de seguridad pública estatal y de coordinación con la federación debe someterse a revisión profunda.

Sucedió lo que se advirtió en varias ocasiones, sustentado en la escalada de ataques asestados por un grupo criminal en la zona de Tepuche: la masacre de campesinos en la comunidad de Bagresitos es el saldo de la negligencia de autoridades que vieron pasar los hechos de violencia y en vez de contener a las células delictivas procedieron a retrasar la acción policiaca e ignorar el persistente llamado de auxilio de la población.

El reporte preliminar de ocho muertos constituye una afrenta para los gobiernos federal y estatal que cada cual en sus atribuciones fueron omisos, tardíos y fríos ante los muchos hechos de sangre ocurridos en dicha sindicatura del municipio de Culiacán y desestimaron inclusive la organización de los habitantes de las rancherías para constituirse en autodefensas al no llegarles la protección del Estado.

Sinaloa le aporta la lamentable cuota de ingobernabilidad a un país que despierta todos los días contando las víctimas y rogando para que la irracionalidad de la delincuencia no alcance a más familias. La Guardia Nacional, a la que se le apuesta todo para la pacificación, es insuficiente o está de adorno cuando más se le necesita. En Tepuche se le solicitó una y otra vez que hiciera acto de presencia, pero nadie escuchó.

Hoy sobrarán los discursos, las justificaciones, el echarse la bolita entre los ámbitos federal, estatal y municipal, aunque lo que debiera resultar es la definición de responsabilidades y que los servidores públicos indolentes sean sancionados conforme a la ley. ¿Debe seguir en el cargo el secretario de Seguridad Pública, Cristóbal Castañeda Camarillo, después de la secuencia de errores y omisiones que han costado muchas vidas?

Todo el esquema de seguridad pública estatal y de coordinación con la federación debe someterse a revisión profunda. El cuartel de la Guardia Nacional en El Sauz, que permitiría tener en Sinaloa a alrededor de 3,500 elementos en forma permanente, se convirtió en un búnker militar caro y hueco que de nada sirvió durante los eventos violentos del 17 de octubre de 2019 en Culiacán y fue igual de inútil ahora que la zona de Tepuche pidió ayuda para evitar la masacre que finalmente ocurrió ayer. ¿Se está dejando a los sinaloenses en manos del crimen organizado?

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