Salud

Desabasto criminal | Tadeo no llora cuando lo canalizan

Niñas y niños vulnerables por la enfermedad y la falta de medicina para sus tratamientos. Vulnerables por partida doble.

Ellos no sabían nada de tragedias cuando la propia empezó a contaminarles la sangre. La sangre mala de los niños buenos puede ser tan terrible como el peor calvario. Los debilita, los tumba, arrasa, hiere, les cambia la vida y los hace llorar.

Y el calvario puede ser peor, si es que tal cosa es posible. En la actualidad esos niños están parados en un precipicio, casi empujados por un desabasto de medicamento en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Niñas y niños enfrentados a una vida cuesta arriba, ante la agria prueba en una compleja etapa que a golpes buscan entender. Niñas y niños en la ruta de un descuido oficial que los pone en riesgo.

Vulnerables por la enfermedad y el desabasto. Vulnerables por partida doble.

Y sus madres y padres han organizado protestas por la falta de medicinas; escriben exigencias en cartulinas coloridas y las sostienen en alto con enojo y desespero.

Y hablan y cuentan lo que batallan con los sobreprecios de las medicinas que tienen que comprar porque el Seguro no surte.

Y hablan y cuentan el miedo que llevan consigo.

TADEO, EL QUE NO LLORA CUANDO LO CANALIZAN

Tadeo apenas tiene 5 años de edad y la vida ya lo ha puesto frente a una telaraña. A Tadeo un tumor le rompió el húmero izquierdo, a la altura del codo. Su enfermedad es de esas tan extrañas que de cada 200 mil niños solo ataca a uno o dos.

Una mañana se levantó diciendo que le dolía el brazo. Un dolor que surgía a ratos. Y él volvía a decirlo. Vianey, su madre, le preguntó si se había caído o golpeado. Tadeo negaba. “Es que es muy loco para dormir”.

Lo llevó a la clínica del Seguro Social de Cañadas. Ella pidió que le hicieran una radiografía. No le hicieron caso. Entonces lo llevó al pediatra particular, que ordenó la radiografía y apareció la sombra de un quiste. Estuvo con una férula por dos meses.

El tumor hacía lo suyo. Poco a poco le averiaba el hueso y de ahí el dolor de Tadeo. El problema le impidió estirar el brazo.

Los médicos ordenaron practicarle una biopsia. A finales de agosto de 2019 el resultado del estudio trajo la mala noticia: histiocitosis de células de Langerhans.

“No es propiamente un cáncer, sin embargo se tiene que atacar como si lo fuera. Estaba en shock. De un día para otro le cambia la vida al niño y a uno también. Yo no dormía. Era un desespero. (Los doctores) me dijeron: ‘se le da tratamiento y si no funciona se le amputa el brazo y se le pone prótesis’. Sentí que se me vino el mundo encima. Tres semanas eternas”, cuenta Vianey.

Indica que el desabasto de medicamento para niños con cáncer es un abuso que se ha hecho evidente desde el pasado diciembre. También se ha visto obligada a comprar la medicina por fuera.

Por la Vinblastina, por ejemplo, ha tenido que pagar 3 mil 500 pesos. En el Seguro no la tienen, menciona. Y por el momento a Tadeo le ponen otro medicamento, no tan efectivo pero sí le ayuda.

Y así, del abuso del Seguro Social pasa al abuso de la industria farmacéutica, que ha subido precios de 600 pesos a mil 800, de 360 pesos a 3 mil 600.

Además, Vianey se enfrenta a la demora por trámites administrativos. El IMSS les reembolsa lo que invierten. Pero el problema es que a veces se tardan hasta mes y medio, y hay que sacar adelante una nueva quimio sin haber recuperado la inversión anterior.

“En el Seguro Social están descuidando esta parte de los niños con este tipo de problemas, que necesitan las quimioterapias. Son como 25 niños. Y no le han dado prioridad al asunto”, dice Vianey.

Y ahí en la sala de las quimioterapias continúan viendo a Tadeo, el niño bueno de 5 años que no teme ni llora cuando la enfermera lo canaliza intentando aliviarlo de la sangre mala.

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