Seguridad

Robo de vehículo: “Si haces pancho, aquí te mato”

Ernesto solo quería cumplir el antojo de comer pan con su esposa y ver una película en su casa, ubicada en un fraccionamiento en la zona norte de Culiacán, pero esa noche tuvo un cambio drástico, de insomnio involuntario.

Ernesto fue a comprar pan a un Oxxo en la zona norte de Culiacán. Pasaban las 9:30 de la noche y el antojo no cedía. Al llegar, un hombre se le acercó, le apuntó con una pistola y le dijo: “te vas a ir conmigo, si haces pancho aquí te mato”.

“Estaciono el carro, pongo el OK y al sacar medio cuerpo me doy cuenta que viene un muchacho moreno, pelo chino, con cubrebocas, porque ahora con el cubrebocas ya no necesitas taparte y ahora es hasta normal”, cuenta por teléfono. Se le escucha molesto. Desde el 22 de julio han sido una días atareados y tensos, narrando la misma historia a policías, el Ministerio Público, la aseguradora, su familia y amigos:

“El plebe traía debajo de la mochila una pistola, se acerca, me obliga a pasarme al asiento del copiloto, me pone la pistola en la panza y me dice ‘no te bajes, hijo de tu puta madre, te voy a matar a la verga si te bajas, te vas a ir conmigo, si haces pancho aquí te mato, a la verga”.

Hasta 2019, de acuerdo con la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros, Culiacán era el cuarto municipio con el mayor número de vehículos robados con violencia. La Fiscalía General de Sinaloa indicó que para 2020, solo hasta el mes de mayo, ya sumaban mil 424 robos, es decir, el promedio diario de despojo vehicular era 10 carros por día.

La Coordinación Ciudadana del Consejo Estatal de Seguridad Pública documentó que durante los últimos tres años Sinaloa acumula 17,115 denuncias por robo de vehículo, cantidad equivalente a todo el parque vehicular registrado en los municipios de Cosalá, Choix y San Ignacio.

También que 6 de cada 10 casos de robo de vehículo en Sinaloa se cometen con violencia y se asocia principalmente al probable uso de armas de fuego; mientras que a nivel nacional 3 de cada 10 se registran con el uso de violencia.

Por este tipo de casos, el nivel de impunidad llega al 99 por ciento, pues solo 0.13 por ciento de los casos acumulados en 2018 y 2019 llegaron ante los juzgados con una condena o se resolvieron con medios alternativos de solución de controversias.

Ernesto solo quería cumplir el antojo de comer pan con su esposa y ver una película en su casa, ubicada en un fraccionamiento en la zona norte de Culiacán, pero esa noche tuvo un cambio drástico, de insomnio involuntario.

“Eso duró cinco segundos y lo único que pensé es que me quería levantar, y en cuanto baja la mirada y baja la pistola me tiro a la chingada, me voy corriendo y no paré, corrí y corrí, yo sentía que me iba a pegar un balazo por la espalda y me meto en una casa que tiene unos árboles y una camioneta, ahí quedé atrás de esa camioneta”, dijo.

“Ahí fue cuando me di cuenta que llevaba el celular. Le marco a mi esposa y le digo que me quisieron levantar y me abre la puerta, ahí a unos 50 metros”.

Apenas entró a su casa y había que hacer maletas. El Atraco ocurrió a 300 metros de donde vive y la psicosis se apoderó de Ernesto y su esposa.

“Y ahí en la camioneta venían dos bicicletas, material del trabajo, las llaves de otro carro que tuve que pagar, las llaves de mi casa y por eso no dormí en mi casa… no dormí, tengo una semana sin dormir tranquilo pensando entre lo que pasó, la pérdida económica y así todo de un chingazo”, señaló.

Habló al 911, le tomaron el reporte y después de eso su teléfono no dejó de sonar.

“Me hablaron no sé si municipales o de otros, pero que si yo había sido al que asaltaron, que si quería recuperar mi camioneta, que si estoy bien, que si necesitaba otra cosa y mientras ellos no se identificaban, yo estaba todo choqueado, les decía que no sabía a todo. Sinceramente no se portaron mal los de la policía conmigo”, dijo.

Al siguiente día comenzó otro calvario, tenía que reportar también a la agencia de seguros y al Ministerio Público.

“Fui al Ministerio Público, no me creían, o te hacen creer eso, le dije que no tenía la intención ni mucho menos de autorrobarme el carro, como para qué iba a hacer eso y fue cuando le bajó”, recordó.

“Yo me puse a buscar en redes sociales, lo que quiero es que se convierta en una papa caliente la camioneta, que no la quieran traer y la tiren, la desvalijen, lo que sea, porque los del seguro te madrean, por todo te hacen descuentos para no pagarte”.

Y después, una resaca social.

“La gente te dice que por qué traes una camioneta así, que por qué a esa hora y puras cosas como esas. La gente te juzga, te hace sentir mal, como si eso fuera normal y no, no es normal, que a la gente le roben un carro no es normal”.

La camioneta sigue sin ser localizada y el hombre que la robó y amenazó a Ernesto tampoco. Por ahora forma parte de esa estadística de impunidad que llega hasta el 99 por ciento de fracaso.

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