Culiacán

Cuando el téibol cierra… “No podemos estar así”

Cecilia y Judith son dos meseras que dicen tener 4 y 5 meses sin trabajar por el cierre de centros nocturnos. Piden reapertura.

Cecilia Salgueiro se construye a sí misma desde la intranquilidad. No sonríe. Está preocupada. Cuatro meses sin trabajo, sin percibir sueldo alguno, la han sacado de su casa y la han llevado al Palacio de Gobierno a protestar. A gritar.

Hace con sus palabras frases y en estas anida ese tono de quien está en aprietos. Tiene 53 años de edad y los últimos 20 los ha trabajado de mesera en diferentes “teibols” de Culiacán. Hasta antes de la pandemia del Covid-19, llevaba cinco años laborando en el “Titanium Mens Club”.

Madre soltera, siempre ha sabido cómo sacar adelante a sus dos hijos, uno de ellos con discapacidad. Pero la pandemia es otra cosa. Impone sus credos e inmoviliza a Cecilia, la imposibilita para poder llevar sustento a su casa.

“Yo tengo cuatro meses sin trabajar. Cuatro meses sin pagar renta. Los cuatro meses que tengo sin trabajar los debo. Hasta ahorita me han tenido paciencia (rentador) pero se están juntando los meses… Pago dos mil 500 pesos de renta en el infonavit Humaya. Es muy difícil la situación. No podemos estar así”.

Dice que su hijo la apoya. Pero los gastos se le vienen encima. El pago del recibo del agua, el de la luz, la comida…

Cecilia está de pie. Asume la postura de esa que domina desde hace 20 años, la de mesera: las manos tomadas hacia adelante como si esperara el llamado de un cliente. Bajo el cubreboca sale una voz con un tono que no es el suyo.

Y sigue hablando de su situación. Y la de sus compañeros. Necesita trabajar, insiste. No tiene de dónde sacar dinero para la manutención. Su hijo, el que puede, le apoya con los gastos. Mil pesos que no le alcanzan. Por eso Cecilia Salgueiro no está a gusto. Siempre ha trabajado, dice.

“Desde siempre he mantenido a mis hijos porque soy madre soltera. Vivo sola con mis dos hijos. Uno de ellos tiene discapacidad; a él hay que darle de comer, él no sabe si hay o no comida. No habla, es hiperactivo. Agresivo, tiene problemas neurológicos y es débil visual. Es difícil, muy difícil la situación por la que estamos pasando todos”.

Dice que la vida es complicada para muchas personas. Pero se vuelve más difícil cuando no se tiene un empleo para sobrellevarla. “Y ahí ando buscando la manera de agarrar un peso”.

Cecilia comenta que el desespero ya le orilló a vender algunos aparatos eléctricos, cosas que tenía en su casa, para medio comer.

Lleva puesto su uniforme de mesera. “Por favor, que nos abran los bares”, dice.

A unos metros está Judith. Asegura ser mesera en “Los Baldes”. Su situación es similar a la de Cecilia. También es madre soltera. Las frases se parecen y caen al mismo reclamo.

“Pago renta. Tengo hijos que mantener. Ya son cinco meses sin trabajar. Me las he visto muy duras. Incluso debo la renta. Pago mil 800 pesos de renta en Capistrano y no he pagado cinco meses porque no podemos trabajar”.

Judith repite lo dicho por Cecilia Salgueiro: “No podemos estar así…”

Eso tiene la pandemia, que va dejando por todos lados gente preocupada que, cuando no es por la pérdida de la salud o la vida es por la pérdida del empleo.

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