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Planta de fertilizantes de Topolobampo: la consulta y las moralejas

Lo fundamental ahora es que se les aporte confianza a los ciudadanos de Ahome para que participen y confíen en el mecanismo de consulta pues el dilema no es fácil de resolver.

La decisión del presidente Andrés Manuel López Obrador de someter a consulta pública si avanza o se detiene la construcción de la planta de fertilizantes en Topolobampo no denota precisamente la función que le corresponde al gobierno para arbitrar a que el desarrollo beneficie al mayor número de familias posibles, pero sin alterar los equilibrios sociales, económicos, ambientales y racionales.

En este diferendo, donde por un lado está la empresa suizo-alemana Proman, que ofrece la inversión de 20 mil millones de pesos y la generación de 2,000 empleos temporales y 300 permanentes, y por el otro presenta la resistencia de sectores agrupados en el colectivo “Aquí no” que defienden el ecosistema de Ohuira, ha corrido mucha tinta en medios, jornadas de litigios en tribunales y controversia ciudadana.

El miércoles, sin embargo, se vislumbró una salida consensuada con la declaración de López Obrador de que el tema se someterá a consulta, lo cual fue aceptado por el grupo Gas y Petroquímica de Occidente que se declaró en espera de la convocatoria y ofreció “acatar el resultado de este ejercicio de democracia participativa”. Aunque de parte del segmento opositor se desconoce la posición que tomará, lo justo es que se ciña al resolutivo que la gente legitime.

Lo fundamental ahora es que se les aporte confianza a los ciudadanos de Ahome para que participen y confíen en el mecanismo de consulta pues el dilema no es fácil de resolver. Por un lado el crecimiento económico que tanto se necesita en este tiempo de incertidumbres por la pandemia de coronavirus; por el otro, la tendencia mundial para cuidar el medio ambiente antes de que la naturaleza nos cobre más caras que hasta ahora las desidias contra el hábitat.

Y resulte lo que resulte, aprender que la decisiones que tomó el gobierno de Mario López Valdez (2011-2016), fincadas en la corrupción y la codicia de un grupo de poder, están a punto de echar a perder el establecimiento en Sinaloa de una empresa que tiene presencia en 12 países, que no registra accidentes que pongan en peligro la vida humana o de ecosistemas, y que el único error que cometió es haber caído en la celada de comprar terrenos donde se los impusieron y no en el lugar correcto en el cual ya estuviera funcionando la planta de amoniaco sin tantas complicaciones.

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