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Contra obesidad infantil, la ley anti productos chatarra es insuficiente

¿Bastará con una reforma legal para sacar a México de entre los primeros lugares a nivel mundial en obesidad infantil?

Sinaloa podría sumarse pronto a las medidas legales ya adoptadas en los estados de Oaxaca y Tabasco que prohíben el acceso de la población infantil a productos de consumo considerados chatarra porque provocan en los niños el aumento de la obesidad y enfermedades asociadas al sobrepeso.

Las iniciativas de los diputados del Movimiento Regeneración Nacional, Victoria Sánchez Peña y Pedro Villegas Lobo, proponen prohibir en escuelas del nivel básico y de prepas, públicas y privadas, así como en parques deportivos y centros de asistencia social, la venta, distribución o regalo de bebidas azucaradas y alimentos envasados con alto contenido calórico que excedan los límites máximos de azúcares, grasas saturadas, grasas trans y sodio.

Se trata de la tendencia prohibicionista que eleva a categoría de ley aquello que debería ser una simple regla en la cultura del consumo en lo individual o familiar en el entendido de que cada quien elige el estado de salud que quiere tener, pero al optar por atacar el sano funcionamiento del organismo humano le provoca una carga económica enorme al aparato de la medicina social que todos pagamos vía impuestos.

El Congreso del Estado debe ir más allá en la reforma a la Ley de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescente de Sinaloa para evitar que la normatividad contra alimentos chatarra acabe siendo letra muerta como tantas disposiciones jurídicas. En los aspectos de vigilancia, sanción, barreras a la corrupción, así como en lo referente a la participación de los adultos para fomentar la cultura de la sana alimentación, falta bastante por hacer.

De acuerdo a una investigación que realizó en 2017 el Instituto Nacional de Nutrición la industria de alimentos chatarra y bebidas azucaradas obtiene ganancias anuales en México por 80 mil millones de dólares que significan el 5% del Producto Interno Bruto. Otro dato de contexto es que cada mexicano consume en promedio 149 litros de refrescos embotellados al año, mientras en Japón el promedio por persona es de 21 litros. ¿Bastará con una reforma legal para sacar a México de entre los primeros lugares a nivel mundial en obesidad infantil?

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