Tema de hoy

Bienvenidos a clases: ¿listos para “normalizar” la actividad educativa?

¿Está Sinaloa preparado para “normalizar” la actividad educativa a pesar de la emergencia sanitaria, o tal entelequia existe solamente en el discurso que le da carta de naturalidad a todo?

Enmarcado en el autoelogio de las autoridades educativas que afirman que el cierre del ciclo escolar anterior lo hicieron bien y que en el actual 2020-21 lo harán mejor, pero predominando al mismo tiempo un panorama nebuloso para los padres de familia y maestros que llevarán la responsabilidad de la escuela a distancia, hoy retornan a las aulas virtuales en Sinaloa alrededor de 600 mil alumnos del sistema de enseñanza básica.

Esta vez con el apoyo de la televisión comercial la planta docente deberá reforzar el vínculo con el alumno, uno en la soledad de algún lugar con la única compañía de dispositivos de comunicación, otro en el aislamiento de hogares que sufren la pérdida de familiares y hasta de los padres, en esto que el gobierno llama nueva normalidad y que en realidad es el reto de vencer las barreras que impone la pandemia.

¿Está Sinaloa preparado para “normalizar” la actividad educativa a pesar de la emergencia sanitaria, o tal entelequia existe solamente en el discurso que le da carta de naturalidad a todo? La organización Mexicanos Primero Sinaloa realizó un estudio al respecto, del 13 al 29 de mayo de 2020, y obtuvo vivencias de 860 docentes y 993 padres de familia que dieron pie a diez propuestas en educación en tiempos de la Covid-19.

Los principales requerimientos son: atender avances en el aprendizaje ya que no se logró un estándar aceptable en el cierre del período lectivo anterior, garantizar educación justa e incluyente, establecer acciones que consideren la situación socioemocional de los participantes en el proceso de enseñanza, dar condiciones de seguridad y salud en escuelas, prever estrategias de sustitución de docentes que sean afectados por el virus, comunicar de manera seria y tranquilizadora las medidas para prever contagios, crear un protocolo de salud para todos los planteles, dotar de presupuestos para ejecutar y evaluar los programas del primer trimestre y colaborar con la Secretaría de Educación Pública en la elaboración de un currículo de emergencia.

Independientemente de que las autoridades nacionales y estatales ya anticipen el éxito de un ciclo escolar atípico donde el método de prueba y error permitirá corregir sobre la marcha, el momento plantea que la escuela, el hogar y las oficinas públicas subsanen el impacto que las aulas vacías dejarán en un sistema educativo que mostraba deficiencias antes de la pandemia y que ahora está llamado a hacer lo posible, como sea, para reducir el deterioro de la calidad, pertinencia y salud emocional de los que en verdad importan: los alumnos.

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