Historia

El Club Jacobino y el Día de la Independencia en el Sinaloa de Francisco Cañedo

A pesar que el país logró su independencia hace más de 200 años no fue hasta el largo periodo conocido como el Porfiriato que se fomentaron desde el discurso oficial estas festividades cívicas y se insertaron los símbolos y ritualidades en torno a esta fecha.

El sentido de unidad nacional y patriótico ensalzado cada 15 de septiembre por los gobiernos en turno no siempre tuvo el brío festivo y cívico con el que conmemoramos la Independencia de México cada año. A pesar que el país logró su independencia hace más de 200 años no fue hasta el largo periodo conocido como el Porfiriato que se fomentaron desde el discurso oficial estas festividades cívicas y se insertaron los símbolos y ritualidades en torno a esta fecha.   

Uno de los propósitos principales fue plasmar popularmente un proyecto de gobierno fructífero bajo la administración de la figura patriarcal de Porfirio Díaz, tal y como han explicado no pocos historiadores. Para legitimar el poder era necesario mostrar un ambiente social y político donde el orden y el progreso por fin habían alcanzado a México luego de décadas de inestabilidad.

La celebración de los días festivos, y el Día de la Independencia sobre todo, significó una declaración de la cultura dominante: el de mostrar un país moderno. Para ello se recurrió a seleccionar un pasado colectivo, reserva de imágenes, de símbolos, historia idealizada y mitos de héroes. La historia, desde el naciente Ministerio de Educación Pública y Bellas Artes, sirvió para crear una conciencia histórica que buscaba forjar un patriotismo a los ciudadanos, alimentar el orgullo nacional, cultivar el espíritu de sacrificio y esfuerzo por la patria y, generar la conciencia de que esa época era un feliz desenlace de una evolución histórica.

De este modo, así fue como el Día de la Independencia realizada en la capital se reprodujo en los demás estados con derroches y exóticos arreglos que en el fondo trataban de venerar al gran representante de la patria: Porfirio Díaz.

En Sinaloa, el periodo de gobierno de Francisco y Cañedo coincidió con el mandato de Porfirio Díaz, gobernó de 1877 a 1909, año de su muerte. Es por eso que esta época en el estado se conoce como el Cañedismo.

De acuerdo con el trabajo de Rafael Santos Cenobio, “Actores y ritual cívico durante el porfiriato: la celebración del día de la independencia en Sinaloa, 1888-1910”, En el estado, la Junta Patriótica fue la comisión encargada de organizar las festividades cívicas. La junta era nombrada por el gobernador o por el presidente del ayuntamiento, cuyos integrantes conformaban la élite cañedista. Ellos recaudaban recursos por medio de funciones teatrales, colecta entre empleados municipales y estatales, entre comerciantes e industriales, sociedades y organizaciones obreras.

Lo que Santos Cenobio trata de analizar en su investigación es el proceso histórico de las festividades cívicas a través del ascenso del general Cañedo y de los actores y promotores de esos años que se encargaron de organizar las celebraciones del Día de la Independencia. En concreto, ubica a los integrantes de estas comisiones como miembros de una élite intelectual y política que se interesaron por escenificar y legitimar el poder a través de rituales y oraciones cívicas, desfiles, tertulias, círculos literarios y fiestas populares.

Los miembros de la Junta Patriótica a su vez integraban un club exclusivo llamado los Jacobinos fundado en 1898. “El club Jacobino funcionó como una asociación de hombres organizados para practicar actividades en común: celebraciones y festividades cívicas. De 1886 a 1903, la elite intelectual cañedista agrupada alrededor del Colegio Civil y Jacobinos dominó en la organización de las festividades y rituales cívicos en Culiacán”, se lee en el trabajo de Santos Cenobios.

Entre los miembros más destacados del Club Jacobino por esos años se encontraban el arquitecto Luis F. Molina y Ruperto L. Paliza, director del Colegio Rosales; sin embargo se podían apreciar periodistas y poetas, pero también políticos. El centro de ejercicio intelectual de los jacobinos fue el Colegio Civil, lugar donde construyeron relaciones a través de círculos literarios, científicos pero también la organización y puesta en marcha de las festividades patrióticas.

“Las funciones de las festividades patrióticas reflejaban la estructura social, presentar normas de interacción social en el espacio público y dar cuenta de la relación entre individuos y el gobierno. El ceremonial promovió la idea de un nuevo orden a través de desfiles cívicos y militares”, explica Cenobios.

De acuerdo con una relatoría de 1907 del periódico El Monitor Sinaloense, tal como se describe en el texto, la celebración del día de la independencia se revitalizó ya que se acercaba el Centenario de la Independencia. A nivel nacional se creó la Comisión Nacional del Centenario de la Independencia (CNCI), y en Sinaloa la Junta Central del Centenario.

En Culiacán, la plaza de armas (hoy plazuela Obregón)  fue iluminada con incandescentes focos y adornada con guías florales, banderas y farolitos. El quiosco se decoró con cortinas, lienzos y banderines multicolores. El Escenario fue inaugurado por una banda musical que atrajo una inmensa multitud. El 15 de septiembre, la escuela industrial, la Junta Patriótica, la Sociedad Mutualista, los empleados públicos y pueblo en general desfilaron hasta llegar al palacio de gobierno,  donde se leyó el acta de independencia.

El esplendor de las celebraciones del Día de la Independencia durante el Porfiriato, y por lo tanto durante el Cañedismo, fue con la conmemoración del centenario de la independencia de México en 1910.  Para los festejos asistieron comisiones de los países más industrializados de ese entonces como invitados especiales, paradójicamente a los meses estalló la Revolución Mexicana.

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