Historia

La independencia no fue solo de México, fue de toda América Latina

Entre 1810 y 1825 se independizó la mayor parte del imperio español en América Latina.

Factores como el ejemplo de la independencia de Estados Unidos, los ideales de la ilustración importados de Europa y el vacío de poder producido por la ocupación francesa en España, fueron claves para que durante el primer cuatro del Siglo XIX se produjera una ola independentista que alcanzó a casi todos los países de América Latina; pues después de 1825, solamente Cuba y Puerto Rico continuaron siendo colonias españolas hasta 1898.

En su artículo “La Independencia de la América hispana”, el doctor en Historia Moderna y Contemporánea, Eduardo Montagut Contreras, indica que el principal detonante de esta ola independentista fue la debilidad política y militar española a partir de 1814, con la ocupación de las tropas napoleónicas. Con lo que se intuye que, mucho del mapa político contemporáneo de América Latina no sería el mismo de no ser por la figura del militar y estadista francés, Napoleón Bonaparte.

“A partir de 1814, tras el intento de la monarquía restaurada de Fernando VII de recuperar la situación anterior en el imperio colonial, se produjo un imparable proceso emancipador que tiene características comunes, aunque con algunas particularidades, según la situación colonial de cada lugar”, indica Montagut Contreras.

Iniciativa criolla

Otro punto en común a lo largo de todo este proceso independentista, fue la iniciativa de los criollos descendientes de los españoles, que se consideraban discriminados en la administración colonial y que lograron sumar el apoyo de los sectores indígenas y mestizos por su situación económica y social.

Estos tenían en común la inconformidad con la presión fiscal del imperio y el monopolio comercial español que les impedía comerciar con otros países. Además, los criollos sufrieron de discriminación política, pues solo los españoles peninsulares podían acceder a caros públicos en la administración colonial.

Las juntas de gobierno

“La ocupación napoleónica de España propició el surgimiento de los primeros movimientos emancipadores. El vacío de poder creado con el traslado de la familia real española a Francia provocó en América la misma reacción que se había producido en España, es decir, la creación de juntas de gobierno”, indica el historiador.  

Es así que, a partir de 1810, se constituyó la primera junta en Buenos Aires; en 1811 José Gervasio Artigas se hizo con el poder en Uruguay y Rodríguez de Francia en Paraguay; en Chile, el independentista O’Higgins se puso al frente de una junta de gobierno. En 1811 se reunió en Caracas un Congreso de Notables, que proclamó la independencia y promulgó una constitución federal, y en Santa Fe de Bogotá también se rompían los lazos con España y se convocaba un Congreso Nacional de los territorios de Nueva Granada. “Estos procesos se repitieron en muchas ciudades americanas, suponiendo la primera experiencia criolla de autogobierno”, acota el historiador.

 “Las juntas de gobierno depusieron a las autoridades coloniales e introdujeron reformas fiscales y abrieron sus puertos al comercio mundial. Hasta 1814, España no tuvo capacidad de respuesta ante estos procesos. Pero, una vez restaurado en el trono Fernando VII, las revoluciones independentistas fueron sofocadas. El propio Simón Bolívar tuvo que refugiarse en Haití”.

En México, por el contrario, si hubo cierto protagonismo campesino dirigido por los sacerdotes Miguel Hidalgo y José María Morelos. Proclamada en 1813, la independencia de México fue sofocada por el apoyo de los criollos al ejército español ante sus temores de una revolución social que les quitara más privilegios de los que les pudiera otorgar.

Fue así que, a diferencia de América central y del sur, donde personajes como Simón Bolivar y José de San Martín fueron clave para la liberación de Venezuela, Colombia, Bolivia, Argentina, Chile y Perú; en 1821 Agustín de Iturbide transformó a México en un imperio independiente con el apoyo de la jerarquía eclesiástica, el ejército y los criollos. Cabe destacar que este fue un sistema “nada liberal” y que frenó cualquier reivindicación de las clases populares.

FUENTE: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Todo cambió… para seguir igual

En los años posteriores a la independencia de la región, añade Montagut Contreras, “no se intentó crear sociedades más libres con sistemas liberales avanzados, sino que establecieron sistemas políticos dominados por los criollos y no se cumplieron las promesas hechas a indígenas y mestizos en las luchas por la independencia. Tampoco se concedió la libertad a los esclavos negros”.

Producto de estos nuevos sistemas, controlados por los criollos descendientes de españoles, con creciente desigualdad social y con una población eminentemente campesina, se desataron los fenómenos de inestabilidad política, dictaduras y caudillaje, que 100 años más tarde generarían en México la Revolución de 1910.

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