Culiacán

Mestizaje culichi | Los chinos trajeron el béisbol, el ‘pilón’ y el servicio a domicilio a Culiacán

Para la segunda década del siglo XX los chinos eran la colonia extranjera más importante por número en Culiacán.

Durante finales del siglo XIX y principio del XX China se caracterizó por una inestabilidad civil y política constante. Para entonces ya era el país más poblado del mundo y las hambrunas producto de esas turbulencias orillaron a miles de chinos a salir expulsados de su lugar de origen con la finalidad de buscar mejores oportunidades. En Sinaloa, la mayoría llegó vía marítima al puerto de Mazatlán y de ahí se fueron dispersando por todo el estado.

La inmigración china en Sinaloa también encontró una serie de adversidades, pero para entonces no pocas de sus costumbres y maneras de ver el mundo nos fueron compartidas indirectamente, y al día de hoy, muchos se sorprenderían de las huellas que dejaron hasta en nuestros genes.

Para la segunda década del siglo XX los chinos eran la colonia extranjera más importante por número en Culiacán. De acuerdo con el historiador Arturo Román Alarcón en su libro Migración y empresarios chinos en Mazatlán, para 1919 en Culiacán residían 428 inmigrantes chinos. Como se dijo en un inicio y de acuerdo al contexto social de aquel país, la gran mayoría llegó con poco, sino es que con nada de capital.

Por lo tanto, la gran mayoría de ellos se vio en la necesidad de prestar sus servicios como trabajadores domésticos, labradores; pero sobre todo, en actividades artesanales relacionadas con la reparación y confección de zapatos. En Culiacán, por ejemplo, como zapateros sobresalían los negocios cuyos dueños se apellidaban Poczan, Cook, Yin, Lon y Chong.

La agilidad del comercio en pequeño en donde comenzaron a incursionar en Culiacán, por otro lado, fue una novedad entre los culichis de esa época al grado de competir con el abarrote tradicional que todavía no se desprendía de sus características español-colonial. El director del Archivo Histórico del Estado, Gilberto López Alanís, explica que la colonia china para 1920 controlaba el ramo de la ropa y abarrotes en varias ciudades del noroeste del país, Culiacán no era la excepción.

El también historiador de la región confirma que sus establecimientos eran preferidos por muchos de los ciudadanos. Su destreza fue tal que innovaron varios de los servicios comerciales que hasta el presente son rentables; uno de estos fue la implementación de los servicios a domicilio en Sinaloa visitando poblados y rancherías. Otra práctica comercial heredada fue el “pilón”, es decir, la actividad de proporcionar un extra del producto vendido como incentivo para seguir comprándoles a ellos, generando más clientes.

La palabra “pilón” en la actualidad como muchos otros regionalismos nos parecen muy normalizados por su uso cotidiano, sin embargo, por aquellos años significó un neologismo acuñado por los inmigrantes chinos en nuestra localidad que se adhirió al lenguaje.

De esta forma, en virtud de la práctica del ahorro y el trabajo que caracteriza a los chinos, muchos de los inmigrantes en Culiacán rápidamente lograron acumular más capital al grado de invertir en el comercio de menudeo, que para entonces eran dominio de los mercaderes sinaloenses. A la vuelta de poco tiempo ahorraron y emprendieron negocios, como vender productos, montar una fonda íntima, como zapateros o sastres.

La importancia mercantil de los chinos fue justamente la causa del rechazo de los comerciantes mexicanos. El hecho de que los chinos empezaran a mejorar su economía trajo algunas inconformidades a los sinaloenses.

Principalmente por este motivo en 1929 surgió una campaña a nivel nacional contra los inmigrantes chinos fomentada por los mercaderes nacionales, situación que generó una estigmatización debido a acusaciones que los señalaban como portadores de enfermedades como la tuberculosis. Esta animadversión subió de tono al punto de legislar el Código Sanitario donde consideraron a los chinos un foco de infecciones, sumado a otro tipo de restricciones laborales. Entre 1932 y 1933 el gobierno mexicano puso en marcha una deportación masiva de personas de origen chino.

De acuerdo con el libro de Román Alarcón, de los 428 chinos que habitaban en Culiacán hacía 1919, para 1940 solo se registraban 53.

Sin embargo, para esos años nadie podía negar la influencia china en la sociedad culichi que por lo menos discretamente fue amoldándose a la idiosincrasia de la región. Para el escritor Juan Esmerio Navarro la gran herencia de los chinos en Sinaloa es su genética, asegura.

“Si te empiezas a fijar en las ciudades de Sinaloa y específicamente en Culiacán, encontrarás muchos descendientes de chinos que ya ni conservan sus apellidos porque ya han pasado tres o cuatro generaciones. Por una parte estos apellidos se perdieron porque mucha gente no se sentía orgullosa de su ascendencia china por su estigmatización; hubo mucha gente en Culiacán que se quitó su apellido de procedencia china”, explicó.

Esmerio Navarro, autor de la novela Tú nombre chino, agregó que en el estado hay muchas personas con ojos rasgados y de frente amplia, herencia que en su opinión se debe valorar más, porque ya son características de nuestra identidad.

La influencia china la observamos hasta en el deporte de la región, ya que algunos destacaron como promotores de esta actividad, recibiendo principal impulso por sus descendientes. Tal es el caso del fundador de la cadena de supermercados Ley, Juan Ley Fong, quien en 1965 creo el equipo oficial de beisbol de Culiacán, Los Tomateros.

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