Sociedad

¿Por qué la gente se siente atraída por teorías de conspiración?

“Se ha abonado muy poco a la participación ciudadana: entonces se generan vacíos que permiten precisamente la entrada del rumor, de la conspiración y la intriga”.

Inmediatamente después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara la propagación de Covid-19 como una pandemia, comenzaron a circular todo tipo de hipótesis y explicaciones acerca del surgimiento del virus y sus repercusiones en el mundo.

A lo largo de estos meses hemos sido testigos de infinidad de noticias en torno al Covid-19: que si la vitamina D reduce las complicaciones del contagio, que si la hidroxicloroquina es efectiva para tratar el virus; se llegó a rumorar, incluso, que el personal médico en México sustraía el líquido de las rodillas a los pacientes una vez ingresados a los hospitales.

También resurgió la creencia de que las grandes farmacéuticas creaban virus nuevos para propagarlos intencionalmente para vender sus vacunas (rumores similares se manejaron con la pandemia del SIDA en los ochentas).

Dicho fenómeno llevo a la OMS a acuñar el término de Infodemia para todas esas noticias falsas, que en muchas ocasiones, eran tomadas por hechos comprobados y que inmediatamente eran transmitidos a sus círculos sociales más cercanos por quienes las aceptaban como verídicas.

Así, circularon otras teorías más excéntricas como que Bill Gates, creador de Microsoft, tenía intenciones de controlar al mundo mediante chips en los cerebros de las personas con ayuda de las antenas 5G. Luego que el empresario estadounidense anunciara que invertiría dinero para colaborar en crear una vacuna contra el Covid-19, inmediatamente se propagó el rumor de que el trasfondo de sus intenciones era inyectar mercurio en las venas para tener control mundial de las personas a través de las redes mencionadas.

Ante este panorama, cabe cuestionarse por qué miles de personas prefieren creer rumores que en noticias verificadas.

Creemos que mucho tiene que ver el contexto de incertidumbre generado por un enemigo invisible y el miedo de los seres humanos a lo desconocido. En ese sentido, la creencia que uno tiene acceso a una información restringida por el discurso oficial, muchas veces da la sensación de certidumbre y control en medio de una crisis mundial.

No obstante, para generar certeza en torno a la proliferación de teorías conspirativas y su creciente popularización, consultamos a José Alfredo Beltrán, especialista relacionado al manejo de información desde su posición como comisionado presidente del Comisión Estatal para el Acceso a la Información Pública (Ceaip), y quien además tiene una gran trayectoria como periodista.

¿Por qué cree que este tipo de contenidos acerca de temas conspirativos tiene buena recepción en muchos usuarios de redes sociales?

Por un lado, sociedades que están expuestas a sistemas políticos e institucionales de mucho descrédito, de baja institucionalidad; donde la falta de resultados y esas altas expectativas de parte de los ciudadanos respecto a que el poder público que está al frente de la resolución de los problemas es bajo y, que además, se ha abonado muy poco a la participación ciudadana: entonces se generan vacíos que permiten precisamente la entrada del rumor, de la conspiración y la intriga.

Vivimos en sociedades donde lamentablemente hay una pérdida de credibilidad hacía las instituciones de todo tipo: partidos políticos, funciones públicas, gobernantes, etc. Esto es un caldo de cultivo para que muchas de estas teorías, mucha de esta información, sea compartida por ciudadanos que no están precisamente con una cultura cívica robusta, fortalecida y con base en estándares de lectura, de información.

Desde mi perspectiva, yo creo que a eso se debe que estas teorías tengan tanto peso en amplios sectores de la sociedad. Esto parte mucho de la formación cultural y social de las distintas sociedades.

José Alfredo Beltrán, comisionado presidente de la Ceaip. FOTO: Rolando Carvajal | ESPEJO.

¿Qué papel juega el internet en todo esto? Se suponía que en sus inicios el internet vendría a democratizar la información a amplios sectores, pero a veces pareciera que genera todo lo contrario.

Partamos de una base bien fundamentada. Nosotros crecimos con una industria formal, tradicional, donde la opinión pública estaba conectada a partir de lo que decían los medios de comunicación formales. Hasta la década de los noventas los ciudadanos tenían un menú de opciones acotado a los periódicos impresos, televisión y radio. El internet vino a democratizar muchas cosas, para bien o para mal. Pero hay un punto de quiebre donde a partir de internet es muchísimo más la sociedad que tienen acceso a la información. Nunca en la historia habíamos tenido tantos ciudadanos expuestos a un cúmulo enorme de información, para bien o para mal.

Pero esto va mucho de la mano del nivel de desarrollo político, cultural, social de las distitnas sociedades. Es decir, habemos sociedades que han fortalecido mucho su sistema educativo, su estado de derecho, sus niveles de cultura y participación ciudadana, etc.

A qué voy con esto, no debemos de satanizar el internet, pero tampoco santificarlo. Hay que ver los claroscuros y hay que promover, creo yo, un nivel de autoregulación, de responsabilidad social; que a través de la trinchera de cada uno genermos una construcción de cultura del autocuidado, de no compartir noticias falsas, cuidar los datos personales, etc.

Puede sonar ideal pero hay que empezarla. Es fundamental que la sociedad tenga mayor oferta de canales de información. Yo sé la inquietud que existe en torno a este y otros temas, pero hoy en día son muchos las y los ciudadanos que están generando información. Tal vez no tengan una formación periodística pero son muchas las ventanas a través de las cuales están colando la realidad.

¿Pero hasta qué punto es sano o correcto tratar de cuestionar los discursos de los gobernantes al grado de no rayar en lo conspirativo?

Yo pienso que indudablemente los ciudadanos deben estar cuestionándose y poner en perspectiva los mensajes de las fuentes institucionales. En ese sentido, creo que cuando se hace ese proceso de análisis generamos, a nivel social, un debate público con respecto a la formación de cada persona para participar en los procesos comunicativos. Quienes venimos del periodismo sabemos que ni todo es blanco, ni todo es negro. ¿Cuál es el llamado aquí?

A que cada quien asuma su responsabilidad con madurez, no dejar que los vacíos informativos sean llenados por especulaciones y sobre todo en el tema de la salud. Para eso se tiene que replantear el modelo comunicacional de las instituciones. Es decir, tenemos que asumir que entre más información pública, oficial y científica haya esos especialistas tienen que construir una cultura del conocimiento acerca de estos temas. Porque si alguien deja un vacío en la comunicación, precisamente estas teorías conspirativas toman como caldo de cultivo un escenario de esta naturaleza. Claro que hay muchísimo que trabajar.

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