Corrupción

Caso ‘colchongate’ | “Fuimos los mejores amigos”

Durante 10 años se acompañaron como cómplices de eventos sociales, filantrópicos y políticos, como la campaña política de Jesús Valdés Palazuelos para la Alcaldía de Culiacán en 2016. Aunque no todo era trabajo, también compartieron momentos familiares.

Carlos Baltazar Castro Olivas y Benjamín Landgrave Buelna eran los mejores amigos, hasta que ambos compraron mil 200 colchones.

Hace 10 años inició esa amistad, Carlos trabajaba como director de Culiacán Joven, un programa que era del Instituto Municipal de la Juventud en Culiacán.

Benjamín ya trabajaba como contratista para eventos artísticos. Así se presentó ante las dependencias municipales y les ofreció mobiliario para sus actos de gobierno. De esa forma se conocieron.

Forjaron una amistad tan fuerte que confiaban uno en el otro de forma ciega y desinteresada.

“Lo consideraba muy mi amigo. Fuimos los mejores amigos”, contó Benjamín como uno de los testigos principales en el juicio contra Carlos, que enfrenta acusaciones por negociaciones ilícitas y peculado.

Durante 10 años se acompañaron como cómplices de eventos sociales, filantrópicos y políticos, como la campaña política de Jesús Valdés Palazuelos para la Alcaldía de Culiacán en 2016. Aunque no todo era trabajo, también compartieron momentos familiares.

“Yo fui testigo de arras con su primera y su segunda esposa”, aseguró Benjamín molesto. Esta historia fue contada de esta forma, con enojo.

La relación no podía ir mejor, hasta ese 15 de octubre de 2018, cuando todo, absolutamente todo, cambió.

Antes de esa fecha ocurrieron distintos eventos que marcarían la vida de miles de sinaloenses.

Primero fue la tormenta tropical 19-E, que ocurrió entre el 19 y 20 de septiembre de 2018. El fenómeno afectó municipios del norte y centro de Sinaloa, entre ellos Culiacán.

Aquí hubo inundaciones en múltiples colonias, el agua superó el metro de altura en algunos casos. Se perdieron muebles, vehículos y estructuras de casas.

El gobierno del Estado decidió comprar enceres domésticos, como colchones. Ese encargo lo tenían la Secretaría de Desarrollo Social y la Secretaría de Economía.

Se formó un comité de compras integrado por Raúl Carrillo Castaños, entonces Secretario de Desarrollo Social, y con él Carlos, quien era coordinador administrativo de la dependencia. También estuvo Morayma Yaseen Campomanes, subsecretaria de Planeación Económica de la Secretaría de Economía.

Entre los tres funcionarios se repartieron las compras y a Carlos le tocó buscar proveedores para adquirir 2 mil colchones.

Cotizó con empresas locales, pero no se convenció de los precios. Luego pensó en su amigo Benjamín.

Este se encontraba en Guadalajara, Jalisco, junto a su esposa. Era 2 de octubre de 2018 y se preparaban para atender un evento social.

Carlos le pidió buscar proveedores, pero Benjamín desconocía con quién, por eso preguntó al bell boy del hotel, a los restauranteros y taxistas.

En una de esas un hombre le aconsejó buscar a la señora Isabel Reyes, en la colonia Betel, ahí fabricaba colchones con su empresa llamada El Mariachi.

Benjamín fue a buscarla, cotizó el precio de cada colchón y la contactó con Carlos. El negocio ya casi estaba hecho.

Volvió a Culiacán, se encontró con Carlos y este le pidió que lo acompañara a Guadalajara. Era un viaje complicado, tenía que atender eventos sociales en la capital.

“Me fui con él porque era mi amigo”, dijo.

Llegaron la mañana del 6 de octubre a la capital de Jalisco, desayunaron y fueron a buscar a la señora.

El entonces coordinador administrativo de Sedeso Sinaloa preguntó costos y diseños, la empresaria le platicó de una fábrica familiar para diseñar colchones y luego pidió que la acompañaran.

“Carlos hasta se subió a uno de los colchones, nosotros nos reímos de eso, pero no lo vimos mal”, señaló Benjamín.

Entonces llegaron a un acuerdo: fabricar hasta mil colchones y conseguir otros mil más. Por cada uno de esos muebles en Culiacán se le pagaría mil 350 pesos.

Carlos volvió a Culiacán, pero le pidió a Benjamín quedarse, ser su enlace en esa ciudad para encargarse de la logística. Lo pensó porque sabía que debía volver a atender sus eventos, pero se aceptó.

“Lo hice porque no era la primera vez que ayudaba a mi amigo Carlos Castro”, mencionó Benjamín.

Carlos le entregó 12 mil pesos como viáticos, le pagó noches de hotel y antes de irse le informó que desde el día 5 de octubre se le habían depositado un millón 350 mil pesos. Ese dinero debía utilizarse para pagar cada tanda de colchones entregados.

Benjamín aceptó ese trabajo sin una ganancia y durante 8 días acudió a la fábrica para verificar, llevar una contabilidad y pagar cada mueble.

“Todos los colchones eran blancos, forrados en un plástico transparente y sellado”, recordó el empresario.

Mientras Benjamín contaba colchones, en Culiacán había molestia de decenas de personas damnificadas por la tormenta.

Se hizo la entrega de colchones podridos, con cabellos, manchas de sangre, mojados y con más de un forro para disimular la peste. Estaban podridos.

Hubo vecinos que sacaron los colchones de sus casas como signo de protesta y otros que los juntaron para apilarlos en el patio del Ayuntamiento de Culiacán.

La noticia se volvió mundial: un gobierno, el de Quirino Ordaz Coppel, repartió colchones podridos a personas afectadas.

Benjamín se enteró por Carlos, quien le ordenó parar inmediatamente el envío de colchones. En ese entonces ya iban mil 200 de los 2 mil contratados.

También le pidió buscar a la señora Isabel. Esta no contestaba el teléfono y debía dos facturas a Gobierno del Estado.

Benjamín dijo estar indispuesto, debía regresar ahora sí a Culiacán para atender su negocio, pero la mañana siguiente ya estaba Carlos afuera de su habitación. Viajó desde Culiacán con su madre para ir a buscar a la proveedora.

Ambos se llevaron a Benjamín a la colonia Betel, donde está la fábrica, pero no encontraron a la mujer y Carlos decidió ir a otro lugar.

Se vio con un abogado junto a la Plaza del Sol en Guadalajara, ahí estaba Benjamín también, fue testigo del encuentro.

“Grabé tres videos donde se puede observar cómo Carlos le dictó unos documentos al abogado poniendo a la señora como referencia”, contó Benjamín, pero no describió más de esos documentos.

Apenas salieron de ese despacho y Carlos le ordenó nuevamente quedarse en Guadalajara hasta dar con la señora Isabel. Le quitó la libreta donde anotó toda la logística de compras y un celular con el que se comunicaban.

El coordinador administrativo de la Secretaría de Desarrollo Social de Sinaloa viajó otra vez a Culiacán, pero fue detenido por la Policía de Investigación.

Benjamín se enteró al día siguiente, la noticia la supo por la madre de su amigo y luego por los diarios.

Apenas pasaron 24 horas y Carlos le habló por teléfono, había salido libre de forma condicional, pues iniciaría el juicio en su contra.

Para ese entonces ya era 21 de octubre, Benjamín ya se preparaba para regresar a su casa, pues al día siguiente ya tenía su vuelo programado.

Apenas se levantó y en su correo electrónico habían llegado dos facturas con su nombre desde Gobierno del Estado de Sinaloa, una por un millón 250 mil pesos y otra por 270 mil.

Le habló a Carlos pero no contestó, luego a la madre de este y a su esposa, pero tampoco respondieron.

Minutos después llegó otro correo electrónico, era un amparo promovido en Culiacán a su favor con su firma puesta en el documento judicial.

Benjamín no sabía qué pasaba, alguien había hecho esos movimientos sin su consentimiento. El estrés lo carcomía.

Le contó todo esto a un amigo abogado, quien le ayudó a calmarse hasta volver.

“Se me cerró el mundo de rabia, me deprimí, estaba defraudado por mi mejor amigo en ese entonces”, expresó Benjamín, quien recién había descubierto que su contador emitió las facturas porque Carlos lo obligó.

Siguió buscando a su ex amigo sin éxito, hasta que recibió una llamada, era el abogado de su amigo, el licenciado Marco Arámburo.

Hablaron del caso, que el ex coordinador administrativo de la Secretaría de Desarrollo Social estaba en problemas graves, que apenas iniciaba un calvario.

Benjamín se dijo molesto y le exigió hablar con él, advirtiendo contar con información importante que podía contarla a la Fiscalía Anticorrupción.

Pero el abogado Arámburo lanzó una amenaza:

“Aguas con lo que tú hablas, porque si te metes con Carlos atente a las consecuencias”, parafraseó Benjamín en la audiencia contra quien fue su mejor amigo.

Pasaron los días y el empresario ya no supo de Carlos. Decidió ir a la Fiscalía para declarar contra él. Luego intentó ocultarse por miedo a represalias.

Dos años después se presentó ante los juzgados y contó su versión de la historia, los agentes del Ministerio Público, el juez, los abogados defensores y Carlos escucharon los detalles de ese quebranto de confianza.

Fueron los mejores amigos, hasta la compra de esos mil 200 colchones.

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