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Eliminar la violencia contra la mujer: ¿empezamos ya o seguimos fingiendo?

En Sinaloa, los hechos de violencia contra la mujer ocurridos a lo largo de 2020 demuestran que las instituciones responsables de garantizar el derecho a la vida no solamente no están cumpliendo.

Lejos de la oratoria y la parafernalia que domina en torno a la conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, hay que poner sobre la mesa de los hechos la realidad nacional y estatal y con base a la verdad definir estrategias legales, familiares, sociales, de pareja e individuales para que la conducta humana sea el punto de partida en la lucha contra todo tipo de ataques a ellas.

El más reciente informe de la Organización Mundial de la Salud establece que una de cada tres mujeres padece agresiones que van desde letales, graves, psicológicas o discriminatorias y que ocurren desde la niñez hasta la etapa adulta, provocando daños acumulativos que se agravan con la impunidad del 95% de los casos. Es un mal viejo que cada año se recicla con buenos propósitos ya que desde hace dos décadas se habla de soluciones y lo que persisten son las apatías.

En Sinaloa, según diagnóstico del Consejo Estatal de Seguridad Pública, los hechos de violencia contra la mujer ocurridos a lo largo de 2020 demuestran que las instituciones responsables de garantizar el derecho a la vida no solamente no están cumpliendo, sino que no han corregido lo que impide que funcionen como las leyes lo mandatan.

En el periodo enero-agosto la violencia familiar ha incrementado 17% en comparación con el mismo periodo del 2019; la violación alcanzó en 2019 la cifra más alta de la última década en Sinaloa y en 2020 con corte a agosto tiene un aumento de 16%, mientras el feminicidio registra una disminución del 46% hasta el mes de agosto, con 16 casos asentados en los registros oficiales, pero el total de mujeres asesinadas de enero a agosto, independientemente de su tipificación, es de al menos de 26 según registros periodísticos.

Esto refleja lo lento que se avanza en implementar políticas públicas que sea efectivas en cuanto a protección de las mujeres. La oratoria que se pone de moda en estas fechas trasmuta con rapidez a desidias, negligencias y simulaciones que reiteran la escasa voluntad gubernamental, y el tenue cambio en la conducta colectiva, las dos barreras que impiden suprimir los rezagos que resaltan por encima de los eventos que se organizan cada 25 de noviembre. ¿Empezamos ya o seguimos simulando la preocupación?

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