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El veto del gobernador al predial en campos de golf: ver más allá de un impuesto

De hecho, el alcalde y los diputados minimizaron los criterios que en México y a nivel internacional rigen al considerar a los campos de golf como tractores del desarrollo.

Al predominar en el alcalde de Culiacán, Jesús Estrada Ferreiro, la tozudez de considerar a los campos de golf como simples lotes baldíos, se ponen a la vista de todos los puntos ciegos de la función pública que reducen a recaudación voraz aquello que tendría que ser política de Estado para ampliar los beneficios que derivan de instalaciones propias del desarrollo económico, ambiental y patrimonial.

Recientemente el Congreso del Estado aprobó gravar con el impuesto predial al total de las áreas urbanas destinadas a la práctica del golf al equiparar a estas con los predios sin construcción, por lo que el gobernador Quirino Ordaz Coppel le regresó al Poder Legislativo el decreto con observaciones debido a que considera que viola el principio de confianza legítima, como una manifestación del derecho de seguridad jurídica.

Anteriormente, el alcalde de Culiacán había ejercido presión política y amenazas contra diputados locales para que le aprobaran las reformas en materia de impuesto predial urbano, lo cual consiguió parcialmente cuando el Congreso optó por cambiar de régimen fiscal a los campos de golf. El Ejecutivo estatal observa que tal decisión puede provocar que los contribuyentes terminen no pagando el impuesto al no ubicarse en el supuesto de la norma.

De hecho, el alcalde y los diputados minimizaron los criterios que en México y a nivel internacional rigen al considerar a los campos de golf como tractores del desarrollo. Aparte del bono turístico que significan, lo principal es que las propiedades en vivienda o terrenos adjuntos adquieren una plusvalía mayor de hasta 40%, permitiéndole a los Ayuntamiento recaudar más por el impuesto predial. Otro plus es que al constituir zonas verdes operan como los tan indispensables pulmones de las ciudades.

A Culiacán puede salirle más caro el caldo que las albóndigas por la corta visión del presidente municipal que reduce al viejo prejuicio de pobres y ricos (los que practican golf y los que no) un tema que está más ligado al desarrollo que a venganzas políticas. Dos datos más: el 30% de las personas que compran casas cerca de campos de golf lo hacen no porque practiquen ese deporte sino por considerarlo buena inversión; en tanto una ciudad tenga más campos de golf atrae mayores capitales nacionales y extranjeros por considerarse indicador de modernidad y progreso. Y la pregunta final: ¿siguen entonces de pagar predial los campos deportivos, áreas comunes de fraccionamientos, instalaciones de seguridad pública y los parques ecológicos y recreativos?

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