Ciudadanía

Le arrebataron “escuelita” al narco

Hëb y Vivi al observar la Bicentenario se encontraron con todo lo que está mal y que es resultado de la indiferencia de los gobiernos. No se quedaron con los brazos cruzados.

En Twitter se leía: “quiero proponerles algo”. La cuenta era de Hëb Martínez, un programador y diseñador web de Culiacán. Le siguió Vivi Santana desde su cuenta contando de lo que había sido testigo, las condiciones del centro educativo que se levantó en la colonia Bicentenario, uno de los barrios de mayor marginación y pobreza en Culiacán.

Esa ‘escuelita’ se hizo por iniciativa de Esmeralda Núñez Terán, una mujer que habita esa colonia, preocupada por tratar de cambiar su entorno y el de las niñas y niños, sobre todo en este tiempo de pandemia, cuando las escuelas cerraron y las clases deben tomarse por internet o televisión abierta. Ahí no hay servicios públicos, mucho menos internet si no se contrata de forma inalámbrica.

Alzó la voz pero nadie la escuchó, se fue a cruceros y al periódico El Debate, el de mayor circulación en Sinaloa y solo hubo un lector que atendió la solicitud, el crimen.

Al lugar llegaron personas que se presentaron como enviados de los hijos de Joaquín Guzmán Loera, ‘El Chapo‘. Propusieron un edificio y Esmeralda se negó, solo necesitaba lo básico.

¿Por qué la pensaste?

No sé, la pensé por muchas cosas. La pensé porque soy cristiana, soy de la iglesia. La pensé. Luego dije ‘bueno, al fin de cuentas Dios sabe porqué hace las cosas, por qué buscaron a mí y adelante’, dediqué todo mi tiempo, les enseñé este lugar, que no ocupaban invertir tanto, que no se necesitaban muros de concreto, que este lugar era el adecuado porque podía correr el aire y todo.

¿Pero te ofrecieron muros?

Sí, ellos primero tenían la idea de comprar un terreno y hacer algo de materia, hacer algo muy grande porque los tiempos no daban y lo más importante es lo que ellos pudieran traer independientemente de lo que iban a construir, porque una escuela no la forman cosas así, y no pretendemos ser una escuela, aclaro.

Para estudiar no ocupábamos los lujos que ellos nos querían dar, ocupábamos la televisión, el internet y todo y al último salió eso, ellos dijeron que sí, que estaba bien, que lo arregláramos.

Luego se vino una ola mediática con titulares espectaculares en reverencia a los hijos del criminal sentenciado en Estados Unidos por traficar droga de forma ilegal.

Hijos de El Chapo Guzmán habilitan “escuela” en Culiacán“. “Hijos de “El Chapo” equipan supuesta escuela en Sinaloa“. “Hijos de El Chapo construyen escuela en colonia Bicentenario“. “Así es la escuela que los hijos de ”El Chapo” levantaron en Sinaloa“. “‘Los Chapitos’ crean escuela en Sinaloa“. “Sinaloa busca regularizar escuela abierta por hijos de ‘El Chapo’ en Culiacán“.

El diario Noroeste reconocía la labor de Esmeralda: “En Culiacán, hermanas que crecieron en el basurón arman escuela para que niños estudien durante la pandemia”.

“Si los medios aquí en Culiacán hubieran visibilizado la nota de una forma diferente, sin mencionar la nota escándalo del narco, probablemente se hubiera obtenido apoyo de la ciudadanía, no la estigmatización”, aseguró Hëb Martínez.

Este centro educativo es una iniciativa de cuatro mujeres, lideradas por Esmeralda, pero la conversación giró de forma casi total hacia lo que podían o pueden hacer criminales.

El territorio fue dominado y no había autoridad alguna oponiéndose, si no fuese para hacer promesas políticas.

El Secretario de Educación en Sinaloa, Juan Alfonso Mejía López, reconoció que el centro educativo reveló el abandono gubernamental hacia una comunidad.

“Lo que nosotros vimos es la necesidad del apoyo higiénico, la parte de los baños y creo que sin duda es uno de los temas fundamentales”, aseguró.

“Platicando con ellos me decían que no habían tenido algún contagio, pero sin duda es un tema importante”.

No sucedió más.

Hëb y Vivi

Hëb Martínez vio junto con Vivi Santana toda esta historia y decidieron dejar la comodidad de su sala u oficina. Pero primero debían conocer de primera mano la situación.

“Si no involucras a la ciudadanía y no les compartes lo que está sucediendo en tu misma ciudad, en una zona que está un tanto retirada, pero en la misma ciudad, nunca se van a involucrar y van a seguir señalando y estigmatizando a las personas que están tratando de ayudar”, dijo Vivi.

Vieron una situación que es común para el 30 por ciento de la población que vive en pobreza o pobreza extrema en Sinaloa:

  • Viviendas amontonadas.
  • Sin servicios básicos.
  • Calles sin pavimentar.
  • Lejos de cualquier hospital u escuela pública.
  • Su paisaje en el horizonte son montañas de basura.

La colonia Bicentenario tiene también un olor característico a podredumbre.

Esa colonia surgió por los trabajadores de la pepena, muchos de ellos llegaron después de haber sido desplazados en sus ranchos y pueblos cuando la llamada “guerra contra las drogas” arreció en las montañas de la Sierra Madre Occidental. Son personas que dejaron su vida para salvar las de los suyos.

Hëb y Vivi al observar la Bicentenario se encontraron con todo lo que está mal y que es resultado de la indiferencia de los gobiernos. No se quedaron con los brazos cruzados.

“Yo creo que siempre se usa la pena ajena, las carencias o los problemas del otro, las carencias de los demás para aprovecharse en posicionamiento político, vender más notas o de la forma que tú quieras”, señaló Hëb.

Ambos trabajan en el diseño de estrategias digitales para mejorar empresas y ahora tenían que trabajar en otra estrategia, pero para mejorar la vida de los niños de la Bicentenario.

Y todo comenzó con una publicación en Twitter.

Hëb y Vivi se contactaron con otros usuarios populares en la misma red social, se unieron a otros y causaron un revuelo invisible en lo real, pero factible en lo virtual.

Pedían ayuda para una impresora, unas mesas, sillas, una televisión y polvo para hacer agua de horchata. Esas fueron las peticiones de Esmeralda, encargada del centro educativo.

A esta “escuelita” asisten más de 90 niños, una clara muestra de la voluntad infantil por querer tener una vida más digna.

“Así se lo han enseñado sus padres”, ha dicho Esmeralda, quien recuerda que son hijos de pepenadores y no de criminales.

Los nuevos activistas se pusieron como meta una semana, la logística era solo de dos personas, que en la práctica parecía de 10.

Cada día se sumaba al menos un donante. Hubo quienes pusieron las mesas, otros las sillas, unos más televisiones y esto se descontroló. La gente mandaba mensajes, hacía llamadas, pedía números de cuenta para depositar. Eran empresarias, amas de casa, maestras y amigas de redes sociales.

“En la red encontré personas de buen corazón con ganas de ayudar, muchos culichis que viven fuera… realmente fue una participación muy importante”, recordó Hëb.

Estos actos son la respuesta a una burda presentación de la utilización sobre necesidad infantil desde grupos criminales. Las personas se unieron y cambiaron todo en menos de una semana, hasta la imagen del Centro por la mano del muralista Doctor Feis.

“Tenemos una ciudad problemática, con un mundo de violencia, nos suceden los culiacanazos, son ciudadanos, somos hijos de Culiacán quienes están ahí, no porque quieran estar tal vez, sino son las situaciones y las condiciones sociales que los orillan a eso y si queremos paz aquí en Culiacán, si ya no queremos tener jóvenes punteros, si ya no queremos tener problemas de ese tipo necesitas a niños educados”, dijo Vivi.

Este Centro Educativo ya no puede ser llamado “escuelita de los hijos de El Chapo”, sino como se inició: ‘Escuela Temporal Extensión Bicentenario’, apoyada y patrocinada por mujeres y hombres de Culiacán preocupados por la niñez de este municipio.

“Qué chingón que un niño se acuerde de que hay personas que están interesadas en tener educación o de salir adelante, pero eso no debería de terminar ahí, eso siempre se tiene que dar y debería haber un chingo de gente más haciéndolo y tal vez no debería de verse como un acto de heroísmo, sino un acto de contagio, de tú querer hacer cosas”, aseguró Hëb.

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