Tema de hoy

Acabar con los órganos autónomos no, señor presidente

La sociedad civil, por más que le haya extendido el voto de confianza, se levantará para defender aquello que fue tan difícil construir y que, en efecto, debe ser fortalecido en lugar de la pretendida demolición.

La destrucción de los órganos autónomos en México parecía al principio otra cortina de humo para distraer a los mexicanos de la abultada y compleja problemática nacional, sin embargo, el presidente Andrés Manuel López Obrador sostiene firme la intención y con tal énfasis en echar abajo esos pilares de defensa de las garantías institucionales a lo que está convocando es a la unidad nacional para defender los entes independientes.

Con todas las deficiencias que puedan tener, y que por supuesto el Poder Legislativo debe corregir, las instituciones autónomas constituyen el fruto sagrado de movimientos sociales en los que se sacrificaron vidas humanas, por lo que el verbo eliminar no cabe. El afán del actual régimen por centralizar todo el poder y quitar del camino todo aquello que signifique transparencia, democracia, derechos humanos y libertad de expresión, denota la grave perturbación en la mentalidad del gobernante que llegó a tan alto escalón del servicio público gracias a estos baluartes emancipadores.

López Obrador aduce el habitual discurso de combate a la corrupción para poner en la mira a 200 organismos autónomos que reciben un presupuesto de 500 mil millones de pesos anuales, mismos que propone sean absorbidos por diferentes dependencias del Poder Ejecutivo Federal, lo que significa despojarlos de la independencia y volverlos parte de la burocracia que le sirve al gobierno.

Cuidado con los sistemas de gobierno que quieren ser juez, parte, mediadores y lupa a la vez, echando abajo la estructura cívica de vigilancia y contrapeso cuya misión es moderar los abusos del poder público. Si México pierde al Instituto Nacional de Acceso a la Información, la Comisión Nacional de Derechos Humanos y el Instituto Nacional Electoral, sólo por mencionar tres ejemplos, caerá en el retroceso que la historia y la realidad internacional reclamará tarde o temprano.

Con los órganos autónomos no, señor presidente. La sociedad civil, por más que le haya extendido el voto de confianza, se levantará para defender aquello que fue tan difícil construir y que, en efecto, debe ser fortalecido en lugar de la pretendida demolición. Dar un salto de siete décadas hacia atrás llevaría a México a la regresión política y social que nos evidenciaría en la era autoritaria frente a un mundo que fortifica a través de los ciudadanos las barreras que le cierran el paso a las tiranías.

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