Culiacán

Historias de histeria | ‘¿Qué les debo?’

‘Ya estás haciendo tu desmadre otra vez’ le dijo al hombre que apuntaba con la pistola.

En la ciudad de Culiacán, los altos niveles de violencia han propiciado una grave descomposición social que se traduce en hechos que parecen sacados de relatos de terror, relatos que han trascendido la fantasía y se han convertido en el día a día de los habitantes de la urbe. En ‘Historias de histeria’ hacemos un recuento de aquellos sucesos que nos hablan de la necesidad de emprender acciones para devolver la paz y tranquilidad a todos los ‘culichis’.

Raúl estaba molesto con Ana y todo el día habían estado cortantes, primero en casa de él cerca de Montebello y luego con la familia de Ana cerca de Santa Fe; es normal, son un matrimonio joven que acaba de tomar la decisión de mudarse a un pequeño departamento, por los rumbos de Sanalona.

Eran como las 4 pm y ya se habían despedido de los padres de Ana, estaban cansados de todo el proceso de mudanza y decidieron irse temprano a su nuevo hogar, a seguir acomodando algunas cosas que los padres de ella les habían regalado.

Durante el trayecto comenzaron a discutir por algunas cosas absurdas del acomodo de muebles y terminaron aterrizando su mal humor en unas conversaciones que Raúl sostenía con una amiga de Ana por Whatsapp.
La discusión subió de tono, mientras él conducía y ella comenzó a golpearlo hasta que Raúl perdió la concentración en el volante y de repente se escuchó el enorme sonido de un claxon, que parecía advertir a los dos chicos del siguiente peligro al que se enfrentarían.

Frenaron de tajo y sin ningún impacto por una de las calles de Las Quintas y atrás de ellos frenó también un auto deportivo muy lujoso, precisamente quien había sonado el claxon para advertirlos. Del auto bajó un hombre pequeño y de piel blanca, casi transparente, y se dirigió de prisa al pequeño March de la pareja.

Raúl y Ana pensaban que el joven los iba a ayudar, pero en cambio bajó a golpes a Raúl y lo tiró al piso. ‘Casi me chocas, cabrón’ le dijo muy enojado.


Aunque Raúl era mucho más grande y atlético, se quedó inmóvil, entre el susto del incidente y la actitud del hombre, quien seguía golpeándolo, mientras Ana veía la escena con rabia desde el auto. Raúl cobro fuerza y comenzó a defenderse, alcanzando a darle un par de golpes al tipo, que de inmediato sacó una pistola de su pantalón y la apuntó al cuerpo del joven.
Ana gritaba arrebatadamente desde el auto y se bajó corriendo ayudar a Raúl, que ya se encontraba de rodillas en el pavimento, seguramente esperando un par de balas.


En ese momento una camioneta enorme se estacionó cerca de los autos y de ella bajó una mujer alta, blanca y muy arreglada, gritando muy enojada.
‘Ya estás haciendo tu desmadre otra vez’ le dijo al hombre que apuntaba con la pistola, mientras lo agarraba de las manos y lo apartaba de la escena. Lejos de los jóvenes, regañó, le dio una cachetada y lo hizo subir a su auto, que arrancó rápido del lugar.


La señora se acercó con la pareja y los vio muy por encima, ‘ya párense, no pasó nada’ les dijo sonriendo. ‘¿Qué les debo? o ¿así estamos bien?’ les preguntó mientras se hacía como que buscaba algo en su bolsa.
Raúl y Ana le dijeron que no, con la cara desencajada. La señora se disculpó diciendo ‘es que mi hijo se pone muy loco, más con el carro nuevo’ mientras los dejaba ahí, angustiados.

La pareja se fue de inmediato del lugar, sin decir una sola palabra hasta llegar a su nuevo departamento.

¿Será que la constante exposición a hechos de violencia, narcotráfico, corrupción e impunidad y muchos otros más que ocurren constantemente en Culiacán y Sinaloa empiezan a afectar el correcto funcionamiento de la psiqué de los sinaloenses?

Comentarios

Reflexiones

Ver todas

Especiales

Ver todas