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Detrás de feminicidios están la negligencia de las autoridades y el desamparo a víctimas

En Sinaloa se enciende la luz roja en lo que respecta a violencia de género y también debe activarse alguna luminosidad en acciones de gobierno y de ciudadanía que propicien el abordaje de la situación desde todos los enfoques.

La falta de estrategia integral y funcional de atención a hechos tipificados como feminicidios es lo que sale a relucir con los dos sucesos de violencia contra mujeres ocurridos el 15 de febrero, uno de los cuales fue irresponsablemente divulgado de manera masiva para añadirle a la ineficacia de las instancias investigadores el morbo ciudadano que en amplios segmentos normaliza los delitos en vez de tomar conciencia de la compleja situación que observa.

La saña mostrada en el ataque a una mujer perpetrado a bordo de un autobús urbano de Culiacán, además de que las imágenes estuvieron disponibles para públicos de todas las edades y mentalidades, le aporta claridad al negligente desempeño de instituciones que de manera inmediata deben intervenir para prevenir las secuelas de diversa índole posteriores a la comisión de ilícitos.

Una desidia más tiene que ver con la desobediencia de las corporaciones de seguridad pública a las solicitudes que emiten las fiscalías y órganos de protección a víctimas para que se les otorgue protección a mujeres que denuncian a tiempo la situación de riesgo en que se encuentran y son abandonadas a su suerte. El calvario vivido por Candelaria pudo ser evitado con el funcionamiento de los protocolos establecidos.

Existe el disfuncional aparato de prevención e investigación de feminicidios que comienza con la ineptitud de servidores públicos para tratar el problema pues ven a las víctimas como objetos que les “avientan” en sus territorios de poder, o bien se “lavan las manos” frente al problema, luego llega puntual la revictimización en medios de comunicación que le apuestan al amarillismo, y todo esto confluye en audiencias que toman la dosis de morbo de los actos violentos sin pasarla por el tamiz de la reflexión.

En Sinaloa se enciende la luz roja en lo que respecta a violencia de género y también debe activarse alguna luminosidad en acciones de gobierno y de ciudadanía que propicien el abordaje de la situación desde todos los enfoques. Es la única manera de detectar las fallas y corregirlas lo antes posible poniéndole límites a la simulación en la cual las autoridades deploran en el discurso las agresiones contra mujeres, pero detrás de ese lamento no se ve la voluntad o la sensibilidad para protegerlas antes de que los ataques se realicen.

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