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Alcoholímetros en Culiacán, impregnados de corrupción y nula supervisión

La solución no es quitar puntos de control sino, al contrario, reforzarlos y limpiarlos de actos de cohecho para que se apeguen al propósito legítimo de cuidar la integridad física de los culiacanenses.

La falta de inspección por parte de las autoridades municipales hace posible que los operativos contra conductores que transitan en sus vehículos por las calles a pesar de haber consumido bebidas alcohólicas, se conviertan en focos de corrupción y sacrifiquen el objetivo social de evitar accidentes de tránsito que derivan en lesiones y pérdida de vidas. La intención y la logística de origen fueron buenas pero al quitárseles la supervisión gubernamental y ciudadana se creó el mejor caldo de cultivo para los sobornos.

Ahora que anda en campaña desde el desempeño del cargo para reelegirse como alcalde de Culiacán, Jesús Estrada Ferreiro accede a revisar lo que durante más de dos años se resistió inclusive a reconocer. Ofrece analizar la posibilidad de reducir los puntos del alcoholímetro en Culiacán debido a que “tengo muchas quejas de que están extorsionando gente… necesitamos poner orden”.

Por supuesto que la promesa de quitar unos y dejar otros puntos de control representa la solución tomada al vapor pues lo que se requiere es mayor vigilancia y rigor contra los elementos de las policías preventiva y vial que implementan estas acciones, así como sumar a observadores de instancias no gubernamentales de combate a la corrupción y defensa de derechos humanos ya que a la sombra de la noche son los miembros de seguridad pública los que hallan condiciones para extorsionar.

También debe reconocerse que para consumar situaciones de corrupción se requiere al que accede a corromper y quien acepta ser corrompido, representando los ciudadanos un eslabón importante en dicha cadena de deshonestidades. Aquí operan mucho la actitud de los policías que intimidan y amenazan con humillar al chofer con grado alcohólico más allá de lo que la ley les permite, y el infractor que le teme a ir a los separos policiacos sabiendo aun que debe pagar por la irresponsabilidad propia.

La solución no es quitar puntos de control sino, al contrario, reforzarlos y limpiarlos de actos de cohecho para que se apeguen al propósito legítimo de cuidar la integridad física de los culiacanenses y concientizar de los peligros de ir al volante en estado medio o alto de embriaguez. En vez de remedios tomados sobre las rodillas por políticos que buscan votos, no salvar vidas, los puntos del alcoholímetro pueden permanecer, crecer, moralizarse y transparentarse desde los fundamentos que dieron lugar a efectuarlos desde noviembre de 2016.

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