Educación

Un año… y contando | La educación se transformó en rutina

Por primera vez en la historia moderna, toda una generación de estudiantes no se apuró en llegar a la escuela.

“Ya queremos regresar. Vamos a mejorar, tal vez no pudimos pulirte como queríamos, pero vamos a tomar lo mejor de ti”, José Martin, docente.

A un año de la pandemia, la propagación del virus SARS-CoV-2 por el mundo significó la restricción del espacio social más vital para la interacción humana: el espacio público. La humanidad completa inició el enfrentamiento contra un enemigo invisible que cruzó abruptamente las fronteras y las soberanías nacionales. En el ámbito educativo, por primera vez toda una generación de estudiantes no se apuró en llegar a la escuela —como marca el imaginario popular.

Para miles de niñas, niños y adolescentes el transcurso del tiempo se detuvo el 20 de marzo del 2020.

Aquel día las autoridades escolares vieron oportuno adelantar las vacaciones de Semana Santa como primera medida de mitigación al inminente arribo del coronavirus a nuestro territorio.

Para muchos de estos de jóvenes la noticia fue tomada con júbilo y alegría, el tiempo de esparcimiento sería aprovechado para compartir con amigos y familia, recrearse. Lejos estaban de comprender la realidad sanitaria a la que se estaban enfrentando algunos sistemas de salud pública en Europa y Asia.

Aquellas imágenes de hospitales saturados todavía se veían muy lejanas a la realidad mexicana y el día feriado por el natalicio de Benito Juárez ya era recordado como el puente más largo de la historia.

Pasó abril, mayo, junio, julio; la pandemia se prolongaba y el nuevo ciclo escolar tenía que iniciar. La vida tenía que seguir, exclamaba Quirino Ordaz Coppel, por otro lado. Todas las actividades de la sociedad tuvieron que adaptarse a las condiciones pandémicas de la noche a la mañana, así lo exigían las circunstancias.

En agosto de 2020 el gobierno federal anunció la puesta en marcha el sistema de educación a distancia. El plan contemplaba firmar acuerdos con las televisoras para transmitir contenidos, en paralelo, miles de docentes dieron el salto al mundo digital de la noche a la mañana y el uso de plataformas para reuniones virtuales se convertiría en las principales herramientas para transmitir el conocimiento y el intercambio de ideas.

“Yo pensé al principio que iba ser algo muy temporal, algo que iba durar máximo dos meses. También pensé que las escuelas no iban a estar preparadas en ese momento. Conforme pasaban los meses me llegaban pensamientos de que no íbamos a salir de esto y que tal vez las clases serían en línea para siempre”, comenta Daniel Hernández, un joven de 15 años que cursa primero de preparatoria.

LA EDUCACIÓN A DISTANCIA SE ENFRENTÓ CON LA REALIDAD MEXICANA

¿Cómo llegamos a un año del Covid-19 en el tema educativo? A pesar de que las autoridades educativas han llevado a cabo un esfuerzo auténtico por sacar adelante la educación en México, la realidad ha sido que la pandemia evidenció aún más problemas que en el país venían arrastrándose dentro del sistema educativo público: brecha digital, deserción escolar, rezago, problemas de aprendizaje, entre otras fisuras que no habían podido ser llenadas del todo por el Estado.

De acuerdo con información de Mexicanos Primero, el nivel de escolaridad promedio en Sinaloa era de 15 años en el 2020, lo que significa poco más de la secundaria terminada. Aunque pudiera parecer un rango bajo de escolaridad entre la población, lo real es que este promedio fue alcanzado apenas durante los últimos 20 años según lo calcula el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Gustavo Rojas, director de Mexicanos Primero, se cuestiona de cuántos años va ser la pérdida de escolaridad promedio a causa de la pandemia y el cierre tan prolongado de las escuelas.

“Para un cierre de escuelas tan largo como el mexicano la pérdida va ser de un año. ¿Cuánto le tardó a Sinaloa crecer en promedio un año su escolaridad en la población? Diez años”, revela.

El especialista considera que este panorama podría orillarnos a una catástrofe educativa, situación que podría marcar el destino de una generación de jovenes mexicanos: “Es una catástrofe que debemos evitar y se evitará en la medida en que hagamos de la educación una prioridad a la par que la reactivación económica”, advierte.

El diagnóstico es claro: la educación a distancia no ha podido cumplir con las expectativas de generar una educación de calidad.

Una vez que la estrategia se puso a andar, inmediatamente comenzaron a surgir nuevas dudas donde lo académico se desplazó a un segundo término y empezó a adquirir importancia la valoración de las desigualdades que esta nueva realidad está provocando.  Este desequilibrio entre los hogares mexicanos no ha permitido que en todo el país se avance de la misma manera ni al mismo ritmo.

“No queremos desestimar el esfuerzo que han hecho miles de docentes y familias, pero claramente no ha sido suficiente. En un año no se han desplegado iniciativas intermedias para recuperar elementos de presencialidad”, continúa el director de Mexicanos Primero. 

Para agosto de 2020, la Secretaría de Educación Pública estimó que el 10 por ciento de los estudiantes de nivel básico y 8 del nivel superior abandonaron sus estudios a causa de la pandemia. De acuerdo con cálculos de Mexicanos Primero el número de jóvenes mexicanos que han tenido que desertar de sus escuelas ronda los 6 millones.

LA OTRA PANDEMIA

Conforme la pandemia sigue su curso cada vez son más los estudios científicos que indican como la actual crisis sanitaria y los confinamientos han trastocado nuestras vidas y nuestras relaciones sociales.

En las últimas semanas especialistas han llegado a pronosticar que se avecina una crisis de salud mental en los adolescentes a causa del cierre de las escuelas.

Los diagnósticos han encontrado que limitar el tiempo que los estudiantes pasaban en las escuelas aumenta otros riesgos: truncar desarrollo social de miles de niños, niñas y adolescentes. Mientras que la mayoría de las actividades económicas han vuelto a reactivar sus cadenas productivas los estudiantes mexicanos permanecen en sus casas, lo que está ocasionando síntomas de depresión y ansiedad en muchos de ellos.

Estos padecimientos a su vez se traducen en pérdida de aprendizaje y desmotivación social.

Esmeralda Ruelas, psicopedagoga de nivel secundaria en la Universidad Católica de Culiacán, explica como a lo largo del último año ha ido observando todas estas características entre su alumnado.

“Al inicio de la cuarentena los alumnos lo veían como vacaciones. Ya que vieron que la situación se alargaba, primero manifestaban aburrimiento, querían ver a sus compañeros. Ya en este ciclo se comenzaron a dar casos de ansiedad; entre hacer las tareas, subirlas a las plataformas, comenzaron a manifestar presión escolar. Otros casos han sido por vivir experiencias por pérdidas de familiares cercanos como una mamá o papá a causa del Covid. El ver eso les afecta en sus emociones y aun así tienen que cumplir con las obligaciones escolares. Tengo casos de alumnos que no pueden superar duelos a pesar que las escuelas han flexibilizado las tareas”, dio conocer.

A su vez, la especialista tiene presente que la etapa en la que están los niños y adolescentes es un proceso clave para su socialización y que para los estudiantes es sumamente importante el sentido de pertenencia, para los de nuevo ingreso el crear nuevos vínculos de amistad: lamenta que esa parte se encuentra suspendida.

“Esto impacta en sus emociones, entonces hay una desmotivación y con ello se va acarreando otros problemas: tristeza, melancolía, lo que detona síntomas de ansiedad”, explica.

Esmeralda detalla que dentro de las reuniones de Consejo Técnico Escolar entre los maestros, las rutas a seguir ha sido ayudar a los alumnos a sobrellevar sus emociones: “El programa ahorita nos indica que debemos ser empáticos en todo lo que se está viviendo, dejando en un segundo término la rigurosidad de las evaluaciones”, apunta.

Por otro lado, a estas alturas la desmotivación escolar no solo ha venido a afectar al estudiantado, sino incluso a los mismos maestros. Entre quienes no se acostumbran al uso de plataformas digitales, el tener que estar sentados frente a una pantalla por horas y al mismo tiempo cumplir con la atención a sus propios hijos.

“También para el maestro es más pesado este ritmo, comienzan a resentir la carga de trabajo. El maestro también está desmotivado dando clases. Yo observo a los maestros somnolientos, cansados, durmiéndose; esto obviamente contagia al alumno”, detecta.

Para Eddy Ojeda, por ejemplo, a estas alturas si tendría que describir su condición anímica en una palabra sería “frustración”, comenta el maestro de secundaria de la comunidad de El Pozole, en Rosario.

“Creo que a pesar del esfuerzo que se ha llevado a cabo por parte de los docentes y las autoridades, los aprendizajes esperados no se están alcanzando. Y no es una cuestión que sólo frustre a los docentes, también a los alumnos. Quienes en consecuencia suelen caer en el desánimo y en una mecánica monótona de trabajar por mera rutina, sin entender ni comprender los temas”, expresa.

Al maestro dice preocuparle saber que los alumnos para el próximo ciclo escolar egresarán a otro nivel educativo y que no vayan con una preparación ni siquiera mínima.

“Yo sabía que la educación a distancia se iba alargar mucho, pero nunca me imaginé que tanto como un año. Todo el día encerrada, me sentía aburrida”, comparte Alejandra Hernández, una joven que vivió la experiencia de pasar de preparatoria a la universidad de manera virtual. La estudiante describe este proceso como raro y extraño, dado que no siente que hubo un gran cambio en su vida como es acceder a la educación superior. Aún no conoce de manera física a sus nuevos compañeros de licenciatura más que en mensajes o cuando los ve a través de una pantalla.

La sensación con la que vive es la de una chica que todavía sigue cursando la preparatoria, pues fue en esa etapa de su vida donde la agarró la pandemia.

¿ES SEGURO REABRIR LAS ESCUELAS?

A un año de la pandemia de Covid-19 países como Uruguay, Costa Rica, Grecia, Bélgica, Portugal, Hungría y la misma China han vuelto a clases presenciales. Mientras tanto en México el debate se intensifica cada vez más.

Apenas el pasado martes 22 de febrero la Alianza Nacional de Escuelas Particulares de la República Mexicana (ANFE-ANEP) advirtieron que el próximo 1 de marzo reanudarían sus clases presenciales, aunque para la Secretaría de Educación Pública parece ser que esto todavía no está contemplado.

Sin embargo, lo que sí es seguro es que esta medida no puede ser tomada de un día para otro.

“La urgencia de generar estrategias responsables para volver de manera segura tiene que ver con el papel de las escuelas para el desarrollo integral de los estudiantes, no solo en el tema del aprendizaje”, reitera Gustavo Rojas.

Continúa explicando que para un regreso a clases primero se tiene que generar una discusión pública donde no solamente se encuentre el gobierno, las familias, los profesores, los especialistas, sino una colaboración en el proceso de ese retorno y que conlleven a un plan responsable.

Admite que no se trata de una medida fácil, pero si urgente y el comienzo es a partir de una participación ciudadana que genere confianza. Entre las medidas alternativas que Mexicanos Primero espera ver impulsadas para este 2021 es un sistema mixto donde los alumnos que en verdad se encuentren en la necesidad de regresar a clases, ya sea por falta de acceso a internet y recursos o problemas de aprendizaje lo hagan; mientras que para aquellos que se han adaptado a la educación a distancia lo sigan haciendo.

En días recientes, Juan Alfonso Mejía López, secretario de la Secretaria de Educación Pública Cultura en Sinaloa (SEPyC), ha señalado la urgencia de que se añadan nuevos elementos de presencialidad a la educación a distancia.

El funcionario ha venido promoviendo la instalación de centros comunitarios de aprendizaje como una medida antes del regreso a clases presenciales. El proyecto consistiría en atender a los 30 mil estudiantes en el estado (de 130 mil que integran las matrículas de educación básica en Sinaloa) que vienen arrastrando problemas en su desempeño escolar por causas ajenas a su voluntad.

Sin lugar a dudas tras la pandemia muchas de las herramientas implementadas para la educación a distancia llegaron para quedarse en las escuelas, por lo que las medidas a tomar en los próximos meses por las autoridades educativas tienen el desafío de retomar lo perdido en la ausencia de éstas. 

El reto es volver a hilar la relación entre maestros y alumnos, volverlos a encontrar enteros y en presencia, salvarlos de la mera reproducción mecánica de contenidos que los está orillando a una vida de constante letargo y a una realidad inanimada.

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