Ciudadanos Ejemplares

Un viaje a la isla del Rancho con el Doctor Lomelí

La estampa que tengo del Dr. Lomelí de ese viaje es verlo tirado en la arena, con las piernas dobladas y viendo al cielo, sitio en donde estoy seguro de que ya se encuentra. Alguien que aportó tanto a su comunidad no merece menos.

Como cientos de padres culichis tuve la fortuna de que mis hijos fueran atendidos por el Dr. Jorge Alfredo Lomelí Meillón. Sin embargo, yo fui uno de los afortunados. Lo digo no porque hace poco menos de 23 años nos presentamos a su consultorio con el mayor de mis tres hijos. Lo digo porque tuve la oportunidad de conocerlo de manera personal.

Xico, nuestro primer hijo, nació flaco, no comía, estaba enjutado, lo están matando de hambre, no lo llenas. Esas eran algunas de las palabras que escuchábamos mi esposa Miriam Navarro y yo, probablemente bien intencionadas. Recuerdo que desesperado fui a la farmacia, compré unos biberones y se los entregué. Tenemos que darle leche en polvo. No lo llenas, fueron mis palabras cuando le mostré la caja donde venían y el bote de leche en polvo.

Mi comadre Nelba Osorio Porras se acercó a Miriam un día y la invitó a que fuera a un grupo de La Liga de La Leche que se reunía en casa de Lucia Echavarría de Schiller. Ahí empezó todo. Llegó mi mujer y no se sale hasta 23 años después, se convirtió en Líder de la Liga de la Leche y en una apasionada de la lactancia materna. Es en ese sitio en donde le dicen que no se desespere y Nelba le sugirió que fuera con el Dr. Lomelí. Así inició nuestra carrera en pro de la lactancia materna y la amistad que por todos estos años nos brindó este ilustre galeno.

En ese inter yo inicié mis trabajos de doctorado y les comenté al Dr. Lomelí y Jorge Schiller de lo que hacía y que se alborotan los dos. “Vamos” me comentaron. Incrédulo por esa petición, más por Lomelí que por el Jorge, les respondí que sí.

Esa era una de las muchas facetas del Dr. Lomelí, no solo era un excelente y reconocido pediatra, también le gustaba aventurarse en nuevos horizontes y disfrutar de la naturaleza. Se daba tiempo para descansar y conocer sitios del estado que lo adoptó. Eso no lo sabía, por eso mi sorpresa. El año de este viaje no lo recuerdo, probablemente fue en el 2002.

El viaje tenía que ser temprano, de Culiacán a Costa Azul, Angostura son como 2 horas de camino. Como era un viaje familiar, más que de trabajo de campo, se alborotaron el Jorgito, Klauss, Daniel, Xico y Joaquín. Todos nos subimos a la van de Lomelí y vámonos a Costa Azul. Desde luego que en el carro era un alboroto, los plebes estaban chicos, pero eso se le resbalaba a Lomelí. El encantado manejando y platicando, de ves en cuando volteaba por el retrovisor para reírse de lo que hacían los ruidosos acompañantes.

En Costa Azul nos esperaba Edén Sánchez Hernández, el“Peri” con su panga. Todo listo, todos arriba, prestos para iniciar una travesía de 45 a 50 minutos. En el trayecto cruzamos algunas islas, las aves acuáticas volaban a la distancia o pasaban por arriba de nosotros. Jorge llevaba una muy buena cámara fotográfica, eran de las de rollos. Según él estaba preparado. Lomelí disfrutaba del viento, de la vista, del día soleado. De los críos ni que decir, un alboroto y griterío, no paraban, era algo nuevo para ellos.

Llegamos a la Isla del Rancho, bajamos la hielera con las viandas, recuerdo que les dimos algo de comer. Lomelí descalzo para no mojar los tenis al bajarse de la panga, se preparó su buena porción, “tengo que alimentar este cuerpecito”, fue su excusa.

Llegamos a la colonia de Gallitos Reales (Thalasseus maximus), los plebes encantados, Lomelí sorprendido y el Jorge a tome y tome fotos. Espera no tomes tantas fotos, fue lo que le comenté al fotógrafo, su respuesta: “traigo muchos rollos”. Pasamos la colonia de gallitos y seguimos caminando por la isla, quería que conocieran el atractivo principal: la colonia de Pájaros Bobos Patas Azules (Sula nebouxii). El Jorge como lo predije ya no traía rollos.

Hicimos el recorrido de regreso, yo creo que pasaron algunas 2 o 3 horas. Lomelí y los invitados asoleados, la batería se les descargó, entre la caminada y la levantada temprano le bajaron algunos decibeles al ruido, tanto que en el viaje de regreso todos se durmieron.

Después salimos juntos a varios talleres de La Liga de La Leche, su pasión después de curar a los niños y darles sus paletas de Tutsi Pop después de la consulta. Eso seguro lo extrañaran muchos niños de Culiacán.

La estampa que tengo del Dr. Lomelí de ese viaje es verlo tirado en la arena, con las piernas dobladas y viendo al cielo, sitio en donde estoy seguro de que ya se encuentra. Alguien que aportó tanto a su comunidad no merece menos.

Comentarios

Reflexiones

Ver todas

Especiales

Ver todas

    Reporte Espejo