Bienestar

El estrés en todas sus presentaciones: identifícalo y atiéndelo

Las presiones que ejercen los nuevos protocolos de higiene y el distanciamiento social han repercutido de manera casi imperceptible en nuestro comportamiento.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el estrés como un conjunto de reacciones fisiológicas activa el organismo para enfrentar adversidades, se trata de un sistema de alerta biológico necesario para la supervivencia.

El estrés puede tener diferentes interpretaciones puede ser una herramienta que facilita a las personas afrontar sus problemas, pero también puede crear  un estado de no bienestar, cuyo diagnóstico clínico es denominado como trastorno de angustia generalizada.

El estrés puede ser identificado con los siguientes síntomas:

  • Trastornos durante el sueño, como dormir poco o demasiado.
  • Abuso en el consumo de alcohol u otras sustancias inhibidoras.
  • Pérdida o aumento de peso.
  • Diarrea o estreñimiento.
  • Dolores corporales frecuentes.
  • Mala memoria para cosas simples migrañas, cefaleas o dolores de cabeza.
  • Falta de energía.
  • Pérdida de la concentración.
  • Poco deseo sexual.
  • Mandíbula y cuello rígidos que con el tiempo generan dolor.
  • Cansancio constante, incluso sin haber realizado actividad física.

La Asociación Mexicana para la Práctica, Investigación y Enseñanza del Psicoanálisis, A. C. precisa que existen diferentes tipos de estrés que pueden afectar la vida de las personas de diferentes maneras.

Estrés agudo

Surge de las exigencias y presiones del pasado reciente y las exigencias y presiones anticipadas del futuro cercano. El estrés agudo es emocionante y fascinante en pequeñas dosis, pero cuando es demasiado, resulta agotador. Del mismo modo, exagerar con el estrés a corto plazo puede derivar en angustia, que puede manifestarse en una combinación de enfado o irritabilidad, ansiedad y depresión; otros síntomas comunes son dolores de cabeza tensionales, malestar estomacal y otros síntomas físicos como elevación de la presión arterial, taquicardia, sudoración de la palma de las manos, dolor de pecho, respiración corta y superficial, o mareos.

Estrés agudo episódico

Es común que las personas con reacciones de estrés agudo estén demasiado agitadas, tengan mal carácter, sean irritables, ansiosas y estén tensas. Suelen describirse como personas con “mucha energía nerviosa”. Siempre apuradas, tienden a ser cortantes y a veces su irritabilidad se transmite como hostilidad. Las relaciones interpersonales se deterioran con rapidez cuando otros responden con hostilidad real y el trabajo se vuelve un lugar muy estresante para estas personas.

Estrés Crónico

Proviene de experiencias traumáticas de la niñez que se interiorizaron y se mantienen dolorosas y presentes constantemente. Algunas experiencias afectan profundamente la personalidad. Se genera una visión del mundo, o un sistema de creencias, que provoca un estrés interminable para la persona (por ejemplo, el mundo es un lugar amenazante, los otros descubrirán que la persona finge lo que no es, debe ser perfecto todo el tiempo). Cuando la personalidad o las convicciones y creencias profundamente arraigadas deben reformularse, la recuperación exige el autoexamen activo, a menudo con ayuda de un profesional.

La importancia de identificar radica en la atención que se puede brindar a cada uno de ellos, que puede ir desde ejercicios de tranquilizantes básicos, pasando por la terapia y hasta llegar a la medicación.  Más allá de la atención inmediata a una crisis por estrés, es necesario acudir con un especialista para encontrar las estrategias adecuadas revertir estas situaciones.

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