Sociedad

El Tendedero del Acoso, del arte a la denuncia y de los 70’s a los 00’s

El tendedero del acoso es una práctica que tuvo sus inicios desde los años 70´s dentro del arte feminista y cuya finalidad es darle voz a las mujeres.

El tendedero del acoso es una práctica que tuvo sus inicios desde los años 70´s con la finalidad de darles voz a las mujeres, niñas y adolescentes, cuyos problemas no eran escuchados ni atendidos por las autoridades y de combatir el sexismo con el arte.

En una charla que mantuvo la artista Mónica Mayer, promotora e impulsora del arte feminista desde los 70´s, con el fin de dar pie al taller del Museo de Artes de Mazatlán  donde se realizarán una serie de tendederos en Culiacán, Mazatlán y Los Mochis,  explicó que el conocido tendedero del acoso partió desde una perspectiva artística como un recurso para eliminar el muro que impedía a las mujeres el señalar y denunciar a sus acosadores.

“No se escuchaba de otra manera, son un último recurso que se ha tenido que usar y hay que pensar en otros. Tiene muchas fuentes, pero lo que es común es el hartazgo y el enojo, el decir ya no nos podemos quedar calladas y nos estamos acompañando”, dijo.

Posteriormente, se fue apropiando en distintos ámbitos como una herramienta de denuncia. Es así que algo que ella inició como una pieza artística ha evolucionado al grado de ser usado por mujeres, niñas y adolescentes para realizar denuncias públicas en distintos lugares como la vía pública y universidades.

“En muchos casos las mujeres hemos sentido en México la necesidad de hacer este tipo de denuncias públicas porque no nos han hecho caso”, afirmó.

Evolución

Mónica Mayer recordó que en 1978, las pocas feministas que había estaban involucradas en luchas sobre el aborto y violaciones, pero aún no se llegaba hasta el tema del acoso, ya que estaba muy normalizado en México.

Fue a partir de ese año cuando creó al tendedero como una pieza artística para visibilizar un tema del que nunca se había hablado, se conjuntó las molestias de las mujeres y se plasmaron de forma anónima, pero aún no se tomaba como una denuncia.

En 2015, en un viaje a Colombia para el Encuentro Internacional de Arte de Medellín, Mónica Meyer comenzó a comprender el impacto de esta obra como respuesta a un contexto, dijo que al realizar este producto entendió como muchas situaciones de acoso se repetían y las autoridades no hacían nada para evitarlas.

“El tendedero va cambiando cada vez y me va enseñando a mí también, en ese mismo tendedero una maestra se apropió de la tecnología y lo usó en su salón y de ahí para el real, el tendedero ha empezado a usarse en cosas de activismo, en cosas de arte, en cosas de pedagogía”, agregó.

Fue en 2016 cuando esta obra llegó a Culiacán, donde se les preguntó a las mujeres si habían sido maltratadas. Mónica recordó que como parte de esta expresión, Cutzi Salgado realizó el performance donde paseo por el parque Las Riberas estando desnuda con una hielera en la cabeza, lo cual causó un escándalo y controversia.

Fue una experiencia maravillosa. Era ir encontrando las distintas historias del maltrato y lo que sucedía… Para mí fue muy importante ver que una mujer desnuda caminando por las calles causaba un impacto que no causan las mujeres asesinadas o la violencia que vivimos todos los días”, mencionó.

Explicó que el realizar tendederos hoy en día es muy diferente, ya que hay muchos modelos físicos y digitales, además de que ya las mujeres están organizadas y tienen mayores conocimientos sobre el problema que es el acoso, por lo que no solo se usa para visibilizar sino para denunciar.

Lee más sobre #LadyBichi, el performance de Cutzi Salgado

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