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Democracia rehén: así no gana nadie y Sinaloa lo pierde todo

El secuestro de Salas Beltrán, que por fortuna tuvo un desenlace afortunado al ser puesto en libertad, así como la secuencia violenta del día de la votación, son señales de alerta que todos deberíamos ver antes de convertirnos en víctimas de circunstancias iguales. Así no. Así todos vamos al deslizadero de los perdedores.

El hecho más impactante de violencia asociada al actual proceso electoral en Sinaloa es el caso de la privación ilegal de la libertad del secretario de Organización del comité directivo estatal del Partido Revolucionario Institucional, José Alberto Salas Beltrán, que anoche fue liberado después de 60 horas de que un grupo armado lo “levantó” en su domicilio de Culiacán.

Además del secuestro de un hermano de Guadalupe Iribe, ex aspirante del PRI a alcaldesa de Badiraguato, que también culminó con el fin del cautiverio una vez que la candidata decidió desmarcarse de la elección, se tiene el registro de más de 700 denuncias de agresiones en el contexto de los comicios más violentos de la historia reciente de Sinaloa. Lejos de ser quejas por delitos electorales, se trata de sucesos de inseguridad pública perpetrados en relación con las votaciones.

Todo indica que tanto víctimas como los partidos a qué pertenecen, en sincronía con autoridades que simulan investigar y en realidad son apáticas, están cayendo en la actitud de dejar pasar las agresiones de que fueron objeto sin proceder en consecuencia de la magnitud de los delitos cometidos. La operación impunidad que empezó mucho antes del día de la votación con candidatos que fueron amenazados para que se retiraran de las campañas configuró el crimen perfecto porque el silencio de los ofendidos y la inacción del gobierno le vino como anillo al dedo a los victimarios.

Sin embargo, sin pasar por alto el daño causado a personas y sus familias, aquí la víctima principal es la democracia que se convirtió en rehén de grupos delictivos que metieron el terror en las casillas con fines políticos y que en redes sociales hacen alarde ahora de los triunfos electorales obtenidos. Así nadie gana. Sinaloa debe decidir lo que la voluntad popular determine en paz y con legalidad, no bajo la presión atemorizante de los que andan fuera de la ley. El secuestro de Salas Beltrán, que por fortuna tuvo un desenlace afortunado al ser puesto en libertad, así como la secuencia violenta del día de la votación, son señales de alerta que todos deberíamos ver antes de convertirnos en víctimas de circunstancias iguales.

Así no. Así todos vamos al deslizadero de los perdedores.

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