Sociedad

El hombre con suerte | Sergio sobrevivió a la matanza de Tlatelolco y del Jueves de corpus

“Estábamos en contra de la arbitrariedad y no había inflexión sobre eso, sabíamos que nos iban a matar de todas maneras”

“No salí lesionado por pura suerte”, narró Sergio Villalobos Navarrete. Él fue uno de los estudiantes que participó en dos de las marchas que se vivieron en la Ciudad de México que tuvieron como desenlace cientos de muertes: la marcha del 2 de octubre de 1968, conocida como la matanza de Tlatelolco y la del 10 de junio de 1971, llamada matanza del Jueves de Corpus o El Halconazo.

Hoy se conmemora este último acontecimiento que sucedió hace 50 años, en ese entonces, Sergio tenía alrededor de 22 años y estudiaba en la Escuela Superior de Química en la Ciudad de México, relató lo ocurrido como una completa injusticia porque los estudiantes no tenían con qué defenderse de los grupos opresores que llegaron armados a disolver la marcha.

“Desgraciadamente los estudiantes no tenían armas, no teníamos nada, iban con su espíritu, con su cuerpo a poner una resistencia a la represión que se estaba dando en el país”, dijo.

Durante su relato se le fue quebrando la voz al recordar (esta era como la tercera vez en el día) lo que tuvo que vivir. Explicó que ya tenían un precedente con lo ocurrido en 1968, por lo que los y las jóvenes estudiantes ya iban preparados /as  con la idea de que recibirían represiones y que tendrían que “echar trancazos”.

“Pero llegando a la normal nos detuvieron los policías vestidos de civiles y también los granaderos que estaban aleccionados para reprimir manifestaciones…

En ese entonces participó el grupo de jóvenes que habían preparado también el grupo de la brigada blanca llamados los halcones, ellos participaron con varas, con chacos, con todo lo que tenían a la mano que tenían preparado…

Nosotros también sabíamos que iba a haber represiones, se lo hicimos saber a todos los compañeros, que después de haber asumido la represión del 2 de octubre era imposible que dejaran que nos marcháramos libremente, entonces se les aleccionó que fueran preparados para echar trancazos, que llevaran algo por lo menos, en ese entonces todavía no estábamos armados todos, de preferencia que llevaran algo con lo que pudieran responder”, relató.

Detalló que al principio las armas eran chacos y varas, pero al ver que la manifestación no se disolvía y que incluso habían vencido a los halcones, estos arremetieron con armas de alto poder como ametralladoras, atacando a todos los estudiantes.

“Bastantes compañeros cayeron, a algunos los tuvimos que cargar y llevar hasta los hospitales cercanos, pero a los hospitales nos siguieron y los remataban a los que habían quedado vivos, y a los médicos y las enfermeras también las maltrataron ahí porque se oponían a que mataran a los compañeros heridos”, recordó mientras las lágrimas se acumulaban en sus ojos

Según la información que se ha recopilado en la historia de este suceso, fallecieron o fueron heridos más de cien estudiantes que marchaban de la normal hacia el Zócalo a favor de la educación pública y la democratización de las universidades, lo cual quedó en la prosperidad como un recuerdo del derecho de la ciudadanía a la libre expresión y de recuperar los espacios públicos.

Esto después de que hacía tres años con la matanza de Tlatelolco el miedo había silenciado las manifestaciones y marchas públicas, pero no el sentimiento y las exigencias de los y las jóvenes.

“Estábamos en contra de la arbitrariedad y no había inflexión sobre eso, sabíamos que nos iban a matar de todas maneras, entonces íbamos decididos a lo que fuera. Teníamos ideales que defender y manifestamos esos ideales a través de la insurrección de la manifestación en contra de Estado”, comentó.

Fueron dos situaciones diferentes, agregó Sergio, ya que la matanza del 2 de octubre acabó con estudiantes, civiles y niños y niñas, mientras que la del 10 de junio estuvo dirigida particularmente hacia los estudiantes.

“Ahí estuve, también la libre…

El 2 de octubre fue una situación bastante crítica donde participaron muchos obreros, ferrocarrileros, electricistas, telefonistas, una serie de sindicatos independientes que participaron junto con nosotros, y los padres y madres de familia, los niños que estuvieron ahí también sufrieron las consecuencias, eliminaron, mataron a mucha gente que no tenía por qué sacrificarse de esa manera”, dijo.

 Durante el 10 de octubre de 1971, según la historia oficial, los llamados Halcones fueron un grupo que se había infiltrado como civiles en la marcha. Pero 50 años después nadie ha sido juzgado ni encarcelado por este acontecimiento.

Fue un parteaguas bastante grande, el 2 de octubre sobre todo, porque ahí se lograron cambios grandes en la política, lo que tenemos hoy en día no es otra cosa más que una manifestación de lo que pasó entonces, ahora la gente sale a votar con total libertad”, finalizó Sergio durante un mitin que se realizaba en la plazuela Álvaro Obregón de Culiacán, para recordar lo acontecido hace 50 años.

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