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La corrupción en México sigue intacta y los gobiernos la fomentan

La descomposición de la cosa pública sigue siendo la misma, no cambia, así los gobiernos de los diferentes partidos políticos le coloquen máscaras de simulación.

Una investigación publicada este mes por la organización Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad revela que la empresa constructora Koloss Infraestructura, misma en 2018 fue acusada por la Auditoría Superior de la Federación de haber cobrado 12 millones de pesos por cinco obras “fantasma”, obtuvo en 2020 otros seis contratos por asignación directa de los gobiernos federal y del Estado de México, por 20 millones de pesos.

En México el monstruo de la corrupción recibe palmadas en la espalda a través del tráfico de influencias, sean del signo político que sean los servidores públicos. A pesar de las irregularidades que le detectó la ASF en 2018, Koloss obtuvo en mayo de 2020 un contrato del Instituto Mexicano del Seguro Social para la venta al Estado de México de 13 ventiladores respiratorios por 19 millones 553 mil pesos, pese a que su giro comercial no es la proveeduría de equipos médicos.

Cada aparato lo cobró a 1 millón 504 mil pesos, casi igual que los que León Manuel Bartlett, el hijo de Manuel Bartllet, director general de la Comisión Federal de Electricidad, le vendió al mismo Seguro Social en aquel escándalo que sacudió al gobierno de AMLO. Kollos sustituyó al hijo de Bartlett como proveedor del IMSS y mantuvo el alto costo de los ventiladores que, como dato de referencia, la Secretaría de la Defensa Nacional le había comprado el mismo año a otra empresa, Gestión en Riesgos de Desastres SA de CV, a 898 mil pesos.

Y no obstante el mal antecedente, en junio de 2020 el Instituto de Seguridad Social del Estado de México también entregó a Koloss más de 2 millones de pesos repartidos en cinco contratos por adjudicación directa para mantenimiento de diferentes clínicas y estancias infantiles. Dichas obras que debió terminar en septiembre registran cero por ciento en avances, establece el reporte de verificación del estado físico de las unidades que serían beneficiadas.

La descomposición de la cosa pública sigue siendo la misma, no cambia, así los gobiernos de los diferentes partidos políticos le coloquen máscaras de simulación.

Por lo tanto, urge que el combate al flagelo vaya más allá de las poses que con estilo propio cada presidente, gobernador o alcalde simula ponerles tapaderas a las cloacas y en la realidad el problema persiste con sentinas adornadas como ejemplos de rectitud.

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