Culiacán

¿Por qué el culto a la Santa Muerte gana terreno en Culiacán?

Tan solo en este recorrido de 15 kilómetros de la capital sinaloense a la sindicatura de Sanalona se encuentran ocho altares de este tipo distribuidos por ambos carriles.

Fotografía: Josué David Piña

Fotografía: Josué David Piña

“Yo no vengo a dar la vuelta aquí, yo vengo con ‘Ella’”, exclama un sujeto sin identificarse y refiriéndose al gran altar de la Santa Muerte ubicado en la carretera a Sanalona a la altura de la desviación que conecta con la comunidad de Alcoyonqui.

En los últimos años, esta salida de la ciudad de Culiacán se ha convertido en un corredor de altares de esta figura popular mexicana, a quien la iglesia católica no reconoce e incluso condena y rechaza su veneración. A pesar de ello, tan solo en este recorrido de 15 kilómetros de la capital sinaloense a la sindicatura de Sanalona se encuentran ocho altares de este tipo distribuidos por ambos carriles.

El altar referido en un inicio es el más ostentoso de la zona, con bancas, techumbre y palmeras bien cuidadas y regadas pare recibir a sus visitantes. Al llegar al lugar unos obreros se disponían a darle mantenimiento sin ningún tipo de restricción, a pesar que 5 kilómetros atrás se posicionaba un retén de la Policía del Estado.

Al principio renuente, luego de unos minutos la persona consultada se acercó para preguntarnos qué es lo que queríamos saber. Negó tácitamente ser algún tipo de guardián o encargado de dicho altar, pero era evidente que se hallaba en ese momento supervisando el trabajo de quienes lo “embellecían”.

Este explicó que a al lugar llega gente de todo tipo. Algunos por mera curiosidad, pero muchos más a rendirle devoción.“Hasta pasteles traen aquí”, comentó tal vez queriendo demostrar que este sitio nada tiene que ver con algo moralmente inapropiado o fuera de la ley.

Por el contrario, explica cómo este espacio se ha ido convirtiendo en un lugar público, donde cualquier persona puede llegar sin mayor problema. Justifica lo anterior al detallar que la capilla donde está instalada la Santa Muerte no cuenta con una puerta, “nadie es dueño de esta capilla”.

Nuestro anfitrión reitera que nada tiene que ver con la administración del altar, pero su manera de expresarse y la familiaridad con la que describe el espacio lo delatan. Incluso de su cuello cuelga una cadena que porta una figura dorada y de tamaño considerable de la muerte. 

A mediados de 2020 en la zona urbana de Culiacán, en el sector Barrancos, apareció un altar de la Santa Muerte de dimensiones mucho más pequeña que las apreciadas sobre la carretera Sanalona; sin embargo, aquella representación popular causó revuelo mediático en redes sociales por haberse instalado en un bulevar muy transitado, sin que nadie alrededor pudiera señalar indicios de quiénes la erigieron.

Por su parte, el Ayuntamiento de Culiacán se apegó al reglamento de construcción donde prohíbe la obstrucción de la vía pública. En aquella ocasión, el departamento de Inspección y Vigilancia informó que los operativos de vigilancia para detectar más instalaciones como esta, indebidamente colocadas, continuarían efectuándose en toda la ciudad. Si bien es cierto que en casco urbano del municipio no se ha registrado otro altar similar en vía pública desde entonces, en la periferia  cada vez más aparecen repentinamente.

Posiblemente el contexto de violencia, desempleo, pobreza, marginalidad y narcotráfico en que habitan muchas regiones del país ha ocasionado el surgimiento de nuevos actores sociales que buscan, a través de la religiosidad, catalizar esas emociones. En particular en Sinaloa, pareciera que el culto a la Santa Muerte gana terreno.

Lo anterior podría interpretarse como un síntoma de vacío ante la incapacidad del Estado de garantizar los derechos más básicos a un gran sector de la sociedad.

Al respecto, el historiador de la Facultad de Historia de la Universidad Autónoma de Sinaloa, Wilfrido Llanes Espinoza, lanza la hipótesis de que este fenómeno puede deberse a la pérdida de feligreses de la Iglesia Católica en los últimos años.

“La Iglesia Católica siempre ha estado enfrentando al protestantismo. Ha sido dominante por mucho tiempo pero también se ha ido fortaleciendo una tendencia a que la Iglesia Católica ha ido perdiendo fuerza. ¿Y quiénes han estado ganando terreno? Justamente este tipo de prácticas y representaciones y que son claramente ubicados para un sector”, opinó.

La idea del académico podría respaldarse al echar un vistazo al último Censo de Población y Vivienda 2020 realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), al registrar que la religión católica en el país cuenta con 97 millones 864 mil practicantes, lo que significa un descenso del 5 por ciento con respecto al censo de 2010, pasando del 82.7 por ciento al 77.7 por ciento.

Los negocios y tiendas esotéricas abundan en el centro de Culiacán; sin embargo, durante la pandemia apareció un local que se centra exclusivamente en parafernalia de la Santa Muerte. Una de estas figuras incluso cuenta con una veladora prendida todo el tiempo apreciada desde el exterior.

La Santa Muerte ha sido objeto de culto principalmente en regiones del centro y sur del país, el barrio de Tepito en la ciudad de México y Catemaco, en Veracruz, son dos epicentros de antaño. Sin embargo, en Culiacán dichas representaciones apenas comienzan a asomarse y pareciera que gana simpatías, no siendo venerado exclusivamente por personas vinculadas al narcotráfico.

Lo anterior llama la atención sobre todo cuando Sinaloa ya contaba con una figura endémica de la región, considerada también pagana por la Iglesia Católica: Jesús Malverde.

¿Cómo es que la Santa Muerte ha venido posicionándose en un sector subalterno de la sociedad sinaloense, donde cada vez se afianza más?

Para el sociólogo sinaloense Ronaldo González Valdez estas expresiones se enmarcan en el estallido de identidades de cuál ha sido característico la era posmoderna. Mientras discursos como democracia, capitalismo o cristianismo se encuentran en decremento, dicho desencantamiento tiene que ser llenado rápidamente por otras opciones identitarias como lo son el auge de los horóscopos, el couching o el orientalismo, entre muchos otros ejemplos.

La gente está buscando identidades más cercanas, más en corto, con contornos mucho más definidos; inclusive una disposición iconográfica más tangible de cara a la crisis de los meta relatos. En las sociedades contemporáneas eso se ve todos los días; ahí está la aprobación del matrimonio igualitario, pero también la reivindicación de derechos por parte del feminismo y los problemas raciales en Estados Unidos”, sostiene.

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