Ciudadanía

La foto de Gabybunda: viajar para vivir

Recuerda que de pequeña se ponía a hojear revistas de Nat Geo. Se maravillaba viendo las fotos, deseando poder hacer algo parecido.

Gabybunda se detiene frente al Puente Negro y descubre a los hombres en las vías del tren. Abajo el río Culiacán refleja el vientre de la antigua estructura y aguarda el paso de la locomotora y los vagones.

Ahí tiene su foto. Ya la vio. Por eso revira a su Cannon T6. El ojo va sobre la mirilla e inicia la vigilia para el momento preciso. Prueba el diafragma, afina el enfoque. La cámara es como una máscara negra. Ella siente el peso en la palma de su mano.

La trama que habrá de captar brota desde su silencio y quietud. Porque para ella el mundo está en pausa, solo los dos hombres de las vías se mueven, existen. La estructura oscurecida es el gran marco.

Gabybunda hace la toma a contraluz. Ahí está el instante atrapado por el obturador. La cámara guarda la imagen, la reposa. Hay memoria, queda la huella del instante.

La imagen es una cosa que impresiona al primer golpe de vista. Esa foto habrá de llevarla aquí y allá, mostrándola. Algo tiene y desde adentro se le desprende el misterio, ese oculto lenguaje de todo retrato vivo.

BUEN OJO

“Oye, Gaby, tienes muy buen ojo. Deberías dedicarte a la fotografía”, le dijo la maestra María Elena en el salón de la secundaria Federal 6.

Gabriela Cervantes no hizo caso, dejó pasar el comentario sobre las cinco fotografías que había hecho en el viejo parque 87.

Apenas el día anterior había ido a la Kodak a comprar una cámara desechable para la clase de Artes Visuales. Ahí sintió una especie de conexión con la cámara. La maestra les había pedido que tomaran fotografías.

“Tuve mi primer encuentro con la fotografía en secundaria. En secundaria tomé una cámara por primera vez y de ahí nació mi deseo por dedicarme a esto. Esa maestra fue la primera persona que me alentó a dedicarme a hacer foto. Aunque en ese entonces no seguí lo que me dijo y me puse a trabajar en otra cosa”.

Tomó las sombras de los árboles, planos cerrados. Sombras y texturas. También hizo un paisaje. “Había un espacio con arena. Recuerdo que esa foto fue la que le gustó más a mi maestra. Era como arena en formas pero en la foto se veían como texturas”.

Tantos años después Gabriela recuerda las palabras de la maestra María Elena. Ahora es una fotógrafa que va por las ciudades, retratándolas, sacándoles historias, fotografiando a sus gentes, pueblos, apuntando a sus calles y edificios.

“Siempre que tengo una cámara en mis manos siento una especie de adrenalina y esa fue la primera vez que la sentí”.

Recuerda que de pequeña se ponía a hojear revistas de Nat Geo. Se maravillaba viendo las fotos, deseando poder hacer algo parecido.

“Soñaba con visitar esos lugares y tomar fotografías como las que estaban en las revistas. Ahora tengo cinco años que empecé a viajar y a tomar fotografías, a hacerlo más como un estilo de vida”.

VIAJAR

Las muertes de dos amigos la llevaron a la reflexión. Tenía que hacer algo porque la vida se va como hacer una foto. Era gerente en una tienda de Culiacán. Dejó el trabajo y se dispuso a viajar.

A sus 26 años Gabybunda ya ha viajado a Colombia, Perú, Cuba, Guatemala y solo le queda por conocer los estados del norte de México. A los 22 años ya conocía dos maravillas del mundo: Machu Pichu y Chichen Itzá.

“El chiste de viajar es sobrevivir. Es una manera de darte cuenta de que no lo necesitas todo y que se pueden generar recursos en el camino y que siempre va a haber personas que te puedan tender la mano. Estamos en un trabajo, en casa, tenemos comodidad y creamos una zona de confort. Quería romper con eso a los 18. Quería un sentido o encontrar respuestas más que nada”.

A los 18 le pidió a su padre, viajero también (aunque con guitarra), que la llevara con él a una de sus travesías. Lo hizo para apreciar y valorar.

Fueron dos semanas. Salieron sin dinero, como dicta el dogma de quienes viajan. Su padre tocaba la guitarra y cantaba; ella vendía pulseras. La ruta arrancó en Culiacán. Y cubrió Mazatlán, Escuinapa, Tepic y Guadalajara. El plan era llegar a la Ciudad de México pero su papá decidió regresar.

VIAJE DE TRES MESES

A los 21 años se fue sola a Colombia. A Bogotá. Fue más a disfrutar, invitada por unos amigos que conoció. Allá la impresionó el Peñón de Guatapé. Allá empezó a tomar foto de paisaje con el celular.

En Bogotá vio mucha gente en situación de calle, inmigrantes. Gabriela Cervantes volvió tocada a Culiacán. Era 2016, apenas el inicio de lo que habría de convertirse en lo que ella llama un estilo de vida.

“Cuando regresé me dije: quiero hacer foto. Decidí trabajar para comprarme mi cámara porque no tenía. Un año y medio más tarde pude comprarla en 9 mil pesos en una venta nocturna y con descuentos de empleada. Después empecé a vender las imágenes en formato postal en Bajo Puente. Entonces empezó el experimento: puedo hacer esto mismo en otras ciudades e ir generando dinero y poder moverme”.

De regreso, el avión aterrizó de emergencia en Guatemala. La aerolínea hospedó a los pasajeros en un hotel y en lo que se solucionaba la situación ella se escapó para visitar la ciudad.

En 2018 la brújula de Gabybunda apuntó a Perú. Estuvo 15 días. Lo que más le llamó la atención fueron los paisajes. “Sí, los paisajes me enamoraron. Ahora tomo las fotos, las hago postal, las hago imán o cuadro y voy generando recursos en cada ciudad que visito”.

De ahí se fue Cancún. Ahí estaba su jefa y le dio hospedaje. De pronto en su celular vio una promoción: 2 mil pesos a Cuba, ida y vuelta.

“Me brinqué a Cuba…Estuve con una familia cubana. Allá toda la gente es artista. No hay nadie que no sepa pintar, cantar, bailar… Ese viaje fue de tres meses: Perú, Cancún, Cuba, Tabasco, Quintana Roo y San Cristóbal de las Casas”.

FOCA

Este año saldrá con su papá a recorrer Sinaloa. Ha suspendido los viajes fuera. Asegura que no puedo irse porque tiene una misión: la consolidación de un colectivo de fotógrafos culichis que han llamado Foca (Foto Callejera).

Lee más: Nace el colectivo Foca | Fotografiar al Culiacán de todos los días

Nuestra idea es resaltar el talento de Culiacán. Cuando he hecho viajes internacionales y he dicho de dónde soy me han estigmatizado. Por ser sinaloense me ponen una etiqueta: soy narco. Mi misión es mostrar que Culiacán tiene talento. Mi misión es trabajar Culiacán lo más que pueda. Llenarme de historia, conocer cada casa del centro, los relatos de las personas”.

Gabriela Cervantes es Gabybunda. El apodo es una composición de se nombre con las últimas cinco letras de vagabunda. Estudia en la Escuela de Artes Plásticas de la UAS la licenciatura en Producción de Fotografía y Video.

Allá va Gabybunda. Aquí regresa Gabybunda. Acá la vieron tomando fotos, caminando un pueblo. Mochila a la espalda, en el ritual de los viajeros.

La cámara al hombro, colgada al cuello, sujeta al puño, en el quehacer de los fotógrafos. Jornada y destino al frente.

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