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Clases presenciales por decreto, no; regreso a las aulas seguro, gradual y controlado, sí

La postura gubernamental que “a como sea” propone el regreso a las aulas está fuera de la lógica ciudadana que primero exige certeza de que la pandemia está controlada.

El regreso a clases presenciales no puede ni debe ser por decreto o por órdenes de autoridades federales o estatales ya que necesita de acuerdos profundos entre los componentes del sistema educativo, principalmente con padres de familia que son testigos de la nueva ola de contagios en una pandemia de la Covid-19 que infortunadamente ahora afecta a jóvenes y niños, los que estarían expuestos si antes del retorno a las aulas dejan de implementarse las adecuadas medidas sanitarias.

En todo caso se trata de que el gobierno cumpla con aquello que le corresponde hacer para contener la propagación del virus, vacunando a los segmentos poblacionales que no han recibido el suero inmunizante y adoptando acciones que sean más rápidas que la amenaza de nuevas cepas del SARS-CoV-2 y el correspondiente temor que éstas generan en las familias.

Es decir, el orden de los factores, vacunación total ante de volver a los salones de clases, importa mucho en este caso.

El presidente Andrés Manuel López Obrador y el gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz Coppel, están obligados a escuchar a los sectores que sin ser parte de la administración pública tienen la visión y el derecho para decidir sobre la salud de alumnos y maestros, más allá de decisiones políticas que quieren presentarlo todo como normal cuando la realidad procede a advertir de las consecuencias a pagar por nuevas actitudes negligentes. Todos ansían y necesitan retomar las clases presenciales, pero todos también desean que ello ocurra en las mejores condiciones de prevención y atención sanitarias.

Por ejemplo, la organización no gubernamental Mexicanos Primero Sinaloa, la cual se ha enfocado al seguimiento puntual de la afectación del coronavirus en los procesos de enseñanza y aprendizaje, recomienda el regreso a la escuela presencial con gradualidad y de manera controlada, siguiendo los protocolos de seguridad en materia de salud y dándole atención especial a los alumnos que más lo necesitan.

La crisis sanitaria prolongada durante año y medio ha sido dura por el número de contagios y decesos y también implacable en las secuelas que deja en todos los sectores, siendo la educación una de las áreas más afectadas. La postura gubernamental que “a como sea” propone el regreso a las aulas está fuera de la lógica ciudadana que primero exige certeza de que la pandemia está controlada y luego aceptaría la presencialidad en el ciclo lectivo que iniciará a finales de agosto. Y lo correcto sería que las autoridades federales y estatales generen la confianza que se necesita y enseguida las escuelas normalicen sus actividades, calculando cada paso de tal presencialidad.

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